Remezón político en el equipo económico de México

Felipe Calderón nombra a un aliado en la Secretaría de Hacienda
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10 de diciembre de 2009  

El presidente mexicano Felipe Calderón reorganizó el miércoles los principales cargos económicos de su gobierno, al nombrar a un aliado político como secretario de Hacienda, un paso que sugiere que el presidente dará mayor énfasis a la política en la toma de decisiones económicas.

Calderón, un conservador, nominó al actual secretario de Hacienda, Agustín Carstens, como gobernador del Banco de México (central). Carstens, cuyo nombramiento debe ser ratificado por el Senado, reemplazaría a Guillermo Ortiz, que concluye su segundo mandato de seis años a fines de este mes.

Calderón designó al secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, para llenar la vacante abierta en la Secretaría de Hacienda.

Aunque economistas e inversionistas esperaban cambios en el Banco de México, el nombramiento del secretario de desarrollo social Ernesto Cordero como secretario de Hacienda fue una gran sorpresa. Cordero, de 41 años, es un aliado cercano del presidente pero es visto como alguien con poca experiencia comparado con anteriores secretarios de Hacienda mexicanos.

Al anunciar los cambios, Calderón dijo que la misión de Cordero era ayudar a impulsar iniciativas económicas clave en un Congreso dominado por la oposición. Ya que el sistema unipartidista en el gobierno de México acabó en 2000, el constante enfrentamiento entre los partidos políticos ha impedido que el país modernice su economía para hacerla más competitiva. Este año, se espera que la producción económica de México caiga un 7%.

"La labor encomendada, entonces, al maestro Cordero será, precisamente, coadyuvar con este esfuerzo, y muy en particular, en lo concerniente a conseguir una verdadera reforma económica de fondo para el país; reforma que transforme la economía a fin de hacerla más competitiva, que permita acelerar el crecimiento y la generación de empleos de manera sostenida, siempre en el contexto de finanzas públicas sanas y estables", dijo Calderón durante un discurso televisado.

Después de la noticia, el peso mexicano se apreció ligeramente contra el dólar y las acciones mexicanas aumentaron modestamente junto a los precios de las acciones estadounidenses.

Los cambios al equipo económico, sin embargo, están entre los más osados y potencialmente arriesgados de la historia reciente de México, que ha tenido un gabinete económico de primera categoría durante la mayor parte de los últimos 20 años. Ambas decisiones sugieren que Calderón podría hacer énfasis en los beneficios económicos de un mayor crecimiento económico frente a la ortodoxia fiscal estricta de sus predecesores.

El jefe del banco central saliente, Ortiz, ayudó a sacar a México de la crisis financiera de mediados de los 90 como su secretario de Hacienda y, como jefe del Banco de México, redujo la inflación de dos dígitos a menos de 4%, con lo que ayudó a México a obtener una calificación de crédito de grado de inversión por parte de Wall Street.

Calderón criticó públicamente al banco central el año pasado por mantener las tasas de interés relativamente altas para frenar el alza de la inflación a pesar de que la economía estaba encaminada a la recesión, algo que sugirió un descuerdo político entre Calderón y Ortiz, un graduado de Stanford de 61 años e hijo de un general mexicano.

"Los precios de los commodities iban en aumento y no veíamos que la inflación fuera a reducirse. Mi obligación es controlar la inflación", explicó Ortiz en una entrevista reciente.

Algunos inversionistas seguirán los acontecimientos de cerca para ver si Carstens trae la misma independencia acérrima al banco. Para la mayoría de analistas, Carstens merece el beneficio de la duda debido a su historial. El economista de 51 años tiene un doctorado de la Universidad de Chicago y trabajó en varios cargos en el banco central entre 1980 y 1999, y también sirvió como subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional entre 2003 y 2006.

"Sale un gran presidente del banco. Llega un gran presidente al banco", dijo Alberto Ramos, un economista de Goldman Sachs en Nueva York.

Cordero, en quien recaerá la ardua tarea de convencer a un Congreso dominado por la oposición de que reforme la economía, tiene un currículum mucho más delgado. Obtuvo una maestría en economía de la Universidad de Pensilvania y trabajó durante un breve periodo como subsecretario de Hacienda antes de convertirse en secretario de Desarrollo Social.

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