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Se redujo la devaluación del real

Empresas argentinas vuelven a vender en Brasil al ganar valor el dólar frente a esa moneda.
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21 de marzo de 2000  

SAN PABLO.- Los efectos negativos de la devaluación del real comenzaron a desvanecerse y vuelven a abrirse las puertas para las exportaciones de productos argentinos al Brasil.

La devaluación del real, ocurrida en enero del año último, y que llegó a dotar a la moneda brasileña de una competitividad extra frente al dólar de casi un 60%, se redujo hoy al 9 por ciento.

"Es matemática pura", explica Germán Segré, especialista argentino en comercio exterior en el Mercosur. "Antes de la devaluación, el dólar valía en Brasil 1,21 real. Hoy vale 1,74, lo que da un 31% de devaluación. Si a esto le descontamos el 22 % de inflación mayorista que hubo en Brasil, descubrimos que la devaluación real de la moneda brasileña es hoy del 9 %", añade.

Según Segré, esa cifra es un promedio, "ya que algunos sectores pueden haber tenido una inflación mayor y otros menor, permitiendo un traslado diferente de la devaluación a los precios".

El año último el real llegó a devaluarse poco más del 80 %, cuando el dólar tocó un techo de 2,20 reales. Eso quería decir que para ganar lo mismo, un producto argentino debía ser cobrado un 80% más en reales, lo que hacía inviable cualquier venta en este país.

Pero para Segré, cuando el real se valorizó a 1,85 por dólar "ya volvió a ser posible retomar las exportaciones. Con el dólar a 1,74 real se puede exportar más que antes de la devaluación".

En el mismo nivel de ventas

Carlos Rosso, gerente general de Sancor en Brasil, lo confirma: "Ya estamos en el mismo nivel de ventas que antes de la devaluación, porque los precios de la leche aquí fueron subiendo, y al mismo tiempo nosotros mejoramos nuestra competitividad para no perder este mercado".

Según Rosso, la devaluación "está siendo digerida", y la empresa "ya está incluso aumentando su línea de productos en Brasil, algunos de ellos especiales, que se pueden vender a un precio mayor porque tienen un valor agregado".

Horacio Freire, presidente de la Cámara Argentino-Brasileña de Comercio, dijo a La Nación que la mayoría de las empresas argentinas "tiene ya grandes oportunidades de volver a entrar en Brasil, si es que había perdido mercado".

"La relación de cambio mejoró, y ahora sólo falta un poco de sagacidad y agilidad de los empresarios argentinos para aprovechar las oportunidades que existen", comentó el dirigente empresarial.

La tendencia del real es mantenerse en torno de la cotización actual, de 1,80 por dólar, según los economistas locales.

"No debe cerrar este año a más de 1,80", comentó la economista Gina Baccelli, del Lloyds Asset Managment.

La inflación mayorista, en tanto, que es la que importa para los exportadores, redujo su avance. Por lo tanto, los exportadores argentinos podrán trabajar con una expectativa del 10 por ciento de pérdida de competitividad, que según los entrevistados es absolutamente posible de absorber.

Frente a esta situación, ¿por qué no hay una euforia equivalente a la tragedia que fue la devaluación para la economía argentina?

Tango y autocompasión

"Porque a los argentinos nos gusta el tango", responde Segré. "Podemos seguir llorando, esperando que venga algún Estado a darnos subsidios, o podemos hacer crecer nuestras exportaciones, como ya lo están haciendo muchos. Hay que terminar con esa autocompasión tan típica de nosotros", destaca.

El 10% de competitividad perdida puede recuperarse, dice el especialista, mejorando algunos detalles operativos. Por ejemplo, mejorando el canal de distribución en Brasil, eliminando intermediarios, y dándole al comprador brasileño la posibilidad de pagar en un plazo mayor cobrándole más.

Frente a una devaluación real de menos del 10 %, Segré considera absurda la solución de trasladarse al Brasil. "Para instalarse en este mercado hay que hacer un planeamiento de muchos meses. ¿Encima atraídos por subsidios que se pueden perder del día a la noche? ¿Y aún para descubrir, instalado en el norte del Brasil, que el proveedor está en el centro, el comprador en el este y el consumidor en el sur?" Sin considerar, dice Segré, el costo mucho mayor de los créditos en Brasil, la mano de obra menos calificada, los impuestos en cascada y los gastos con beneficios sociales por trabajador, proporcionalmente más altos que en la Argentina.

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