Señal de escepticismo en Wall Street

Un funcionario del Tesoro norteamericano convocó a inversores para debatir sobre la deuda argentina
Un funcionario del Tesoro norteamericano convocó a inversores para debatir sobre la deuda argentina
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29 de agosto de 2001  

WASHINGTON.- El secretario de Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro, John Taylor, abrió con una pregunta el diálogo con un pequeño grupo de inversores, con alta exposición a la Argentina, que habían llegado a su despacho de la mano de JP Morgan. Quería saber qué ideas circulan en Wall Street para los 3000 millones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) apartó para incentivar cambios en el perfil de la deuda argentina.

Por orden de Joyce Chang, la directora de mercados emergentes que organizó el viaje de Nueva York a Washington, los empleados de JP Morgan se negaron a difundir el contenido de la reunión. "Se discutieron ideas generales para incentivar una reprogramación voluntaria de la deuda", fue todo lo que dijo una fuente consultada en JP Morgan.

LA NACION pudo obtener más información con una docena de fuentes en Wall Street que habían entablado contacto con los fondos de inversión representados, que son, al mismo tiempo, clientes de sus respectivos bancos.

"El Tesoro quería escuchar propuestas, pero nadie llegó con una idea creativa para un canje o una recompra que resuelva el problema con los recursos disponibles", contó un analista después de averiguar qué había pasado.

Otra fuente consultada en Wall Street coincidió en que, en esencia, los invitados habían planteado que 3000 millones de dólares no serán suficientes para producir un cambio sustancial en el perfil de la deuda argentina.

El FMI comparte esa apreciación: el número dos del organismo, Stanley Fischer, aseguró anteayer que para la iniciativa -que tiene el sello del Tesoro norteamericano- serán necesarios más fondos, que según fuentes del equipo económico argentino podrían salir del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

El secretario del Tesoro, Paul O´Neill, que impulsó la idea de una reestructuración forzada de la deuda argentina para imponer pérdidas sobre los inversores, al final se tuvo que conformar por la resistencia que presentaron el ministro de Economía, Domingo Cavallo, y el FMI con un esquema tan novedoso como falto de precisiones.

Para aplacar la crisis financiera de la Argentina, el FMI ofreció hace una semana un nuevo préstamo especial de 5000 millones para reforzar las reservas, y otros 3000 millones para realzar (el término que utilizan en inglés es "enhancement") operaciones de reestructuración de deuda, ya sea mediante una recompra o un canje con garantías.

¿Cómo se puede hacer un canje voluntario que importe para la Argentina una reducción de la deuda? ¿Existe alguna amenaza velada para forzar a los inversores a tomar pérdidas de manera voluntaria?, le preguntaron anteayer a Fischer.

Situación riesgosa

"Creo que la gente en los mercados percibirá que puede tener un título más seguro del que tiene ahora, en una situación que parece riesgosa. Si ustedes quieren llamar a eso amenaza velada, es cosa de ustedes", dijo el número dos del FMI.

Fischer contó que otro objetivo es bajar los intereses de la deuda, especialmente en el corto plazo, pero aclaró que aún están evaluando alternativas, y que el FMI no sabe cómo será al final la operación, que puede demorar meses en tomar forma definitiva.

Una fuente del Departamento del Tesoro dijo anteayer a LA NACION que el papel de los Estados Unidos se limitará básicamente a "juntar ideas", y aclaró que el papel protagónico es del FMI.

De todas maneras, el interés norteamericano puede facilitar la recolección de nuevos fondos, según interpretan en Wall Street, aun cuando el Tesoro haya indicado que no está dispuesto a poner garantías, como lo hizo en su momento Nicholas Brady.

Continúa el debate

Taylor, según contaron algunos invitados a su despacho, dijo que los Estados Unidos estaban conformes con el resultado, porque incluía provisiones novedosas.

Lo mismo había dicho en público, y ningún inversor esperaba que el secretario de Asuntos Internacionales les diera información privilegiada, algo que es ilegal, como se apuraron a señalar en otros bancos de los Estados Unidos.

El principal experto del Tesoro en el caso argentino se limitó a escuchar, y, según trascendió en Wall Street, tendrá más reuniones para recibir ideas sobre el destino de los 3000 millones.

Hoy mismo Taylor recibiría a otro grupo encabezado por el Deutsche Bank, aunque nadie quiso confirmar el dato en esa entidad.

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