Para Rogoff, la prioridad debe ser "realzar la productividad"

Dice que el país debe tener un superávit fiscal permanente
Hugo Alconada Mon
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31 de mayo de 2003  

El economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kenneth Rogoff, prepara sus valijas. En septiembre regresará a la Universidad de Harvard. Desde mañana estará en la Argentina para participar en un seminario sobre metas de inflación organizado por el Banco Central y brindar dos conferencias en las universidades de Buenos Aires y Di Tella.

-¿Cree que introducir controles más rígidos de capitales es una buena idea?

-¿Hablamos de los ingresos o de los egresos de capitales? ¿De los temporarios o de los permanentes? ¿Serían controles "amigables" para el mercado, entendiendo por eso impuestos con alícuotas bajas, o restricciones cuantitativas rigurosas? ¿Se aplicarían en forma justa o llevarían a una corrupción generalizada? Muchos países de América latina aplicaron fuertes controles en los años 80, pero no impidieron que el capital volara.

La respuesta corta es que los controles pesados no han funcionado muy bien en ninguna parte. Por otro lado, hay un vívido debate sobre si los controles temporarios y "amigables" -particularmente en los ingresos, como en Chile- pueden aportar algo positivo. Pero al contrario de lo que los polemistas digan, las investigaciones de las mejores universidades y, sí, del FMI pintan desde hace rato un panorama ecléctico y con matices sobre los beneficios de la globalización financiera. Un último comentario: hay menos declive en los flujos de capitales cuando un país tiene un tipo de cambio flexible y se apoya en otros instrumentos para anclar los precios. Por ejemplo, un Banco Central genuinamente independiente con objetivos por cumplir por otros medios, digamos, metas de inflación a largo plazo.

-¿Los capitales pueden ir hacia la Argentina y Brasil, dados sus mejores tipos de cambio?

-La pregunta clave es qué deben hacer los países emergentes -por los siguientes 5 o 10 años- para atraer inversiones en plantas y equipos. Inversión extranjera directa (física o en acciones) es la que, por lo general, aporta la muy requerida tecnología, sin incurrir en los riesgos que acarrean los flujos de deuda (como, por ejemplo, bonos y créditos bancarios). Algo que los gobiernos sí pueden hacer es generar superávit fiscal en los "tiempos buenos", de modo de generar capacidad para prestar y soportar déficit fiscal en los tiempos menos buenos. Este consejo, de paso, también sirve con igual fuerza para los países ricos.

-¿Qué debe hacer el Gobierno para apuntalar el crecimiento?

-La Argentina ha sufrido una depresión histórica muy severa. Es importante estar abierto, por tanto, a ideas frescas sobre cómo hacer para que la economía crezca otra vez. Mirando hacia el pasado inmediato y pensando en los próximos 5 o 10 años, mi lista de prioridades la encabeza el encontrar formas de realzar la productividad e incrementar la apertura comercial.

El peso abrumador de la evidencia internacional muestra que la apertura responsable al comercio se correlaciona con niveles más altos de crecimiento. Por supuesto que algunas medidas de estabilidad macroeconómicas son precondición para un crecimiento a largo plazo. En estos momentos es importante apuntar no sólo al crecimiento durante el próximo año, sino al crecimiento durante los próximos veinte.

-¿Cree que el nuevo gobierno podrá resolver los conflictos pendientes?

-Los cambios en el liderazgo político siempre implican un desafío, pero también representan una oportunidad para nuevos pensamientos y nueva energía para afrontar los problemas del país.

-¿Llegó el momento de reestructurar la deuda soberana?

-Prefiero no responder esa pregunta. Pero mirando mucho más adelante es importante que la Argentina eventualmente logre y mantenga ratios de deuda externa total y pública lo suficientemente bajos como para que puedan ser sostenidos con supuestos realistas de crecimiento económico y de balance fiscal que tengan en cuenta los tipos de shock doméstico y global que afectan a su economía.

-¿Cuál es su conclusión sobre la interacción entre el FMI y los países más endeudados?

-A un cierto nivel siempre hay fricciones, dado que la mayoría de los países no convoca a escena al FMI hasta que experimentan severas dificultades presupuestarias y deben encarar opciones difíciles.

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