Relatos salvajes: depredadores en la oficina

Ser más humanos en el trabajo unos con otros o, por el contrario, dejar fluir el instinto de supervivencia del más fuerte, ésa es la cuestión
Paula Urien
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20 de julio de 2015  

Egoístas, vanidosos, con una ambición por sobre todas las cosas. Sutiles en su actuar, pero contundentes. Los depredadores no tienen escrúpulos para lograr su objetivo y en el camino se devoran a quienes no están en estado de alerta. Mucho se ha escrito sobre quienes no ven a sus compañeros como prójimos, sino como objetivos.

Un artículo de la revista española GQ, escrito por Agustín Velasco, menciona que se trata de gente brillante, con grandes dotes sociales y psicológicos y que, básicamente, tienen su propia agenda, saben posicionarse, son maestros del fingir, estrategas por naturaleza y maestros en la creación de escenarios propicios para desestabilizar a aquellos cuyo puesto desean. Lobos solitarios disfrazados, los llaman, porque rechazan el trabajo en equipo y no comparten los éxitos.

Como siempre, son los líderes quienes tienen la función de domesticarlos o, mejor aún, humanizarlos. Es decir, llevarlos un paso más allá de la animalidad que todos llevamos dentro para lograr empatía con el otro, un espíritu de colaboración y objetivos compartidos.

Olvidarse de que existe un lado animal no es una buena política. Reconocerlo y prestar atención a esto puede evitar zarpazos entre compañeros de trabajo, de empleados a jefes, de jefes entre sí y sucesivamente. Se supone que ser humano es ir un paso más allá... ¿o no?

Según un informe de la BBC, el zoológico de Chester, en el Reino Unido, abrió sus jaulas para poner en marcha un curso gerencial en el que se pueda observar el comportamiento animal. El biólogo holandés y experto en liderazgo Patrick van Veen les explica que el comportamiento primitivo sigue vigente en el mundo del trabajo. En el caso de los chimpancés, por ejemplo, que comparten un 99% de sus genes con los humanos, pasan mucho tiempo aseándose unos a otros, acción que está relacionada con gente en el trabajo que conversa, interactúa. Van Veen interpreta que los gerentes a veces descuidan esta parte del trabajo, que en realidad es vital para que haya un buen ambiente laboral.

En el otro extremo, animales que se comen unos a otros, que se persiguen, que se roban la comida o tantas cosas que se ven en Animal Planet. El ingeniero industrial y sociólogo Eugenio Marchiori opina: "En materia de supervivencia del más apto en el lugar de trabajo el bullying y el mobbing son sus formas más crueles y cobardes, en especial cuando un grupo de compañeros se dedica a hostigar a otro. Una especie de jauría de lobos que se abalanza sobre el más débil".

El mobbing, según el especialista, se puede dar abiertamente (cargadas o bromas pesadas) o en formas sutiles y solapadas (no incluir a la persona en grupos reales o virtuales). Suele escudarse en el "humor", por lo que la persona que resulta víctima de esta agresión, además corre el riesgo de ser considerada "amarga" y carente de sentido del humor.

Una reciente encuesta de AL Grupo Humano dio como resultado que sentirse respetado, la comunicación con el jefe y la confianza que nos inspira la palabra de nuestros colegas son indicadores de una cultura organizacional más humanizada. En pocas palabras, la calidad de nuestras comunicaciones interpersonales conforman el ambiente que respiramos en las organizaciones y como consecuencia promueven o restringen las acciones que realizamos y los resultados que alcanzamos.

Relaciones laborales

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