Pérdidas en el Banco Provincia

El balance del año último reconocerá una disminución de alrededor del 21% en su patrimonio neto por una inadecuada administración de la cartera crediticia; el blanqueo fue decidido por el directorio de la entidad, que incluye a opositores.
Javier Blanco
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28 de marzo de 2000  

El Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro) admitirá en los próximos días una disminución cercana al 21% en su patrimonio neto (se reducirá de 1300 a 1000 millones), causada por una inadecuada administración de créditos.

El acto de sinceramiento se hará público cuando la entidad apruebe su balance 1999. Por primera vez en muchos años, para la confección de los números de ese ejercicio el Bapro respetará cabalmente la normativa del Banco Central (BCRA) para la calificación y previsionamiento de su cartera de más de 8600 millones en créditos. Esto equivaldrá a que reconozca pérdidas por unos 300 millones de pesos, una cifra importante, pero que no pone en riesgo el futuro de la entidad.

La decisión de transparentar la situación real del Bapro fue aprobada la semana última por su directorio, encabezado por el ex secretario de Hacienda Ricardo Gutiérrez. En la mesa de conducción del banco, desde hace cuatro meses (tras una modificación en su carta orgánica) tiene representación la oposición política bonaerense. Se trata de dos directores de la Alianza que avalaron esta decisión. "Lo que se resolvió unánimemente es terminar con los subterfugios contables. La idea es que el balance del banco exprese fielmente su situación", explicó a La Nación una fuente del mercado.

La expresión concreta de esa definición política, que busca marcar diferencias con la gestión que por varios años llevó adelante el actual diputado nacional Rodolfo Frigeri, será el nuevo balance de la entidad, el cual esta vez será auditado sin observaciones por Harteneck López y Asociados. Los analistas de esta firma ya plantearon en el ejercicio 98 algunas objeciones a la metodología escogida por el Bapro para la confección de su estado de cuentas. También la calificadora Moody´s había puesto reparos a un manejo que se consideró desprolijo. En julio del 99 le bajó la nota al banco de D+ a D y la colocó en perspectiva negativa, entre otras cosas, por los retrasos en la publicación de sus balances.

El punto central que marcaba diferencias entre la gestión Frigeri y la conducción del BCRA (e incomodó a los auditores) está relacionado con los beneficios que el Bapro obtenía por la adhesión de Buenos Aires al Pacto de San José de Flores. Ese acuerdo, que data de 1859, estipula -entre otras cosas- que los organismos provinciales sólo podrán estar alcanzados por las leyes de ese distrito.

Este atajo legal fue utilizado en repetidas ocasiones por la entidad (especialmente cuando los números no daban) para justificar la puesta en práctica de criterios especiales de previsionamiento de sus préstamos. El argumento al que recurrían señalaba que el Bapro no podía sujetarse a las reglas vigente para el resto de las entidades dada la atomización de su cartera, el impacto que sobre ella causa la recesión y las contradicciones que esta realidad a menudo marca con el mandato de fomentar la actividad productiva en la provincia fijado en su carta orgánica. Y la justificación jurídica es que como el Bapro fue fundado en 1822 (antes de la sanción de la Constitución nacional y, más aun, de la creación del BCRA) debía respetar los mandatos preexistentes.

Pero la motivación central de todo era política: el Bapro había sido posicionado ante el público como un exitoso modelo empresarial que podía llevarse a cabo desde el Estado (con Frigeri el banco sepultó el peligro de quiebra y en diez años se constituyó en propietario de un holding de más de 30 compañías). Como tal, era la expresión acabada del prototipo de gestión económica que impulsaba el duhaldismo en contraposición al programa de enajenación que ejecutaba el menemismo.

Puesto en ese lugar, el Bapro no podía mostrar debilidades, razón por la cual durante tres años "se maquillaron quebrantos", confió un allegado a esa gestión. Claro que las apariencias se salvaron no sólo "dibujando números, sino aprovechando los buenos resultados de algunas compañías del grupo", reconocen hasta los más acérrimos opositores a Frigeri.

Cómo sigue la historia

La confesión del pasado pecaminoso sólo tendrá consecuencias políticas. Pero lo más importante de esta historia es que el acto de sinceramiento no implicará consecuencias negativas para los clientes del Bapro ni para su papel de principal financista de la economía bonaerense.

Tras haber recortado en un 10% su presupuesto operativo, el banco tiene previsto incrementar este año en un 15% sus desembolsos de crédito: está dispuesto a girar al mercado 872 millones netos para atender la creciente demanda que se espera del sector privado en concordancia con la reactivación de la economía que se aguarda.

El compromiso está atado al presupuesto de que el Bapro logrará incrementar en un 8% su tenencia de depósitos durante el año 2000, un objetivo que parece accesible si se tiene en cuenta que en los dos primeros meses del año la entidad captó nuevas colocaciones por encima del ritmo promedio del mercado, y que el mes próximo estará lanzando una promoción con incentivos para atraer más ahorristas.

Las únicas dudas se abren respecto del estrecho margen con que el banco contará ahora para cumplir con las normas de capital que impone el BCRA. Concretamente, se cree que la nueva conducción deberá agudizar el ingenio para incrementarlo en los próximos meses, lo que podría acelerar las decisiones respecto del futuro de algunas de las empresas del Grupo Bapro.

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