En medio de la pandemia, la incertidumbre manda, y no solo la sanitaria

Luis Cortina
Luis Cortina LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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30 de junio de 2020  • 00:00

Abril marcó el piso (hasta ahora) de una recesión que lleva ya 30 meses. Y no es que antes el crecimiento desbordara, como lo sintetiza el economista Jorge Vasconcelos, del Ieral, en su último informe: "Para evaluar el presente y el probable futuro de la economía argentina es clave no olvidar que transitamos el noveno año de estanflación. Hay problemas por el lado de la demanda (consumo, exportaciones, inversión), pero también por el de la oferta, por el deterioro de los incentivos a invertir y producir".

Alberto Fernández podría entonces argumentar que esta crisis no le pertenece, aunque en parte los orígenes estén en el final de la anterior administración kirchnerista, porque la recesión propiamente dicha empezó con Mauricio Macri y, desde luego, la pandemia y la consecuente cuarentena irrumpieron en el panorama de todo el mundo.

Pero el panorama hacia adelante se perfila bastante duro, y que la recesión y la pobreza se profundicen sí va a depender de lo que haga, o no, la actual gestión. La incertidumbre es la que manda, y no solo en términos sanitarios.

Tras la flexibilización de las restricciones en mayo la actividad económica parecía haber entrado en una fase de reanimación. Los datos de consumo de energía de Cammesa (la administradora mixta del mercado eléctrico) muestran que en la primera semana de la cuarentena la demanda había caído al 62% del nivel prepandemia, mientras que en mayo y en junio ya estaba por encima del 80%. De allí que las proyecciones de caída del PBI para el segundo trimestre se moderan respecto del drástico abril. En el Ieral calculan una caída de 15% interanual. "La caída en términos reales en mayo y en junio fue algo menos dramática respecto del mes anterior. Pero con las nuevas restricciones en julio se va a quebrar esa tendencia en el AMBA, que es el 45% del PBI del país", explica Vasconcelos.

Con la actividad en caída, s e reduce la recaudación tributaria, mientras el gasto público se dispara para atender la emergencia económica y social, como lo evidenciaron los datos de Hacienda de mayo (2,4% ingresos y 96,8% gastos). Y la falta de un acuerdo con los acreedores externos resta margen de maniobra y deja como única alternativa de financiamiento la megaemisión de billetes ($1,7 billones, según algunas proyecciones).

¿Ayudaría que se cierre el canje de deuda? A esta altura, es necesario, pero no suficiente, coinciden los analistas privados.

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