Ricardo Pignanelli: “hay 12.000 trabajadores con problemas”

El secretario general de Smata reconoce el mal momento de la industria automotriz, pero estima que la crisis es coyuntural y afirma que no hay despidos masivos
Francisco Jueguen
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11 de mayo de 2014  

Cuando la economía tiene bajones somos los primeros que nos resfriamos." La voz del sindicalista, uno de los más cercanos a la presidenta Cristina Kirchner, suena apagada, serena, como queriendo representar una cautela necesaria. No es para menos. La actualidad vive momentos cada vez más complejos para la política oficial, pero sobre todo para los trabajos que sostienen a los cerca de 100.000 trabajadores del sector automotor y sus familias

Enmarcado en la liturgia peronista de su despacho, Ricardo Pignanelli, secretario general de Smata, reconoce que, por "un combo de causas", hay 12.000 empleados con problemas en la industria automotriz pero que esa realidad se profundiza entre las firmas autopartistas más pequeñas. Sin embargo, para Pignanelli que se trata de un bache coyuntural que, por ahora, no refleja despidos masivos.

–¿Existe un numero global de trabajadores con problemas en terminales y autopartistas?

–Despidos masivos no tenemos.

–¿Despidos puntuales?

–Sí. Las fábricas aprovechan estos momentos para hacer la disciplina que no hacen teniendo plena producción. Además hay licenciamientos en Córdoba y Buenos Aires (ver recuadro). Por ejemplo, en Volkswagen no se trabaja los viernes pero se cobra el 80% del salario bruto. Esto no afecta el sueldo de bolsillo. En Renault no se trabaja un día por semana al 75% del bruto. Fiat también tiene el promedio de un día de suspensión por semana, en ese mismo porcentaje salarial. Iveco va a suspender 15 días en mayo. Peugeot no es nuestra, es de la UOM.

–¿De qué número global de personas se está hablando?

–Unos 12.000 trabajadores tienen problemas en el sector automotor. Pero es un día por semana con prácticamente el 100% del salario de bolsillo. Sí hay mayores problemas en las autopartes, que también tratamos de paliar con licenciamientos.

–En una radio dijo que "la automotriz es la industria que primero se afeita". ¿Está la economía entrando en un ciclo negativo?

–Siempre digo la misma cosa. Así como somos una actividad que puede ser motor de la economía, cuando ésta tiene bajones somos los primeros que nos resfriamos.

–¿Cómo ve la situación actual de la industria automotriz?

–El tema arranca a fines del año último. En ese momento, el mercado movió 960.000 unidades. Siempre la diferencia de la venta y la fabricación era de 40.000 unidades. Ese crecimiento del mercado por arriba de fabricación tiene que ver con los autos de alta gama. En 2013 se vendieron 160.000 autos alta gama porque era un nicho de ahorro para la gente. Esto desbalanceó el comercio externo y generó un desfase a la hora de cuidar los dólares. Ahí metieron el impuesto a la alta gama. Claro que frenaron la demanda de esos autos, pero sabiendo que no iban a recaudar por eso. Era una traba. Preferían frenar esa importación y no el ingreso de las autopartes. Además se movió el dólar y se produjo un aumento muy grande en las unidades. Algunas subas lógicas, pero otras no. Eso hizo que se retraiga el consumo. Enero fue un mes con mucha incertidumbre. Si ibas a una concesionaria no había precios de los coches ni tiempos para las entregas. Eso espantó a todos los clientes.

–¿Cree entonces que la causa de esta crisis es una mezcla de diversos factores?

–Es un combo. Otra cuestión es el costo del dinero, que es totalmente distinto del que teníamos.

–¿Cree que algún factor influyó más que otro?

–El freno más grande para mí fue la falta de confianza en qué iba a pasar. No se olvide que el dólar se fue a $ 8, pero algunos lo querían a 12. En enero se vendió poco, pero en febrero aumentó la venta. Muy poco, pero hubo una suba. Lo que nosotros queremos hacer es sostener los puestos de trabajo. Con diez años de batir récords y ganancias, no puede ser el trabajador el hilo más fino que se corta cada vez que acá hay un virus en el aire. Por eso le presentamos al Gobierno, con la Asociación de Concesionarios de Automotores la República Argentina (Acara), un plan para poder recuperar entre 80.000 y 90.000 unidades. Para 2014 ellos calculan que se venderán 700.000 y para tener un año como el pasado necesitaríamos 800.000. Hay que bajar las tasas de financiación.

