Paritarias sin gatillo, con la macro en veremos

Juan Carlos de Pablo
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16 de enero de 2020  

Dentro de poco tiempo, representantes de los asalariados y de los empleadores se reunirán para encarar negociaciones paritarias, como se conoce a la retribución por los servicios laborales y las condiciones en que estos se prestan. En un país tan inflacionario y tan incierto como el nuestro, el aumento salarial es mucho más importante que la modernización del resto de las condiciones laborales.

Los representantes de los asalariados tratarán de conseguir el mayor aumento salarial posible, los representantes de los empleadores intentarán que dicha suba sea la menor posible. Más importante todavía, los sindicalistas negociarán pensando si sus representados podrán comprar más carne, pantalones y libros que en el período anterior; mientras que los empresarios negociarán pensando si tendrán que vender más o menos pizza, zapatos o masajes para cubrir los costos laborales.

El problema es que la negociación se referirá a aumentos nominales, y por consiguiente la relación que existe entre los aumentos en pesos y la cantidad de bienes que se podrán comprar, o habrá que vender, dependerá de la tasa de inflación que se verifique durante el período cubierto por la negociación salarial.

Hay pronósticos referidos a la tasa de inflación en el presupuesto nacional y también en la encuesta que el Banco Central realiza entre economistas privados, los cuales invariablemente los formulan ¡con decimales! y solo sirven para que los periodistas memoriosos se luzcan comparando los pronósticos con la realidad.

El Gobierno no quiere la cláusula gatillo, como se denomina al mecanismo automático de actualización de lo dispuesto en una negociación salarial cuando la diferencia entre lo pautado y la tasa de inflación verificada supera determinado nivel. Lo cual es entendible, pero no se puede quedar ahí.

La negociación paritaria es un buen pretexto para que el Poder Ejecutivo "junte los pedacitos" que constituyen la política económica, encarada entre varios ministros y altamente discrecional. ¿Cuál es la tasa de inflación resultante? Si las autoridades no pueden responder esta pregunta, ni de manera aproximada, tendrán que bancarse una negociación complicada o, peor aun, que las partes pidan que los aumentos sean dispuestos por decreto.

Pensé que la negociación con los tenedores de títulos iba a demandar una explicitación de la política económica, pero dicen los que saben que no es necesaria. En el caso salarial es imprescindible.

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