Se frenaron las mejoras estructurales de condiciones de vida a fines de 2018

Se frenaron las mejoras estructurales de condiciones de vida a fines de 2018
Se frenaron las mejoras estructurales de condiciones de vida a fines de 2018 Crédito: Gentileza Unicef
Francisco Jueguen
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9 de mayo de 2019  

Mientras la política argentina ensaya una negociación sobre consensos básicos, en muchos casos por estrategia electoral, un 4,7% de los ciudadanos viven en hacinamiento crítico, un 16,8% no tiene saneamiento adecuado, el 11,9% no accede a red de agua, otro 34,5% carece de cloacas, al mismo porcentaje le falta el acceso a la red de gas, un 31,2% solo puede asistir a la salud pública y el 6,7% vive en un hogar en el que no existe el clima que impulse la educación, entre otras carencias estructurales que tiene el país.

Si bien la mayoría de estas dimensiones relevadas por el Indec muestran una pequeña mejora desde 2016 y 2017, la mayor parte de ellas reflejan un estancamiento -o incluso un muy leve deterioro- entre el primero y el segundo semestre de 2018, un año de crisis. Sin embargo, este último análisis no es el elegido por los académicos, quienes prefieren analizar la tendencia en tiempos más largos que el semestre cuando se mira la pobreza estructural .

Según el Informe de Indicadores de Condiciones de Vida de los Hogares en 31 aglomerados urbanos, publicado ayer por el Indec, en cuanto a las características habitacionales, y más específicamente a la calidad de los materiales de la vivienda, un 76,3% de las personas vivían en una casa fabricada con materiales de suficiente calidad en el segundo semestre de 2018. Seis meses atrás esa dato era más alto: 76,6%. Pero en 2016 llegaba a 75,9%, y en 2017, a 75,5%. Los hogares elaborados con malos materiales tuvieron la misma tendencia. El hacinamiento crítico (más de tres personas por cuarto) había bajado de 5,3% en 2016 a 4,5% en el primer semestre de 2018. A fin de ese año, el dato empeoró.

El saneamiento inadecuado había logrado un descenso entre 2016 y el primer semestre del año pasado (de 16,2% a 15,8%). Esa curva descendente se modificó a fines de 2018, cuando volvió a subir a 16,8%.

El porcentaje de personas que no tienen agua corriente bajó unas décimas desde 2016, pero en el último semestre relevado volvió a subir tres décimas, a 11,9%. Entre 2016 y el primer semestre de 2018, la cantidad de personas que no tienen cloacas había mostrado un descenso (de 34,7% a 33,4%). En los últimos seis meses, subió algunas décimas: 34,5%.

Aquellos argentinos sin acceso a la red de gas eran 34,5% a fines del año pasado. Un semestre atrás eran menos: el 34,1% de la población. En 2016, 34,3%, y en 2017, un 33,9%.

La cantidad de propietarios de una vivienda mostró un alza tanto desde 2016 como desde el primer semestre de 2018. Son el 6,3% de la población medida por el Indec. Los inquilinos son el 15,8%. No hubo cambios frente al último trimestre.

Aquellos que no tenían una prepaga y tenían que usar el sistema de salud público eran a fines del año pasado un 31,2%. Seis meses atrás ese porcentaje era un punto más bajo. En 2016 era dos décimas inferior al último dato relevado (31%).

Un 6,7% de los argentinos tienen un clima muy bajo en el hogar para fomentar la educación. Ese dato subió siete décimas en los últimos seis meses de 2018, pero está por debajo del 7% de 2016. Salvo por el grupo de los niños menores de cuatro años (pasó de 9,4% a 16,4%, pese a que en 2016 era 22,9%), la inasistencia no tuvo grandes modificaciones. Hubo bajas de entre una o dos décimas.

"En los últimos tres años hay algunas mejoras en el conurbano bonaerense, sobre todo en cloacas y acceso al agua corriente, y una leve reducción del hacinamiento. Son variaciones muy pequeñas", afirmó Agustín Salvia, coordinador del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. "Sí hay un estancamiento en el acceso a la atención de salud y más presión sobre el hospital público", agregó, pese a que describió que no se registraron grandes cambios cualitativos.

"El análisis de la serie no arroja resultados interesantes porque, como son variables estructurales, no cambian tanto de semestre a semestre", analizó Jorge Colina, investigador de Idesa. Pero sí destacó el dato sobre el muy bajo y bajo clima educativo de los chicos entre 4 y 17 años de edad (47%) y cómo las brechas educativas se traducen en brechas laborales y desigualdad social frente al 20% que tiene condiciones propicias en sus hogares.

"El análisis estadístico propuesto demuestra que las mejoras en acceso a la red cloacal no representan una revolución o un cambio de tendencia con respecto los años previos", estimó Federico Favata, especialista de la Universidad de San Martín. "Pareciera que la estrategia de marketing electoral sobredimensiona los hechos", cuestionó.

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