Se debatió el tope mensual de retiros

Un sector del Gobierno propició subirlo para bloquear el riesgo de parálisis comercial
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6 de diciembre de 2001  

El Gobierno desperdició ayer una oportunidad para distender el clima social al desechar la posibilidad de elevar el tope de retiros en efectivo que podrían hacerse de las cuentas bancarias en las que los asalariados reciben sus salarios, según evaluaba anoche un sector de la administración De la Rúa que desde el martes viene bregando por este cambio.

Un documento de trabajo que circuló por los despachos oficiales permitió calcular que si se elevara el tope de retiros de las cajas de $ o US$ 1000 a $ o US$ 2500, el 86% de los empleados quedarían al margen de la restricción y estimaba en poco más de 466 millones el riesgo de fuga de colocaciones que suponía esa decisión.

Al contraponer esa suma con los riesgo de fuerte caída en la recaudación impositiva que por la paralización de la actividad comercial enfrenta ahora el Gobierno, el documento recomendaba "flexibilizar" los montos de las restricciones impuestos, dado que concluía que la baja en los ingresos tributarios podría ser mucho mayor.

El trabajo provocó un fuerte debate en el núcleo duro del Gobierno y terminó forzando los cambios en la operatoria que avanzada la tarde anunció el ministro.

Según comentó una alta fuente de la Casa de Gobierno a LA NACION, que pidió riguroso anonimato, el Presidente se mostró propenso a adoptar la propuesta que adoptaba el documento y llevarla rápidamente a la práctica.

Defensa de Cavallo

Pero el ministro Cavallo habría defendido férreamente la postura de no alterar los topes vigentes, de manera de no dejar abierto un canal de fuga de las colocaciones bancarias, posición que finalmente impuso, como se demostraría más tarde.

La discusión fomentó nuevos rumores sobre una renuncia del ministro Cavallo a su cargo en Economía, algo que debió desmentir el presidente De la Rúa cuando se percató que la versión había ganado otra vez la calle y circulaba como reguero de pólvora.

"De ningún modo, ni renuncia ni devaluación", respondió tajante el primer mandatario.

El debate mostró que las posiciones sobre las medidas adoptadas distan de ser coincidentes y dejan abierta la posibilidad de nuevos cambios.

El trabajo en cuestión tomó datos del Banco Central para mostrar que de los 12,6 millones de asalariados, sólo 1,66 millones quedarían al margen de la restricción si el tope de los retiros fuera elevado hasta los 2500 pesos o dólares mensuales. Y enfatizaba en la eliminación del riesgo de parálisis de la actividad comercial o implosión de la economía en negro que supone la rigidez del actual esquema.

Dimes y diretes

El trabajo fue encargado por funcionarios muy cercanos al Presidente de manera de persuadirlo sobre la necesidad de hacer modificaciones sustanciales a las medidas puestas en marcha desde el lunes y que han tenido un devastador efecto en el comercio minorista y todas aquellas actividades que dependen básicamente de la circulación fluida del dinero en efectivo.

El mandatario recogió esos argumentos pero habría privilegiado la necesidad de no abrir un frente de conflicto con el ministro de Economía en un momento que se juzga como demasiado sensible.

Además, desde el Banco Central también se le habría desaconsejado ampliar en ese monto los límites, dada la ajustada situación que enfrentan las entidades financieras, teniendo en cuenta la inmovilización de activos a las que las obligó el canje local de la deuda y la fuerte salida de depósitos que debieron soportar en los últimos días.

"Es una buena medida, pero no estamos en el momento adecuado aún para tomarla. Tal vez más adelante", fue el mensaje que recibió desde la entidad monetaria y que lo convenció por dejar el cambio, tal vez, para otra oportunidad.

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