Renovado reclamo del Fondo y el BM por un mayor superávit

Krueger y Wolfensohn dijeron que es la manera de garantizar el crecimiento Alcanzar un acuerdo con los acreedores de la deuda en default "será crítico" para el futuro, dijo Krueger, número 1 del Fondo Firme respuesta del ministro Lavagna
Jorge Rosales
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23 de abril de 2004  

WASHINGTON.- Los titulares del FMI, Anne Krueger, y del Banco Mundial, James Wolfensohn, redoblaron ayer la presión sobre la Argentina para que destine más fondos del superávit fiscal primario al pago de la deuda, como un paso previo necesario para garantizar el crecimiento sostenible y así enfrentar la solución de los problemas sociales.

Frente a estos embates, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que ayer llegó a esta ciudad para participar de la Asamblea del FMI, calificó los dichos como "opiniones intelectuales siempre bienvenidas". Y los rechazó con el siguiente argumento: "Los compromisos que la Argentina tiene con los organismos son los que figuran en el punto 8 de la carta de intención firmada en septiembre de 2003", sostuvo en el Capitolio, donde se reunió con miembros de la Cámara de Representantes.

Wolfensohn llegó a utilizar en una conferencia de prensa la figura de una persona que quiere educar a sus hijos pero no pagar sus cuentas para recomendarle a la Argentina que tiene que cumplir con sus obligaciones. "Nadie quiere no tener programas sociales. Como sucede con una persona, sería mucho mejor poder gastar en cosas que uno quiere e ignorar las obligaciones. Y en algún momento, como un individuo, uno no puede seguir no pagando sus tarjetas de crédito ni a su banco y su hipoteca, y decir: «Bueno, lo que realmente quiero es educar a mis hijosª", sostuvo el titular del BM.

Para Anne Krueger, un superávit fiscal primario más fuerte, destinado a pagar más rápido la deuda, le dará al país "una mejor seguridad de crecimiento sostenido". Y ese camino, en su opinión, es el correcto para luchar contra la pobreza y las necesidades sociales.

La presión para que haya un aumento en el superávit fiscal primario --ingresos menos gastos, antes del pago de la deuda-- mayor al 3% del PBI comenzó no bien la Argentina logró, el mes pasado, la aprobación de las metas de la segunda revisión del programa con el Fondo. Y se reiteró tres veces en sólo dos días: el reclamo está incluido en el informe del FMI difundido anteayer; ese mismo día lo planteó en Buenos Aires el subsecretario del Tesoro, John Taylor, y ayer lo repitieron Krueger y Wolfensohn.

El Gobierno plantea que no se puede comprometer a tener un ahorro mayor porque eso afectaría el crecimiento y los programas sociales. Una de las estrategias para tratar de frenar la embestida es que si la economía crece, también aumenta la masa de dinero disponible para pagar la deuda.

Punto crítico

En la conferencia de prensa previa a la asamblea del FMI y el Banco Mundial, Krueger dijo que si tiene un desacuerdo con las autoridades argentinas es "en cómo enfrentar la cuestión de la pobreza y las necesidades sociales. Los programas sociales son importantes, pero una cuestión muy importante es, por supuesto, colocar el crecimiento acelerado sobre bases sostenibles".

Por eso, sostuvo que alcanzar una solución a las dificultades con los acreedores "será crítico", porque la Argentina va a necesitar aumentar la inversión si quiere mantener las actuales tasas de crecimiento. Krueger destacó que dejar atrás la deuda y lograr un superávit más fuerte "dará una mejor seguridad de sustentabilidad al crecimiento", e insistió en el ejemplo de Turquía, que a pesar de haber tenido una crisis en algunos aspectos tan severa como la de la Argentina "ha estado produciendo un superávit primario del 6,5% del PBI mientras crecía a tasas del 8 por ciento". Para Krueger, resolver el problema de la pobreza y el de la deuda no son cuestiones opuestas, sino que una está relacionada con la otra.

Por su parte, Wolfensohn, que pasado mañana recibirá a Lavagna, pidió a la Argentina que sea consecuente y responsable en el cumplimiento de sus obligaciones. "Todos quieren poner el dinero en temas sociales, y nadie más que el Banco [lo quiere]. Pero tiene que haber un equilibrio en las responsabilidades y obligaciones que se han asumido", sostuvo. "Ese es el debate que está en marcha: hasta dónde es necesario cumplir las obligaciones. Por supuesto, es extremadamente atractivo para los ciudadanos en un país tener liderazgos políticos que les digan «estamos con ustedes, muchachos, y al diablo todo el mundoª. La única cosa es que eso tiene consecuencias", afirmó Wolfensohn.

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