Protesta de los importadores

Dicen que la tardanza en los trámites desalienta los negocios
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25 de agosto de 2001  

Las críticas al Instituto Nacional de Alimentos (INAL) y al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) se multiplican entre los importadores, a raíz de las limitaciones en el ingreso de mercadería dispuestas por esos organismos en los últimos meses. No reconocen mayor severidad en la política de control, pero sí admiten que la burocracia termina desalentando los negocios y que, en definitiva, constituye una barrera.

Ninguno quiso identificarse para evitar represalias, pero sus quejas apuntan a la retención de las cargas en el puerto hasta que se reúne una larga serie de certificados, a las demoras en las inspecciones (que en algunos casos superan los treinta días) y a la duplicidad de trámites.

"Las complicaciones son mayores en el caso de los productos perecederos, porque cualquier retraso en la tramitación restringe sus posibilidades de consumo", lamenta una importadora de lácteos europeos. Más allá de la molestia que genera el papeleo, lo que más preocupa son los sobrecostos.

"Por alquiler de contenedores, refrigeración, estada en puerto y restricción de los precios finales por la cercanía de la fecha de vencimiento se puede llegar a perder entre 5000 y 6000 pesos", agregó la empresaria, que además reconoció que los productos del Mercosur "tienen más fácil tramitación", lo que trasluce "una política benéfica para la región".

Otro importador critica "la restricción indiscriminada" y opina que deberían protegerse los sectores que más padecen la competencia externa.

En el estudio de abogados Gordó Llobel, especializado en gestiones de importación, reconocen que las autoridades no definen qué productos le corresponde fiscalizar a cada organismo, lo que obliga a una duplicidad de registros y de imposición tributaria.

"Sin duda, los controles dan mayores garantías a los consumidores, pero la gestión de los importadores se complica hasta tornarse tediosa", evaluaron.

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