Recuperación de la mano de buenos vecinos

El fuerte comercio intrarregional sostiene y alimenta la marcha económica de los tigres
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26 de agosto de 2000  

BANGKOK.- Si bien las economías del este asiático claramente tienen algunas cosas en común, siempre es divertido discutir acerca de cuáles son esas cosas. Hace unos años, cuando subían al unísono, un campo atribuía su éxito a los gobiernos fuertes y sabios; otro enfatizaba el poder del libre mercado. Cuando comenzaron a caer, empezando por Tailandia, a mediados de 1997, los dos campos cambiaron de bando culpando, respectivamente, a los mercados histéricos o a los gobiernos estúpidos y corruptos. También han sido populares las explicaciones culturales en las alzas y en las bajas. Entre esta variedad de teorías se pasa por alto una explicación menos ingeniosa pero más verificable: las economías del este asiático, de hecho, se encuentran una junto con la otra.

Esta evidente verdad cartográfica parece ser una buena noticia para la región en estos días. Pese a la amplia variedad de respuestas a la caída de los dos años anteriores, una economía después de otra ha dado vuelta a la esquina, comenzando a expandirse nuevamente: desde las saludables Taiwan y Singapur hasta la afligida Indonesia. Han ayudado varios factores, desde los paquetes de estímulo hasta la recuperación de la confianza de los inversores, pasando por los cambios inevitables en la conducta de los consumidores. Pero al afirmarse la recuperación, una de las tragedias del este asiático en 1997 y 1998 ahora es una bendición: la mitad de su comercio se realiza hacia el interior de la región.

Unidos son más fuertes

Este comercio intrarregional se ha vuelto en parte autosostenido, ya que las exportaciones en alza han generado más demanda para las importaciones provenientes de los demás países cercanos. Y es claramente una importante causa y efecto del rápido crecimiento en la región este año. En Corea del Sur, esta semana, el gobierno anunció una marcada desaceleración del crecimiento trimestral; sin embargo, aún espera una expansión de la economía del 8% para todo 2000. Se pronostica que Hong Kong, Taiwan y China crecerán entre un 6 y un 8%. E incluso en el sudeste asiático, economías con dificultades tales como las de Indonesia, Tailandia y Filipinas confían en crecer de 3 a 5% este año.

Hará falta más que un buen año para sacar a Asia de sus problemas. Pero un punto importante en favor es que el comercio intrarregional se ha vuelto más confiable. El este asiático comienza a superar su dependencia de la economía de EE.UU. Los economistas debaten si Alan Greenspan le hizo un bien a la economía americana, esta semana, cuando declinó aumentar los tipos de interés. Pero el favor que le hizo a Asia fue menor de lo que hubiera parecido siquiera hace un año, cuando las exportaciones de productos electrónicos a EE.UU. eran casi el único sostén de las economías asiáticas.

En realidad, la decisión que más afectó la región en esta semana provino no de la Reserva Federal, sino de otra poderosa institución de EE.UU.: Morgan Stanley Capital International, una firma de investigaciones de mercado que publica un reconocido índice global de bolsas. Cuando bajó la valuación de varios mercados asiáticos en su índice, los gerentes de fondos bajaron la prioridad de estos mercados de valores.

Cada vez más los riesgos para la economía asiática provienen de factores distintos del comercio. Los dos más obvios son los bajos niveles de inversión y los altos niveles de endeudamiento estatal en ascenso. Los problemas de la deuda son especialmente graves en Indonesia y Tailandia. Pero Filipinas también retrocede rápidamente, pese a sus bancos relativamente sanos.

En cuanto a la inversión, la perspectiva es también mala en toda la región. Esto significa una grave amenaza para la recuperación de los bancos en muchos países. Si bien han recapitalizado sus balances y están listos para ofrecer crédito, no son suficientes las empresas que solicitan préstamos. El mercado financiero que sí se ha mantenido en alza en la región este año ha sido el de los préstamos de consorcios, disponibles sólo para un puñado de grandes clientes corporativos. Si las empresas pequeñas y medianas no invierten más, caerá la demanda interna y será aún más difícil lograr aumentos esenciales de la productividad.

Son estos factores, y no el comercio, los que han estado preocupando a los inversores de la Bolsa todo el año. En el momento mismo en que el crecimiento del PBI causa gran impresión, una Bolsa asiática tras otra ha sufrido caídas. En términos de dólar, los mercados en Yakarta, Manila y Seúl han caído más de un cuarto este año; el de Bangkok ha caído más de un tercio. Incluso la Bolsa tan bien administrada de Singapur descendió un 10%. En alguna medida, la percepción de los países individuales puede ser tendenciosa, ya que se ve afectada por las fallas de las economías vecinas. Pero esto puede no ser tan injusto como parece. Si unos pocos países desilusionan, sus socios comerciales también se verán afectados. Y todo lo que un gerente de fondo de inversión tiene que hacer es echar una rápida mirada al mapa.

Todavía continúan vulnerables

BANGKOK.- Sin duda, algunas economías siguen siendo más dependientes de EE.UU. que otras. SG Securities, de Singapur, protagonizó uno de los intentos más recientes de demostrarlo. Su índice trata de evaluar cómo podría responder cada economía ante una caída en la economía norteamericana. El informe toma en cuenta no sólo la exposición directa del país a EE.UU., sino también sus otras fuentes de crecimiento.

Así que, si bien Indonesia tiene una baja correlación con la economía norteamericana, su sistema financiero temblequeante la hace vulnerable incluso a un pequeño shock.

Pero Singapur y Malasia, que dependen más del comercio con EE.UU., tienen menos de que preocuparse. Dos de las economías con más dificultades son Tailandia y Filipinas, que tienen problemas estructurales profundos y aún dependen mucho de las exportaciones a Estados Unidos.

Pero incluso esos países se han beneficiado, en parte, del nuevo ascenso en la región, pese a sus problemas domésticos. Y no es sólo EE.UU. el que recibe exportaciones electrónicas. Aunque su economía se desacelerara, la reestructuración corporativa en Europa y Japón debería hacer que la demanda continúe en crecimiento.

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