Secretos verdaderos: el triunfo irreverente en pos de la transparencia

Los leaks, o filtraciones de documentos privados o clasificados, también pueden darse en el ámbito de las compañías
Paula Urien
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11 de abril de 2016  

Son irreverentes, saben de tecnología y tienen ideales. Una mezcla explosiva entre los jóvenes, los de treinta y pico y más allá, que quieren, y quizá logren, cambiar el mundo. Así se vio durante el escándalo internacional de WikiLeaks y se ve ahora en los Panamá Papers. Quién filtró documentos probablemente no se sepa jamás, pero su intención fue echar luz sobre la operatoria bajo la alfombra de algunas de las personas más influyentes del mundo.

La fuente, o whistleblower, dijo que pretendía "que los delitos se hagan públicos". De esta manera decidió quitar el manto de ocultamiento a las transacciones para que el mundo pudiera evaluar quiénes -entre los que figuran en los documentos- están cometiendo delitos y asombrarse por los altos rangos de algunas personas y personalidades que esconden su capital.

Frederik Obermaier (32) y Bastian Obermayer (38), dos periodistas alemanes del Süddeutsche Zeitung, recibieron más de 11 millones de documentos, correos electrónicos y contratos sobre sociedades offshore creadas por el hermético estudio panameño Mossack Fonseca. Según datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, el tamaño de la documentación de los WikiLeaks fue de 1.7 GB, mientras que el de los Panamá Papers es de 260 GB. Hasta ahora se trata de la filtración más importante que promete no ser la última.

Ya en 2006 había nacido WikiLeaks, una organización fundada por el islandés Julian Assange, que en ese entonces tenía 35 años y que se mantiene únicamente a través de donaciones particulares. Su objetivo es poner "los pelos de punta" de personas influyentes subiendo a su sitio Web documentos filtrados de interés público. Algunos de los últimos, por ejemplo, fueron miles de mails de Hillary Clinton.

Es quizás Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde 2012 para evitar su extradición a Suecia por una causa de abuso sexual (que él niega), quien mejor representa una nueva manera de ver las cosas, cibersubversiva, pero transparente, sin secretos sobre todo en materia de asuntos públicos.

Las fuentes se mantienen en el anonimato por razones obvias, pero son personas que tienen acceso a la información y deciden salirse de los canales normales instrumentados por la justicia para confiar en la opinión pública. No fue así con el ex analista de inteligencia estadounidense Edward Snowden, nacido en 1983 (33 años), que puso la cara y pagó las consecuencias. Filtró a la prensa en 2013 miles de documentos clasificados que dieron cuenta del espionaje que Washington ejercía a nivel masivo. Hoy está exiliado en Rusia.

La figura del whistleblower, o quien decide "mandar al frente" a personas, corporaciones u organismos gubernamentales empieza a formar parte de una suerte de conciencia ciudadana a la cual las empresas no pueden escapar, ya que cada empleado es un potencial whistleblower. El sitio RealRef, por ejemplo, es una comunidad laboral online y gratuita, donde cada usuario puede dejar referencias de los lugares donde trabaja y/o trabajó, de manera anónima, y puede leer las referencias de los demás usuarios. Se trata entonces de miles de fuentes anónimas que hablan, libre y públicamente, sobre las empresas. Así, las malas prácticas quedan expuestas, lo mismo que la marca empleadora. Son los nuevos tiempos.

Lo confidencial

Ya no lo es

Quienes trabajan en organismos gubernamentales y también en empresas privadas comienzan a sumarse a la operatoria del whistleblower, aquel que filtra información con el fin de que la opinión pública evalúe la legitimidad de las acciones

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