El ascenso que no quiere llegar

La clave para progresar es que el jefe conozca cuáles son las aspiraciones
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29 de noviembre de 2015  

Llevamos determinado tiempo trabajando en una organización que trata de retener a su gente, que maneja proyectos interesantes y que cada vez que se presenta una vacante, mira inicialmente hacia adentro para escrutar si cuentan con algún candidato interno en condiciones de asumir mayores responsabilidades.

Podríamos decir que si estas condiciones se dieran en forma consistente a lo largo del tiempo, muy pocos de los colaboradores estaría pensando en emigrar. Sin embargo, pasa el tiempo, hemos aportado nuestra energía, nuestros valores y nuestros conocimientos al servicio de los resultados del negocio, pero parecería que a la hora de promover a alguien siempre eligen a otra persona.

¿Cuál sería la mejor manera de abordarlo de forma productiva? Quedarían fuera del análisis tanto la eventual torpeza de quienes deciden como las eventuales malas artes de quienes han sido elegidos en el pasado, ya que no podemos cambiarlo.

La primera invitación es entonces a mirarnos para adentro, a analizar nuestro desempeño de la forma más desapasionada posible, lo que logramos y como lo logramos, qué valores evidenciamos en el día a día de los negocios. Si bien pudimos haber sido eficaces, ¿hemos sido eficientes? Si alcanzamos los objetivos ¿fuimos sanamente inconformistas o nos hemos dormido en los laureles? ¿Colaboramos con pares que tenían sus objetivos en riesgo de no ser alcanzados? ¿Hemos hecho aportes para la mejora de procesos o para dar mejor servicio a clientes internos o externos?

Si somos asertivos respecto de nuestras responsabilidades, ¿hemos tenido el coraje de defender posiciones cuando no coincidían con las de nuestros jefes? Si bien tenemos los conocimientos necesarios para la labor ¿buscamos enriquecernos e incorporar nuevas habilidades según mutan los mercados y la sociedad en general? Si bien somos honestos y fieles, ¿estamos comprometidos con el clima de trabajo, el respeto por los colegas? Y las preguntas podrían seguir, pero tal vez cada uno deba hacerse las propias, las que incumben más directamente con la propia realidad cotidiana. Sería asumirnos como nuestros propios Gerentes de Capacitación y Desarrollo.

Todos somos responsables de mejorar cada día más allá de que nuestros jefes hayan detectado o no la oportunidad o de que Recursos Humanos tenga o no presupuesto para inscribirnos en una actividad. Sin dudas, alcanzaremos un mayor nivel profesional que nos permitirá la oportunidad que buscamos en esta o en otra empresa. Por último, no nos olvidemos que es necesario que nuestras aspiraciones sean conocidas. Explicarlas con respeto, ubicación y sentido de oportunidad siempre suma y nos acerca a formar parte de la terna finalista.

Director de AL Grupo Humano

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