Revalorizar la palabra, el primer paso hacia la salida de la crisis

Instan a empresarios, políticos y medios de comunicación a recuperar credibilidad
Silvia Stang
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28 de junio de 2002  

Hablar y actuar al mismo tiempo. Y que lo actuado siga un hilo de total coherencia con lo dicho. Tal parece ser una de las consignas claras para dotar de valor a la palabra, que sufrió una fuerte devaluación mucho tiempo antes de que igual problema afectara al peso frente al dólar.

El desafío abre muchos interrogantes, claro está: qué decir, cómo decirlo y de qué manera actuar junto a otros en una sociedad que busca la puerta de salida de una de sus mayores crisis económica, política y cultural. Y si la salida es hacia "el futuro", por qué no preguntarse también por los rasgos de ese tiempo que aún no se vislumbra. Y por qué no preguntarse cuándo vamos a llegar, porque si se entiende por futuro una realidad diferente de la actual, no se trata entonces de un tiempo que está viniendo mientras la sociedad lo espera pasivamente, sino de un tiempo al que la sociedad va a llegar como resultado de realizar sus iniciativas.

Debate empresarial

El ambicioso tema fue abordado en el primer foro de la Asociación de Dirigentes de Empresas (ADE), en un debate moderado por Juan de Alzaga, director de Desarrollo Comercial de LA NACION y presentado por Gabriel Herrero, titular de ADE. Frente a un auditorio de hombres de negocios, el analista político e historiador Carlos Floria y los consultores Nora Schmeichel y Manuel Mora y Araujo coincidieron en que, hoy por hoy, la falta de credibilidad es tan generalizada que "la palabra es la mentira", según la triste equivalencia que estableció Mora y Araujo.

Pero nadie en particular tiene la exclusividad de la palabra devaluada: desde los políticos hasta los empresarios, pasando por los medios de comunicación y hasta por los ámbitos privados, como la familia y el sistema educativo, hoy la distancia entre lo que se dice y lo que se percibe como real es demasiado amplia.

"En términos de Pinti, padecemos un porrazo nacional", graficó Floria, que apuntó que las mentiras de los representantes políticos afectan la propia construcción de la democracia, "que no es un sistema de la naturaleza, sino que necesita construirse".

Schmeichel, directora de la consultora Signos, coincidió en que el sentido de la palabra fue vaciado, y apuntó básicamente a frases acuñadas por políticos y economistas, que bastan para justificar la apreciación: "La casa está en orden", "dejo mi gestión en la Secretaría de Agricultura sin un caso de aftosa", "el que apuesta al dólar pierde" y la más reciente promesa: "Festejaremos el 9 de julio el fin de la recesión económica".

La consultora comentó que de una encuesta de opinión reciente surge la existencia de una autopercepción de los argentinos caracterizada por dos rasgos: por un lado, la gente tiene el sentimiento de haber sido estafada "por los políticos, pero también por los empresarios". Por otra parte, muchos se ven como rehenes en una guerra, pero no saben quién es el aliado.

Todo eso lleva a no ver el futuro sino como algo temible. "La población siente que estamos siendo expulsados del presente y que el futuro es ilusorio, y si nos preguntamos cuándo empieza el futuro lo que sabemos es que la gente cree que, al menos para fines de 2002, va a estar peor que ahora", explicó la analista.

Y entonces, ¿qué hacer?

La reflexión siguiente es de qué manera se reacciona a partir de ese sentimiento de "abandono de persona". "Las conductas van desde la parálisis, muy común en estos casos, a la participación", que se concreta, por ejemplo, en los clubes de trueque, en los cacerolazos y en las asambleas barriales, según apuntó Schmeichel.

Para Mora y Araujo, actuar a la par de hablar tiene al menos dos ejemplos muy concretos. Una posibilidad mencionada por el consultor es la integración de foros ciudadanos, "pero no para protestar, sino para discutir ideas para hacer cosas".

La otra es ponerse en acción en el campo de lo social. "Si a uno le molesta que la gente tenga hambre tiene que hacer algo para ayudar a paliar esa hambre", instó.

El cambio de actitud, en todo caso, necesita darse en todos los ámbitos de la vida. Para dejar atrás una "cultura" social en la que "cumplir la ley es de tarados" debería, por ejemplo, motorizarse la generación de una nueva conciencia desde las escuelas a los niños, según consideró Schmeichel.

Pero las empresas y los medios de comunicación también fueron llamados a la tarea de reconstruir el valor de la palabra. Después de todo, la credibilidad, hoy perdida, será la primera piedra para la recuperación económica y social.

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