Para que China revalúe, déjenle hacer política industrial

Dani Rodrik Para LA NACION
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13 de diciembre de 2009  

CAMBRIDGE.- La subvaluada moneda y el enorme superávit comercial de China plantean riesgos para la economía mundial. Amenazan con provocar una reacción proteccionista en EE.UU. y Europa, y socavan la recuperación de los mercados en desarrollo. Si no se les pone límite, generarán conflictos entre China y otros países. La solución no es simple, como dan a entender algunos expertos.

Si se presta atención a lo que se dice en Washington o Bruselas, o si se leen los medios financieros, cualquiera pensaría que está presenciando una obra teatral que ensalza la moral y las virtudes. Estos funcionarios y comentadores dicen que por el bien de China el renmimbi debe valorizarse. Después de todo, la economía china ya no puede basarse en la demanda exterior para sostener su crecimiento, y los consumidores chinos, que en promedio son aún bastante pobres, merecen un respiro y deberían ser alentados a gastar.

Esta historia presenta a los políticos chinos en el rol de perversos que eligieron perjudicar no sólo al resto del mundo, sino también a su sociedad. Un renmimbi en alza descerrajaría un serio golpe al crecimiento chino, que se basa en una receta simple y probada por el tiempo: estimular la industrialización. La subvaluación de la moneda es la principal herramienta que tiene el gobierno chino para subsidiar las manufacturas y otros sectores transables y promover el crecimiento por medio del cambio estructural.

Antes de integrarse a la Organización Mundial del Comercio en 2001, China disponía de un espectro de instrumentos para lograr ese objetivo. Podía promover sus industrias por medio de aranceles altos, subsidios explícitos, requerimientos locales de producción, impuestos a las empresas extranjeras, incentivos a la inversión y otras formas de políticas industriales. Pero la integración a la OMC ha dificultado que se recurriera a esas formas de apoyo a la industria. Los aranceles chinos disminuyeron a fines de la década de 1990 y también se desactivaron otros incentivos. La subvaluación de la moneda se ha convertido en un sustituto.

Y no sólo China se beneficia con una moneda competitiva. Existe una relación positiva en todos los países en desarrollo entre la subvaluación de la moneda y el crecimiento. Pero esa relación es mucho más fuerte en China porque la brecha de productividad entre las partes rurales tradicionales de la economía y los modernos sectores industriales es tan enorme.

El problema de la subvaluación de la moneda es que, a diferencia de las políticas industriales convencionales, afecta el balance comercial. Actúa como un subsidio para la producción de bienes transables (algo deseable) y como un impuesto al consumo interno (algo secundario e indeseable). El desequilibrio de la balanza de pagos empezó su inexorable intensificación en 2001, precisamente en el momento en que el país se unió a la OMC. Dado que las reglas de la OMC atan las manos a China en su política industrial, ¿cuánto castigo sufriría China si el renmimbi se valorizara? Una valorización del 25% -más o menos el porcentaje en el que el renmimbi está subvaluado- reduciría el crecimiento de China en un poco más del 2%. Ese es un efecto significativo, aun con los estándares de superlativo desempeño de China en el ámbito del crecimiento.

Más importante, una reducción del crecimiento llevaría a China por debajo del umbral del 8%, que sus líderes consideran necesario para evitar las luchas sociales. Nadie sabe de dónde procede la cifra del 8%, y muchos expertos creen que la sociedad y el sistema de gobierno chinos son capaces de afrontar un nivel de crecimiento más bajo. Pero sería una tragedia que la máquina de reducción de la pobreza más potente que ha conocido el mundo llegara a aflojar su marcha.

Otros países que confiaron en las exportaciones para crecer -Alemania, Japón y Corea del Sur- tuvieron que permitir que sus monedas se valorizaran. Pero China es un país pobre, que tiene un nivel de ingresos de una décima parte del de EE.UU. Tiene una enorme reserva de superávit de mano de obra en zonas rurales. Además, China debe convivir con restricciones impuestas a sus políticas industriales que ningún otro país tuvo que cumplir en la época anterior a la OMC.

China puede mantener sus hábitos monetarios, pero corriendo el riesgo de desequilibrios globales y de una intensa reacción de EE.UU. y otros países. O puede permitir que su moneda se valorice, con el riesgo de provocar una reducción del crecimiento y agitación social. No parece que los partidarios de esta opción entiendan la gravedad de las consecuencias.

Hay una tercera opción, pero requeriría la revisión de reglas de la OMC. Si a China se le diera rienda suelta con respecto a políticas industriales, podría promover las manufacturas y permitiría la valorización del renmimbi. La creciente demanda de su producción industrial provendría de los consumidores internos, y no del extranjero.

-2%

crecimiento del PBI

Son los puntos porcentuales de expansión económica que China resignaría si dejase apreciar su moneda un 25 por ciento.

© Project Syndicate 1995-2009

El autor es profesor de Política Económica de la Universidad de Harvard.

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