Para un empresario, no es igual trabajar que estar ocupado

Juan Carlos de Pablo
El dilema para los negocios es, según Tullock, mejorar sus procesos o influir en las políticas
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22 de febrero de 2015  

Un empresario trabaja cuando se preocupa por averiguar qué necesitan y desean sus potenciales clientes y cuál es la mejor tecnología e instalaciones con las cuales se pueden fabricar los productos que piensa ofrecer, y están ocupados cuando no pierden palabra pronunciada por algún miembro del equipo económico, o participa en actividades inútiles para él, destinadas a quedar bien delante de las autoridades. ¿Qué implicancias tiene esto sobre los resultados económicos?

Al respecto entrevisté al norteamericano Gordon Tullock (1922-2014), quien, junto con James Mc Gill Buchanan, es considerado el fundador de la moderna escuela de la elección pública. En 1962 ambos publicaron El cálculo del consentimiento: fundamentos lógicos del constitucionalismo democrático, y simultáneamente fundaron la Sociedad de la Elección Pública. Murió soltero como -dentro de la profesión- Carlos Federico Díaz Alejandro, Francis Ysidro Edgeworth, Arthur Cecil Pigou, Adam Smith y Piero Sraffa.

-¿Cuál fue la clave, y la repercusión, de Cálculo...?

-La clave del enfoque es que la persona, en el cuarto oscuro y en el supermercado, es la misma persona. Pusimos en tela de juicio la idealización de la actividad política y la simultánea condena de la actividad económica, planteando que el ser humano no pasa de malo a bueno cuando deja su empresa y se hace cargo de un ministerio. Terminó siendo uno de los trabajos más influyentes del análisis económico moderno, aunque inicialmente a los cientistas políticos no les gustó y a los economistas simplemente no les interesó.

-También se ocupó de la búsqueda de rentas.

-Así es. Descubrí la idea, pero el término fue acuñado por Anne Osborn Krueger. Jack Hirschleifer también se ocupó del tema. Aplicando su planteo inicial, la teoría de la búsqueda de rentas dice que los empresarios dedican sus energías a trabajar, o a estar ocupados, según la rentabilidad esperada de cada una de las alternativas. Cuando el contexto es competitivo y se aplican políticas públicas generales, trabajan porque les conviene; cuando no lo es o pueden torcer la política económica en su favor, están tan ocupados que no les queda tiempo para trabajar. Su compatriota Adrián Claudio Guissarri lo explicó muy bien en una monografía publicada en 1988.

-¿Por qué es importante la distinción?

-Por los resultados. El empresario que no tiene más remedio que competir tiene que quedar bien con el demandante, mientras que el empresario que logra torcer en su favor la política económica vía protección, subsidio o algún otro favor, tiene que quedar bien con el funcionario, y el demandante que se jorobe. No hay que ser muy despierto para concluir que, en términos de cantidad, calidad y precio de los bienes producidos, las dos situaciones son bien diferentes.

-A los empresarios no parece disgustarles estar ocupados, en vez de trabajar.

-Lo que los medios de comunicación y las estadísticas califican como empresarios constituyen un grupo muy heterogéneo, y aquellos que son noticia generalmente no son los más útiles para la sociedad. Pero tanto en el caso de los empresarios como en el resto de los seres humanos, y más allá de las declaraciones, a nadie le gusta competir. La realidad se entiende mejor cuando se piensa que los competidores son monopolistas frustrados.

-En otro orden de cosas, con Richard B. Mc Kenzie escribió un artículo de dos páginas, titulado La manera más eficiente de morir.

-El texto genera sonrisas, pero además contiene una idea muy importante. Quien fallece en un accidente automovilístico muere con el hígado sano, por consiguiente, tomó poco whisky. La eficiencia sugiere morir con todos los órganos inservibles, excepto que se los haya donado. Implicancia importante: particularmente después de cierta edad, el médico tiene que concentrarse en la "restricción operativa", como diríamos los economistas. Prohibirle fumar a una persona que tiene 90 años, pulmones sanos y padece cáncer de próstata es una barbaridad.

-Don Gordon, muchas gracias.

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