Pichetto les reprochó a empresarios el respaldo inicial a Lavagna

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
Pichetto y Sica, durante el encuentro con los industriales
Pichetto y Sica, durante el encuentro con los industriales Crédito: Fernando Massobrio
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23 de octubre de 2019  • 18:15

Si se confirman el domingo los resultados de las primarias, habrá sido el del lunes pasado, tal vez, el último gran desencuentro entre el Gobierno y los empresarios. Ya no estuvo Macri, pero sí su compañero de fórmula, Miguel Pichetto: en la Unión Industrial Argentina (UIA), durante la última reunión de la serie que la central fabril organizó con candidatos, el senador empezó la conversación enrostrándoles a los anfitriones la afinidad que han logrado últimamente con Alberto Fernández.

Un reproche sutil y respetuoso, pero evidente: acompañado por el ministro de Producción, Dante Sica, les dijo que se llevaba bien con todos y que no pretendía que pensaran como él, pero que un eventual regreso del kirchnerismo dejaría a la Argentina en la misma ruta de Venezuela. Miguel Acevedo, presidente de la UIA, entendió el mensaje y contestó lo que viene repitiendo desde el 11 de agosto: la institución no apoya líderes partidarios, sino políticas.

Las diferencias se ahondaron en los últimos días. Por lo pronto, en la evaluación acerca del futuro inmediato: Pichetto está convencido de que habrá ballottage y la mayoría de los industriales cree que no. Entre ambas partes queda sólo una coincidencia que el bullicio de la campaña hizo olvidar: él y los empresarios juzgan negativo un regreso de Cristina Kirchner al poder.

Por eso metió el dedo en la llaga con una recriminación sobre lo que ya resulta irreversible: les recordó el momento en que, disgustados con Macri y con la recesión, empezaron a respaldar a Roberto Lavagna como alternativa en lugar de a otro peronista que pudiera recabar más adhesiones. El cuestionamiento era para todos, pero Pichetto se esmeró en aclarar que lo dirigía en especial a los presentes cuyas compañías formaban también parte de la Asociación Empresaria Argentina.

Fue, de todos modos, una conversación franca. Acevedo, que habló primero y después de una extensa exposición de los invitados, volvió a explicar dos hechos recientes de los que fue protagonista y que molestaron al Gobierno: aquel viaje a Tucumán en el que compartió escenario con los referentes del Frente de Todos y donde, dijo, quedó entrampado en una foto que no había buscado, y el posterior desencuentro en Córdoba con Macri, que atribuyó a la demora en el arribo del Presidente al acto y a que él tenía pasaje de regreso y entradas para ver con el hijo en Buenos Aires la primera semifinal de la Copa Libertadores.

Después aparecieron los reclamos. Los industriales insistieron en lo que plantean desde los tiempos de Sturzenegger: es imposible aplicar cualquier política industrial a estos niveles de tasa de interés. José Urtubey recordó al respecto las discusiones que en ese mismo lugar habían tenido con el entonces presidente del Banco Central, ante quien se quejaban por la falta de créditos promocionales. "Nos trató de llorones", dijo.

Luis Betnaza, quien rescató el rumbo y las intenciones de la administración de Macri, afirmó que también se habían cometido errores y que el plan que les presentaba la UIA a los candidatos pretendía ahora subsanar parte de ellos.

Los invitados del oficialismo escucharon. Sica anticipó que, en el caso de ser reelecto, el Presidente encabezaría, esta vez sí, un programa destinado al desarrollo industrial. Y Pichetto sorprendió con una autocrítica institucional que lo excluye desde el aspecto individual: les dijo que había sido una equivocación la propuesta de pagarles a los jubilados la reparación histórica, una medida que juzga excesiva para la capacidad de pago del Estado y que atribuyó a Mario Quintana. "También hay ministros que tuvieron panic attack y que no explicaron las decisiones", dijo en otro momento.

Es cierto que la industria no crece desde 2011 y que a cada sector le caben problemas distintos. Alberto Sellaro, de la Cámara del Calzado, habló de los pares de zapatos que estaban entrando en importaciones, y Jorge Sorabilla y Manfredo Arheit, de las penurias de textiles y metalmecánicos. Eduardo Nougués, de Ledesma, se quejó de que estuvieran contenidos los precios de los combustibles, una medida que complica a los productores de bioetanol, insumo que representa el 12% de cada litro según un régimen que vence en 2021 y que podría extenderse a 2024 si el Gobierno lo decide.

"Pero ustedes se tienen que poner de acuerdo -le contestó Sica-. Hay algunos que no quieren la prórroga y lo dijeron en una solicitada". Nougués replicó que solo habían sido declaraciones de distintos protagonistas, no un texto publicado, y que, aun así, la mayor parte de las empresas pretendía la prórroga de las condiciones.

Sólo Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto, elogió al Gobierno. Celebró "el esfuerzo que hizo con todas las dificultades hasta las PASO" y valoró medidas que, dijo, le habían servido al sector automotor. Fue el único respaldo, con el de Daniel Funes de Rioja, que objetó, sin embargo, el control de precios de los alimentos y se fue temprano.

Muy poco para una relación de convivencia que llegó a tener intereses y esperanzas comunes, y que ahora, según lo dispongan las urnas, quedará en el olvido o habrá que recomponer.

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