Rato, un "duro" conocido en la Argentina

Negoció con funcionarios locales el apoyo al blindaje, el megacanje y el salvamento para Aerolíneas
Jorge Oviedo
(0)
25 de abril de 2004  

"Lo importante para la Argentina en su relación con el FMI no será tanto que lo conduzca un español, sino la actitud que España tenga respecto del país", dice alguien que conoce los vericuetos de las negociaciones con los organismos multilaterales.

La propia Anne Krueger descree de que sean las relaciones personales las que definen las cosas en las altas esferas del organismo. "Estas cosas no se resuelven por relaciones entre personas ni por opiniones personales, sino por la decisión de los accionistas del FMI", hizo saber no hace mucho a este cronista por intermedio de un vocero. Fue poco antes de que el G7 emitiera, en febrero, un comunicado que cambió el curso de las negociaciones con la Argentina. Los principales accionistas habían hablado.

Otra línea de pensamiento, tal vez más popular y futbolera, lleva a pensar que la presencia de un "amigo" español, como Rodrigo Rato, en el principal puesto del FMI podría facilitar las cosas. Tal vez quienes así piensan no sepan que Rato es un verdadero duro, que alguna vez tuvo fuertes cruces con autoridades argentinas.

En mayo de 2001 los entonces ministros de Economía, Domingo Cavallo, y de Trabajo, Patricia Bullrich, llegaron al despacho del entonces ministro de Economía Rato pidiendo ayuda para dos casos desesperados: el megacanje de deuda, para escapar del default, y un aporte para Aerolíneas para salvarla de la quiebra a la que la condujo la gestión de Iberia, que había optado por desentenderse del fenomenal problema que creó.

España ya había puesto dinero en diciembre anterior para el blindaje y prometió ayuda para el megacanje. Pero para Aerolíneas, la respuesta a Bullrich fue: "Ni un duro más".

Fuentes del encuentro cuentan que Cavallo trataba de componer los ánimos, pero Bullrich bramó: "¡No me voy de acá sin una solución para Aerolíneas!" Rato no se arredró: "Pues mira, te puedes quedar allí en la puerta con esos que tengo allí reclamando", la chicaneó, impasible.

Frente al edificio del ministerio acampaban desde hacía mucho despedidos de una subcontratista de Telefónica, que clamaban por una indemnización y nadie los atendía.

En la conferencia de prensa los rostros de los tres ministros mostraban que el encuentro no había sido un lecho de rosas. En los meses posteriores, la situación cambió y Aerolíneas sigue volando, pero la deuda entró en default.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.