Ser empresario extranjero en China, una decisión de riesgo

Pequeños y medianos emprendedores cuentan que se encontraron con fuertes trabas burocráticas a la hora de iniciar sus negocios; las controversias laborales y el marco para resolverlas contribuyen a que el clima sea poco amigable para el inversor
Dan Levin
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8 de noviembre de 2015  

En China, las pymes pueden ser vulnerables
En China, las pymes pueden ser vulnerables Fuente: Reuters

PEKÍN.- Con la bendición de funcionarios locales, Amir Porat, un empresario israelí, instaló una fábrica de instrumental médico y quirúrgico en 2013 en la provincia costera china de Jiangsu; capacitó personal y recibió pedidos. Todo lo que necesitaba para iniciar la producción era un equipo de moldeo diseñado especialmente en Israel que costaba US$ 250.000.

Más de dos años después y luego de asumir costos por un millón de dólares, aún aguarda el embarque. Funcionarios aduaneros chinos le exigieron un permiso para importar dispositivos médicos, si bien Porat insiste en que el equipo es maquinaria de fabricación común. El año pasado, decidió cerrar la fábrica antes de poder ponerla en marcha.

"Tuvimos que pagar salarios y alquileres" cuenta Porat por teléfono desde Israel. "No somos una compañía grande y no podíamos costear las interminables pérdidas". En este momento de desaceleración del crecimiento, Pekín ha buscado asegurar a compañías extranjeras que China es un lugar amigable para hacer negocios. En un discurso ante líderes empresariales estadounidenses en septiembre, el presidente chino, Xi Jinping, se comprometió a proteger los derechos de los inversores extranjeros y ofrecer "un campo de juego equitativo".

Pero los problemas que enfrentaron Porat y otros empresarios extranjeros muestran algunos de los desafíos que se enfrentan. Si bien China atrae con las oportunidades, mano de obra más barata y el inmenso mercado que ofrece, a menudo frustra con una burocracia desconcertante, corrupción enraizada y un sistema legal bizantino, según los expertos.

"Existe la sensación de que hay menos pymes dispuestas a dar el salto y venir a China", dice Chet Scheltema, socio gerente de Dezan Shira & Associates, consultora especializada en inversión directa extranjera en Asia. "Se muestran un poco más cautas y cerramos un número sorprendente de compañías", afirma.

Ciudades grandes como Pekín, Shanghai y Guangzou han atraído en los últimos años a miles de empresarios expatriados que abrieron restaurantes, consultoras de marcas y otras firmas. Ayudaron a transformar una economía dominada por mucho tiempo por la manufactura, la construcción y el gasto en infraestructura del Estado.

En China, los empresarios extranjeros pueden ser los más vulnerables. Muchos carecen del peso político y los recursos de corporaciones multinacionales o sus pares locales. También pueden carecer de contactos personales que se necesitan para superar vallas burocráticas no previstas.

Tras una reciente encuesta, un consejo de negocios de EE.UU. y China reveló que 97% de las compañías, incluyendo grandes multinacionales, dijo que no contaba con las ventajas financieras, el acceso a contratos y la facilidad de obtención de licencias que sí reciben las empresas estatales.

"Cuando uno habla con otros expatriados sobre establecer una empresa, una de las primeras cosas que le dicen es que tenga cuidado", dijo Reza Afshar, fundador británico de una compañía de comercio electrónico en China que vende máscaras faciales, purificadores de aire y productos de protección contra la polución. "Todos conocen alguna historia de alguien que se quemó en el mundo de los negocios chino".

Afshar dijo que no vio las señales de alerta. Más tarde descubrió que el joint venture que creó un amigo chino era en realidad una empresa de propiedad totalmente china. Afshar aparecía como accionista minoritario, aunque pagó 70% de los costos de registro.

Al crecer el negocio, su socio, según Afshar, comenzó a desaparecer de las operaciones diarias y luego partió en una serie de vacaciones en el extranjero. Afshar tuvo que hacerse cargo del trato con clientes, proveedores y empleados, dijo. El socio amenazó con sabotear la compañía a menos que se le comprara su parte y al mismo tiempo se le garantizara recibir 50% de las ganancias futuras.

El socio, AJ Song, describió por su parte la asociación en términos más equitativos, pero confirmó que usó sus ventajas como chino nativo para negociar con dureza para obtener lo que consideraba que merecía. "Dije que si quería terminar mal, podía quitarle todo, porque todos los contactos son míos", expresó.

Afshar vendió la compañía y viajó a Londres. No tiene planes de regresar. "Es demasiado alto el riesgo de que le jueguen sucio a uno en China", dijo.

El gobierno chino ha intentado en los últimos años mejorar el ambiente de negocios fortaleciendo la protección legal. Pero los críticos dicen que las relaciones políticas y la corrupción socavan el derecho.

James Zimmerman, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en China, dice que sigue habiendo preocupación por la interferencia de las autoridades en los procedimientos judiciales.

Para muchos dueños de empresas internacionales, las disputas no siempre se resuelven favorablemente, incluso cuando existen claras protecciones legales.

Neil Schmid tenía grandes expectativas cuando, en 2012, llegó a Pekín para iniciar DKT, una organización de salud global que provee anticonceptivos a más de 50 millones de personas en el mundo en desarrollo. Pero en vez de concentrarse en la venta de condones, Schmid tuvo que enfrentar una serie de disputas con empleados jerárquicos.

Por ejemplo, dice que se vio forzado a echar a una gerenta de ventas porque sospechó que había robado US$ 60.000, y también a quien la reemplazó, que, según cree, falsificó documentos. "Era como vivir con una serpiente bajo el escritorio" cuenta Schmid. Rápidamente descubrió que para resolver el caso a través del sistema legal chino no bastaba con presentar evidencias. Las autoridades tienen amplia discreción para aceptar o no un caso y no hay estándares claros.

"La policía china rara vez acepta casos como el nuestro, en el que el monto de dinero involucrado no es demasiado y no hay presión o atención al respecto", dice Sun Wenjie, un abogado contratado por Schmid para manejar el asunto.

Sun urgió a Schmid a presionar a la gerenta de ventas para que se "arrepienta" y devuelva el dinero. La gerenta de ventas finalmente acordó hacerlo, pero quedó con su reputación intacta. Li Shiying, la ex gerenta de ventas, no quiso responder preguntas sobre la disputa. "El caso está cerrado", dijo. "Si perdí, perdí".

En 2008, el gobierno chino aprobó una ley para clarificar los deberes de los comités de mediación y arbitraje, que daba a los trabajadores mayor capacidad para buscar soluciones a sus demandas de violaciones a las leyes laborales, según el China Labour Bulletin, una organización de derechos laborales con sede en Hong Kong. Desde entonces, la cantidad de disputas laborales se ha más que duplicado, a 715.000 en 2014, según el ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social.

Aunque la ley requiere que el arbitraje se concluya en 60 días, muchos casos llevan hasta ocho meses.

Para muchos empresarios, el escenario legal es cada vez más difícil de navegar. Dice Mark Natkin, consultor estadounidense en Pekín: "La policía no quiere registrar una denuncia, las cortes no quieren más casos y el gobierno alienta el arbitraje".

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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