Romain Corneille, CEO de San Miguel: "La competitividad ganada con la devaluación se perdió"

Romain Corneille es CEO de San Miguel desde enero de 2014; según el ejecutivo, la Argentina podría pasar de 7000 a 30.000 toneladas exportadas de limones a los Estados Unidos
Romain Corneille es CEO de San Miguel desde enero de 2014; según el ejecutivo, la Argentina podría pasar de 7000 a 30.000 toneladas exportadas de limones a los Estados Unidos
Esteban Lafuente
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14 de febrero de 2019  • 13:26

En algunas semanas, el sector citrícola argentino comenzará su campaña 2019. Luego del incremento en la producción y la reapertura del mercado estadounidense para los limones tras 17 años, la expectativa es elevar la calidad de la fruta e incrementar las exportaciones. Sin embargo, para Romain Corneille, CEO de San Miguel, una de las principales compañías del segmento, el escenario macroeconómico presenta sus complicaciones.

"La competitividad que se había ganado con la devaluación se perdió", afirma el empresario, en referencia a la apreciación del tipo de cambio en las últimas semanas, que se combinó con un nuevo esquema de retenciones a las exportaciones y la eliminación de reintegros, a las que califica como "medidas cortoplacistas". Sin embargo, considera que el horizonte es positivo para el sector, que puede crecer tanto en Asia y los Estados Unidos.

-¿Cuál es su visión sobre la situación macroeconómica?

-Se fijó toda una estructura de retenciones y de eliminación de reembolsos a las exportaciones cuando el dólar pasó los $41 a fines de septiembre, y hoy está en $38, con una inflación que superó el 47%. Cuando se hace la matemática fina, hoy se puede decir que la diferencia es negativa. Con los $4 que hay que pagar por dólar exportado, la competitividad que se había ganado con la devaluación se perdió, y al momento que arranque la temporada en los próximos meses estaremos peor al año pasado.

-¿Cómo impacta el dólar hoy?

-Soy enfático y no creo que el tipo de cambio sea nuestro negocio, porque es una variable que no está a nuestro alcance. Si es alto o bajo no lo manejamos, pero cuando escucho que dicen que hay un dólar competitivo… No sé a qué llaman competitivo. Lo que tenemos que ver es si tenemos actividades que se sostienen o no con este tipo de cambio. Tampoco pretendo que digan que el dólar debería estar a $50, porque no tiene sentido. Pero hay que reconocer que las medidas que se tomaron fueron más bien cortoplacistas y no pensadas en el desarrollo de la actividad.

-¿Y en cuanto a la logística interna?

-Sigue siendo un problema. Hay que sentase en una mesa el sector público y el sector privado con representantes del transporte y los productores para entender cuál es la realidad. Yo no pretendo que la variable de ajuste sea la gente, pero no podemos vivir irrealidades. Si se fijan salarios que no tienen comparación con el resto del mundo, a la larga nos quedamos afuera.

-¿Cuál es la proyección para la campaña 2019?

-La producción va a ser bastante parecida a 2018, que fue una locura en volumen y estuvo arriba de las 1,8 millones de toneladas. La molienda fue récord y hubo oferta de fruta todo el año. Eso puede ser un problema de precios. Por otro lado, la lluvia y el clima húmedo pueden impactar en la calidad de la fruta. Los rendimientos van a ser más bajos de lo que son habitualmente, y habrá que poner foco en la parte sanitaria. Es importante no jugar ni asumir riesgos con la calidad del producto que se exporte.

-El año pasado se reabrió el mercado estadounidense tras 17 años. ¿Cómo impactó?

-Lo que más ayudó fue que subió la vara al sector. La actividad tuvo que ajustarse a parámetros más estrictos y protocolos más complicados, y eso hizo que todo el sector mejorara a nivel producto y calidad. Ahora hay mejor fruta y más volumen exportable, y eso facilitará que se abran nuevos mercados. Si se trabaja a en esa dirección, hay un horizonte positivo a futuro, mientras que en el corto plazo hay que lidiar con las condiciones actuales.

-¿Qué expectativas hay con respecto a ese destino para 2019?

-Va a mejorar el volumen que se envíe, porque todos los que trabajamos con ese mercado hicimos ajustes en torno a la línea de preselección, empaques y otros temas en función de lo que fija el protocolo. El mercado se reabrió el año pasado y se exportaron 7000 toneladas, cuando se estimó inicialmente en 20.000. Este año la ventana para vender es más grande, por encima de las 12 semanas, dependiendo de las condiciones climáticas, y eso hace que podamos estimar estar en 30.000 toneladas. Es cifra de un mercado significativo.

-¿Cómo analiza la evolución del mercado interno? ¿Cuánto influye en su sector?

-El volumen del mercado interno es una incógnita. En Tucumán vivimos planteando a las autoridades permanentemente la cantidad de robos que existen en el sector, y todo ese volumen se destina fundamentalmente al mercado interno. Es un riesgo sistemático y se generó un negocio paralelo. Y existe otro riesgo mucho más importante que es el sanitario, como en el caso del HLB. En este negocio, la sanidad es clave, y exige tanto al sector privado como a los gobiernos.

-¿Además de EE.UU. y Europa, a qué otros destinos puede apuntar la Argentina?

-Uno que hay que mirar con atención es Brasil, que está abierto a nuestra producción. Ellos consumen mucha lima, pero también hay espacio para el limón. Dos que se deberían abrir son India y China. El año pasado comenzamos a exportar fruta por el Pacífico vía Chile y eso acorta mucho los días de tránsito hacia esos mercados. Saliendo desde Buenos Aires son 60 días y por este camino son 25. Con esa posibilidad, exportar a Asia empieza a tener sentido.

-Para llegar a China aún no se aprobó el protocolo que habilita el comercio. ¿Es viable?

-Todavía no se llegó a un acuerdo. Hoy existe un protocolo que nosotros no lo podemos cumplir. Se establece un mínimo de temperatura para conservar la fruta y el limón en esas condiciones no llega.

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