Reservas. Pesce apeló al "método Guzmán", pero no logra tranquilizar al mercado

Miguel Pesce junto al ministro Martín Guzmán meses atrás. El presidente del Central buscó respaldarse en el FMI para disipar los temores cambiarios
Miguel Pesce junto al ministro Martín Guzmán meses atrás. El presidente del Central buscó respaldarse en el FMI para disipar los temores cambiarios Fuente: LA NACION
Javier Blanco
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25 de agosto de 2020  • 18:25

Para tratar de aplacar el fantasma de una crisis de reservas, el presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, recurrió hoy a la misma fórmula a la que apeló el ministro de Economía, Martín Guzmán, para darle una marco conceptual a las negociaciones con los acreedores privados externos: se apoyó en números del FMI.

No deja de ser curioso que los funcionarios recurran a alusiones al organismo como quien apela a una "garantía". En especial porque no están dispuestos a reconocerles esa misma "garantía" a los acreedores ni aún cuando la pidan.

El "método Guzmán" apareció cuando Pesce dijo que las reservas son las que publica el BCRA. "Están en el orden de los US$43.000 millones, certificadas por el Fondo Monetario", dijo, antes de criticar a los "sucedáneos de las estadísticas" o a los que "les gusta hablar de reservas líquidas o netas".

"No hacemos este tipo de estimaciones y creemos que con este nivel de reservas podemos manejar la situación cambiaria que afecta el país", agregó.

La afirmación era esperable (¿qué otra cosa podría decir un Presidente del BCRA en estas circunstancias?), pero dista de despejar dudas.

De hecho, horas después se supo que la entidad no sólo había completado otra jornada sin poder comprar dólares, sino que además habría tenido que aportar el 25% de las que se operaron en la plaza oficial.

El problema es que, para defender el nivel del tipo de cambio el BCRA, no solo necesita reservas, sino que más específicamente precisa contar con reservas que pueda "usar", de ser necesario. Y que el grueso de lo que hoy tiene computado como tal son "préstamos" (un crédito disponible en yuanes por el equivalente a US$18.800 millones del Banco de China), dólares de "otros" que están allí por obligación regulatoria (unos US$ 11.400 millones por encajes a depósitos bancarios en dólares y otros US$1500 millones del sistema de garantía de depósitos) o contraprestaciones con organismos (otros US$ 6000 millones entre los DEG del FMI y la línea del Banco de Basilea).

El resto es una posición en oro, no tan fácil de vender sin afectar su valor. De este modo, lo "usable" (lo "líquido", apelando al sucedáneo) viene en caída. El BCRA ya sacrificó US$780 millones en las 12 primeras ruedas del mes y tuvo un saldo negativo en el resto de las jornadas -según coinciden las estimaciones de mercado- tomando en cuenta los US$50 millones que habría tenido que vender hoy. Y no deja de aumentar su posición vendedora en la plaza local de futuros, la que superó el equivalente a los US$5000 millones, cifra que enciende luces amarillas como cada vez que esa exposición supera el 10% de la tenencia declarada.

Al fin de cuentas, si tener un número tranquilizador de reservas fuera simplemente todo, cabría preguntarse por qué en enero de 2014, cuando el BCRA contaba con unos US$30.300 millones y con menos anabólicos que ahora y aplicaba una tablita devaluatoria muy similar a la actual (ajustaba el valor de la divisa a razón de 2 a 4 centavos por jornada que, tomando en cuenta el valor del dólar de entonces era muy similar al ritmo de actualización de hoy), no pudo evitar validar un ajuste del 16% del tipo de cambio en apenas dos días (el 23 y 24). Vale recordar, en ese tiempo Pesce era vicepresidente del BCRA.

De allí los temores del mercado, agigantados además por exportaciones que no despegan (cayeron 16% interanual en julio) y que se ven más complicadas en adelante por la posibilidad de que el país repita una sequíacomo la que ya puso en jaque a la economía hace dos años.

Y porque, después de todo, el BCRA no pudo atrapar para sus reservas ninguno de los casi US$9600 millones que, pese a todo, aportó la balanza comercial, aun contando con un esquema que limita fuertemente la demanda de divisas y cuando la demanda para pagos de importaciones o gastos de turismo fue anestesiada, al agravarse la recesión local y cerrarse las fronteras por la pandemia. Por el contrario, debió vender US$1250 millones porque ese total fue insuficiente para atender el apetito dolarizador del mercado.

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