Quedarse sin trabajo, esa tan temida posibilidad

Miguel Cortina
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1 de marzo de 2015  

Desde hace unos años verificamos la tendencia a desarrollar carreras cada vez más cortas en una misma empresa. Resulta extraño encontrar gente en actividad que haya tenido un solo empleador. Este nuevo comportamiento, tanto de empleadores como de empleados, implica mayores índices de rotación producto de renuncias, pero también de despidos.

Cuando la economía se desacelera, o entra en recesión, la probabilidad de que el temido despido se produzca se incrementa y con ello la angustia por la incertidumbre que conlleva.

¿Qué hacer? Lo que podamos haber meditado y hecho preventivamente ayuda enormemente, pero pensar que nunca podría pasarnos es una ilusión equivalente al no uso del cinturón de seguridad en el auto apostando al a mí no me va a pasar.

¿Qué hacer preventivamente, entonces? Entender que todo trabajo es por definición temporario es el primer paso. Lo cual ayuda hasta para superar el bajón anímico que en muchos casos produce la jubilación. Y en segundo lugar hacer una buena lectura de cómo está la empresa en la que trabajo.

Al analizar quiénes somos para la empresa, tratamos de pensar tan objetivamente como podamos en nuestro rol y nuestra contribución.

Cualquier amenaza a nuestro empleo genera la necesidad perentoria de contar con un Plan B. Plan que, de todos modos y sin tanta urgencia, deberíamos tener siempre. Además es importante disponer de una red de contactos pequeña, pero activa.

Si el despido finalmente se produce, igualmente sentiremos el cimbronazo porque siendo seres emocionales sabemos que reaccionaremos más como podamos que como queramos. Igualmente es importante saber qué nos conviene.

También debemos saber que cuando se nos comunica que nos desvinculan, no se nos está consultando, se nos está informando. Por lo tanto no suma tomar decisiones cargadas de emotividad, rogar, insultar o pedir explicaciones para rebatirlas. Debemos tener la calma suficiente para evitar cerrar una negociación que podría resultar desventajosa.

En ese tiempo ganado existirá la posibilidad de buscar asesoramiento o llegar a una mejor negociación, pero sin dejar de pensar en las finanzas personales y en cómo vivir hasta encontrar un nuevo ingreso.

La hora del futuro

Luego vendrá el tiempo de pensar en el futuro. Nuestro expertise seguramente abarca más funciones que las que habíamos estado desempeñando hasta el momento. Debemos pensar nuestra capacidad como un servicio y, por ende, considerar en qué otro tipo de empresas y para qué otro tipo de funciones también estamos preparados y postularnos. Es recomendable tener distintas versiones del CV que, sin mentir, enfaticen diferentes aspectos según el tipo de función a la que nos postulemos. E ir a las entrevistas siendo genuinamente auténticos porque la simulación se nota.

Es una fantasía atribuir al empleo en relación de dependencia mayor seguridad que al trabajo independiente si tenemos la capacidad de administrarlo y comercializarlo, además del know-how técnico. Podemos también analizar esta alternativa.

Si hemos mantenido nuestra red de contactos es importante que éstos sepan que estamos buscando nuevos rumbos. Si nuestros contactos tienen un buen concepto de nosotros, nos recomendarán cuando les sea requerido.

Prevenir, cultivar relaciones, analizar cuando las emociones se calmen y pensar en forma amplia son pilares de este trabajo que consiste en buscar trabajo.

El autor es director de AL Grupo Humano

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