Puja en Brasil por el nivel de la tasa de interés

Se enfrentan ortodoxos y desarrollistas
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21 de mayo de 2003  

SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- La decisión que tome hoy el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva con la tasa de interés de referencia se convirtió en uno de los eventos con más suspenso de las últimas semanas. Las opciones posibles son dos: o se mantiene en 26,5% al año, una de las más altas del mundo, o es reducida medio punto.

En cualquiera de los dos casos, la decisión que tome el Comité de Política Económica (Copom) del Banco Central con la tasa Selic causará repercusiones considerables.

Es que por detrás de la tasa existe una interna y un debate profundo en el gobierno brasileño. El sector económico ortodoxo del gobierno insiste en que la tasa debe ser mantenida, porque la inflación aún no se desaceleró lo suficiente como para alcanzar la meta comprometida con el Fondo Monetario Internacional, que permite un techo de hasta un 8 por ciento.

La inflación acumulada en el año (según el índice de precios minoristas) ya gira en torno del 6 por ciento.

Una reducción de la tasa

Por otro lado, el sector "desarrollista" de la administración, las organizaciones industriales, los sindicatos y las bases tradicionales del Partido de los Trabajadores -incluyendo a varios de los ministros de Lula- defienden que se empiece a reducir la tasa. Dicen que no se puede continuar estrangulando la economía real y a los trabajadores con una tasa que mantiene fría la producción.

El sector ortodoxo, liderado por el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, y por el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, parece estar venciendo en la puja.

Ayer, en el mercado financiero las apuestas tendían al mantenimiento de la tasa en un 26,5 por ciento anual.

Palabras de Krueger

Anne Krueger, la vicedirectora del FMI, que ayer se reunió con Lula en el Palacio del Planalto, dijo que prefería que la tasa no fuera alterada. Y la Federación Brasileña de Bancos, Febraban, pronosticó también que no habrá modificaciones.

Si bien agradaría al sector financiero, el sostenimiento de la tasa actual puede disparar una ola de insatisfacción con la política económica adoptada por el gobierno del Partido de los Trabajadores.

Y realmente se debe prestar atención a los riesgos que entrañaría para el gobierno de Lula da Silva una pérdida de apoyo político y popular, que constituyó la razón de su elección y la base de su fortaleza.

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