–¿Se pueden bajar las tasas con la alta inflación actual?

–Se puede. Quizá no ahora, sino de junio para adelante. Pero además hay que sumar otras causas de la situación actual. A algunas marcas les cayó la demanda en Brasil, como a Volkswagen, Renault y Peugeot. Aunque hay otras que se mantuvieron o que incluso aumentaron un poco sus ventas, como Mercedes Benz, Toyota o Ford. Esto es lo que nos hace razonar que la crisis es coyuntural. Esto es un bache. Incluso las empresas están trayendo algunos productos nuevos. Los mismos empresarios apuestan al crecimiento, algunos para mantener el mercado y otros para jugar en primera.

–¿Qué le dicen los empresarios sobre la actual situación?

–La ven compleja, pero tener un país con 900.000 unidades no es para desperdiciar el mercado. Nosotros hasta ahora hablamos de productividad. En 2003 usábamos 72 horas para armar un vehículo promedio. Hoy se usan 48 horas. Eso es 50% tecnología y lo demás lo hizo la gente, porque cambiaron los ciclos y la formas de trabajar. Ahora viene la época de la competitividad. Para eso hay que traer tecnología de primera. Acá hay muchos empresarios que esa no la quieren ver. Saben que tienen que invertir. La otra forma es volver al punto cero y apostar a grandes devaluaciones donde te tiran a la basura el salario.

–¿Como está la situación adentro de las fábricas?

–El argentino es muy particular. Cuando aparece la parca empieza la preocupación y desesperación. Y cuando la parca no está parece que nos hubiésemos comido al diablo. La preocupación la tenemos que tener porque en nuestras manos hay miles de familias. Cuando aparecen los nubarrones te preocupás. Pero creo que es coyuntural. Los muchachos en las fábricas son jóvenes, en su mayoría, de entre 20 y 28 años. No es que son difíciles. Tenemos que encontrar los vehículos para relacionarnos con los jóvenes. Los pibes de ahora son distintos. Mi viejo me decía el futuro tuyo es para los nietos. Los pibes ahora te dicen que el futuro lo quieren ahora. No sé qué es mejor, pero es diferente y te tenés que adaptar. Eso genera más trabajo si querés ser el capitán de la tropa. En mi época, en verano teníamos 3% de ausentismo y en invierno era del 7 por ciento. Hoy en invierno estamos en un 14% y en verano andaremos en el 8 por ciento. También es cierto que cambiaron los ritmos de trabajo. Se hicieron más intensivos.

–¿Las autopartistas están más complicadas que las terminales?

–Si, porque son más chicas.

–¿Cómo hace para negociar paritarias en un contexto que parece complicarse?

–Nosotros miramos qué pasó en los últimos tres meses y a partir de eso negociamos. Son acuerdos trimestrales. A las empresas les conviene porque el costo financiero para la fábrica es menor. A nosotros también nos dio resultado. La posibilidad de hacer acuerdos trimestrales lo saqué del pacto social de Perón en el 73. En 2013 cerramos en 28,2% [el promedio de inflación fue del 25%]. Hasta ahora venimos con el mismo esquema y funciona. Pero en cuanto empiece a haber problemas con la negociación salto el alambrado.

–¿Pero esta desaceleración no le frena las negociaciones?

–En enero sacamos el 8%; en abril, el 11,8 por ciento. Ya tenemos el 20%. Si en junio vienen tres puntos y en octubre tres o cuatro puntos...

–¿Qué índice de precios usa?

– (Risas) Ahora usamos el oficial.

–¿Piensa tomar medidas de fuerza por la situación?

–Si hago paro le hago el juego a las empresas. Está claro que si veo peligrar las fuentes de trabajo a nivel masivo salgo con la gente a la calle. Hoy no veo nada masivo. En 2008 salí con la gente a la calle. Más allá del signo político defendemos las fuentes de trabajo.

–¿Qué opina del paro que realizaron Moyano y Barrionuevo?

– Y..., es un paro opositor. ¿Al otro día qué? Todo seguía igual.

–¿Cree que no había justificación para parar?

–Sí, había. Pero nosotros golpeamos todos los días. Vamos a negociar lo que nos falta pero cualquier cosa que saquemos es lo mismo para ellos. Ellos van a seguir en la misma.

–¿Se puede unificar la CGT?

–Para unificarse hay que tener un objetivo común. Así es la unidad. Hoy eso no existe. Los objetivos de Moyano son políticos.

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