Proyectos con impacto social que escalan y ganan mercados

Las iniciativas recurren a las alianzas, la especialización y las franquicias para crecer; las principales trabas están en el acceso al capital y las tecnologías
Silvia Stang
(0)
21 de septiembre de 2015  

Criada en el campo y periodista de profesión, Angie Ferrazzini encontró años atrás, en unos emprendedores rurales a los que visitó para su tarea laboral, la fuente de inspiración para un proyecto al que hoy trata de expandir con un sistema de franquicias sociales. Ese es el modelo con el que, desde este año, se propone apuntalar el crecimiento de los mercados de pequeños productores Sabe la Tierra, para incrementar tanto el número de quienes ofrecen sus bienes como el de los consumidores. La franquicia es una de las modalidades que se adoptan desde proyectos económicos con efectos sociales y ambientales, para intentar escalar y multiplicar su impacto.

Tejer alianzas, acercarse al sector público, innovar, delegar tareas para concentrarse en el objetivo principal y educar sobre sustentabilidad son algunas de las claves para ese objetivo. Entre las barreras por superar, que no son pocas, suelen estar las dificultades para acceder al financiamiento y a la tecnología adecuada.

El primer mercado de lo que hoy es Sabe la Tierra fue abierto en 2009 en el jardín de la casa de la emprendedora, con 16 productores. Se creó entonces una red de consumidores barriales, hasta que nació el conjunto de puestos en San Fernando. En ese entonces, los productores eran 30. Hoy son 200 y sus bienes están a la venta en tres mercados propios (los de Vicente López y Belgrano se sumaron al de San Fernando) y el de Pilar, franquiciado. Con productos que van desde chorizos veganos hasta detergentes biodegradables, la diversidad y la novedad han sido una clave para la expansión. "El primer y gran paso es lograr el apoyo municipal", cuenta Ferrazzini y agrega que en 2016 habrá tres aperturas. "Nos proponemos inspirar para el cambio en la forma de comprar y consumir: elegir productos sustentables, naturales de pequeños productores. Y nos sorprende la cantidad de emprendimientos que se pusieron en marcha a partir de Sabe la Tierra", relata.

El llamado "impacto indirecto" es una de las formas de hacer escalar el efecto social. "Más allá del propio emprendimiento, es importante pensar en cómo abro mi idea o innovación para que otros la repliquen, ya sea en sociedad con mi organización, como parte de una red o movimiento, o desde una política pública", dice Nadine Freeman, co-coordinadora del encuentro Globalizer organizado por Ashoka, que del 25 al 27 de este mes se hará en Buenos Aires, para compartir casos entre emprendedores y analizar, con líderes de negocios globales, las posibilidades de crecimiento. Freeman cita como barreras la falta de acceso a información y tecnologías, y las trabas para incidir en políticas.

La ausencia de adecuadas estrategias de Estado para sectores vulnerables es un factor (negativo, claro) que hizo escalar proyectos con ánimos de colaborar. "El 50% de la población en América latina está fuera del mercado y el Estado no puede o no quiere resolver el problema de acceso a la salud", dice Jorge Gronda, el ginecólogo que hace 25 años puso en marcha, en el norte argentino, un proyecto para dar cobertura a personas en situación de pobreza. El objetivo primario fue hacer controles preventivos a mujeres de la Puna. Hoy, con el nombre Umana, el emprendimiento se alió a la aceleradora Njambre: "De ser un proyecto sólo para Jujuy, tras la alianza estamos en Salta y próximamente en Tucumán; el siguiente paso será abrazar la Argentina y luego, en 2018, abarcar a toda América latina", cuenta. A cambio de una cuota baja, el sistema llega a unas 100.000 personas y la meta es duplicar esa cifra en 2016.

Cruzar las fronteras del país es una misión ya cumplida por Interrupción, una empresa social nacida en el año 2000, que hoy trabaja con 7000 pequeños productores de frutos orgánicos, la mitad de ellos en la Argentina y el resto en Chile, Perú y Estados Unidos (California). Según cuenta su fundador, Diego Carvajal, con una facturación que hoy llega a US$ 50 millones anuales, en los primeros años la tarea difícil fue conseguir financiamiento. Una clave para el crecimiento, hoy del 100% anual, fue apoyarse en la capacidad de otros para actividades atadas al negocio, como transporte o servicios de aduana (se exporta más del 90% de la producción local). Eso permitió mantener el foco en el vínculo con los productores que, al estar en el marco del comercio justo, reciben un porcentaje de la facturación para aplicar, según la decisión de asambleas, a acciones de sustentabilidad.

premio

Citi Argentina, Avina y Fundación LA NACION convocan a concursar, hasta el 30 de este mes, por los premios al microemprendedor y a las ideas innovadoras en microfinanzas. Informes en www.nexso.org

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.