Prevaleció la lógica del capital financiero

Por Osvaldo Cornide Para LA NACION
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15 de diciembre de 2001  

Una vez más, las decisiones que adoptó el Gobierno para sostener el modelo e intentar paliar la crisis -como ya ocurrió con el déficit cero- terminan profundizando la depresión y el desempleo y retroalimentando la insustentabilidad social y económica de la política en curso. Lo único que se logra con estas nuevas medidas es prolongar la agonía, ya que al mantenerse intacto el núcleo duro del modelo simplemente se está postergando un desenlace anunciado.

Lo cierto es que el Gobierno optó por intentar sostener transitoriamente a los bancos a costa de acentuar la depresión económica, la regresividad distributiva y la desocupación. Una vez más los consumidores, los trabajadores y las pequeñas y medianas empresas pasan a ser la principal variable de ajuste para sostener el sistema. Pero lo que es más grave es que nada garantiza que este tremendo costo social y productivo que se paga ahora sirva de base a una salida de la crisis.

Es cada vez más evidente que para reconstruir la Argentina es necesario modificar las reglas de juego vigentes en la última década, reglas que privilegiaron permanentemente la lógica del capital financiero y discriminaron en contra del capital productivo y del trabajo nacional. El nuevo paquete de medidas, lamentablemente, insiste en la misma lógica. La realidad está demostrando cabalmente que es imposible tener un sistema bancario sólido cuando la economía real se encuentra paralizada, rota la cadena de pagos y fuera del circuito de la producción y la distribución de riqueza más de la tercera parte de la población.

La realidad también está demostrando la falacia de los planteos de la ortodoxia. Como se recordará, para garantizar los buenos negocios financieros sostuvieron a lo largo de la década que la concentración y extranjerización del sistema bancario argentino contribuiría a crear un sistema financiero sólido, capaz de aguantar en mejores condiciones las crisis. Lo cierto es que a la hora de la verdad los dólares que debían traer las casas matrices no aparecieron. Peor aún: este sistema financiero extranjerizado ha sido una de las principales vías de fuga de divisas que viene sufriendo la economía argentina. En efecto, en lo que va del año las reservas internacionales cayeron en más de 13.000 millones de dólares, en gran parte empujadas por las crecientes transferencias de recursos originadas tanto en los bancos extranjeros como en las empresas privatizadas. Oportunamente, el Gobierno no hizo nada para evitar esa fuga y ahora reacciona tomando como rehenes a los pequeños ahorristas, empresarios y trabajadores.

Y nada garantiza que este drenaje de riqueza al exterior se obture a partir de las nuevas medidas. Se ha impuesto en los hechos un control de cambios parcial que afectará esencialmente al pequeño ahorrista, al tiempo que deja abiertas las puertas para que los grandes operadores continúen transfiriendo recursos al exterior. No hay en los hechos limitación alguna para el envío de utilidades o la remesa de intereses ya sea que surjan de créditos genuinos o de autopréstamos. Por otra parte, según lo que enseñan las experiencias anteriores, es esperable que por la vía de la sobrefacturación de exportaciones e importaciones también se efectivicen transferencias de divisas.

De la convertibilidad sólo queda la ficción del 1x1, ya que es falso que la gran mayoría de los argentinos tenga libre disponibilidad para transformar sus pesos en dólares. Hoy las reservas sólo alcanzan a cubrir el 16% de los depósitos. Con las nuevas medidas ya ni siquiera disponen de sus propios dineros, sean éstos fruto del ahorro o del trabajo, y han pasado a ser cautivos del sistema.

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