Si las restricciones paralizan, la gran pregunta es cómo salir del corralito

El dinero atrapado en los bancos dispara un debate: ¿es posible reconstruir la confianza en el régimen financiero local?
Silvia Stang
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27 de enero de 2002  

Un laberinto. Más que en un corralito, los depósitos bancarios y no sólo ellos, sino toda la economía o más aún, todos los habitantes del suelo argentino están en un gran laberinto. La pregunta es si quienes conducen lo hacen hacia la salida correcta o si sólo dan vueltas sin saber adónde ir, o si se acercan cada día a la boca del león.

Pensar en la salida del corralito es pensar en mucho más que en el sistema financiero. Es pensar en el rol que se pretende para los bancos en el esquema productivo, hoy paralizado por la restricción de los medios de pago que deja como consecuencia, justamente, el encierro de los recursos.

Y es pensar en qué es necesario para que, en un país que destruyó la credibilidad paso a paso, pueda volver a existir tal confianza que permita abrir la puerta del corralito sin temor a que inmediatamente la gente corra a las ventanillas de los bancos a llevarse absolutamente todo lo que es suyo.

Cuestión de confianza. Después de todo, fue la falta de ella lo que generó en gran medida que en 2001 se fueran 20.000 millones, entre pesos y dólares, de los depósitos. Pero... ¿llegará alguna vez ese momento en que los bancos sean capaces de retener el dinero de los ahorristas sin la protección que hoy da el Estado para evitar las fugas?

Sin banca local

Quien no crea que la pregunta amerite una respuesta positiva, debería escuchar a quienes hablan de un país sin sistema bancario propio, con operaciones off shore .

Sería un cambio, claro está, demasiado fuerte, resultante de decisiones políticas complejas que, de acuerdo con las señales dadas desde el gobierno de Eduardo Duhalde, están de momento descartadas.

Para el economista del CEMA Carlos Rodríguez, por caso, "la solución al corralito es rescatar los pesos y dolarizar con las reservas existentes". La propuesta indica que, con lo que quede en el sistema bancario, las entidades deberían emitir certificados de cuotaparte para los ahorristas, que serían papeles negociables. El esquema se completaría con la creación de un fideicomiso "central" que descuente los certificados de cada entidad; el cierre del Banco Central y la habilitación para el ahorro off shore , "porque la banca nacional ya no es viable y crédito no va a haber por muchos años", según sentencia el ex viceministro de Economía.

"Lo primordial es dejar que el dólar sea nuestra moneda, porque sin medios de pago, en una economía de trueque, nadie sabe cuál es el piso para la caída de la actividad", advierte.

Claro que el actual gobierno parece haber pasado ya de largo por el cartel que en el laberinto señalaba el camino hacia la dolarización. ¿Por dónde seguir? "Nosotros proponíamos, cuando llegó esta gestión, una transición hacia la dolarización. El esquema híbrido que se pretendió a principios de enero era el peor de los mundos y, antes que eso, es preferible la pesificación", apunta el economista del Ieral Jorge Vasconcellos.

La pregunta sería si esa pesificación no es el paso previo a la licuación de los ahorros -a lo cual Rodríguez diría que sí-. "Aunque se impusiera un factor de corrección para actualizar el valor de los depósitos, podría haber un rezago", advierte Vasconcellos.

Desde la Fundación Capital, Carlos Pérez coincide con Aldo Abram, titular de la consultora Exante, en que un grave error cometido el año pasado fue la limitación para las tasas de interés otorgadas por los bancos.

"Se buscó apagar el incendio con nafta", sentencia Pérez. Lo cierto es que la medida del Banco Central generó, según Abram, que, a igual rendimiento, la gente prefiriera mover su dinero hacia las entidades consideradas más fuertes. Y los grandes inversores optaron por retirarse de un sistema que no les daba una compensación acorde con la tasa de riesgo.

Por eso, para Abram, la senda por seguir implica la eliminación de los topes a la tasa de interés, la posibilidad de ahorrar nuevamente en dólares, la libertad de transferencias entre bancos y una acción del Banco Central como prestamista de última instancia, pero también como liquidadora de entidades inviables. De no operarse eso, según el economista, estaremos yendo hacia un rincón oscuro del laberinto, en el que los ahorristas definitivamente no tendrán otra que aceptar que los estafaron.

Proyecto macroeconómico

¿Y entonces? ¿Cuándo salimos del corralito? "El corralito se va a ir abandonando en la medida en que se recupere la confianza. Depende de la actitud del Gobierno", señala Abram. Y recita la lista de deberes: ejecutar la reforma del Estado, ordenar el gasto público, lograr el equilibrio fiscal, reestructurar la deuda, aprobar un nuevo esquema de coparticipación y encarar serias reformas de los sistemas previsional y de salud.

La liberación de los depósitos, sintetiza Pérez, tiene que ver nada más y nada menos que con la reconstrucción macroeconómica de la Argentina. Pavada de desafío. "Sólo en la medida en que haya una política fiscal responsable y se instrumenten las reformas pendientes el Gobierno va a tener la posibilidad de ir a acordar con el FMI", recuerda.

Por de pronto, el economista de la Fundación Capital cree que la liberalización completa de los depósitos, dejando la posibilidad de que los bancos se las arreglen con sus desconfiados clientes, llevaría a la quiebra del sistema, porque las entidades financieras deberían presionar a sus acreedores en medio de una profunda recesión.

Y agrega Pérez que si ante el riesgo de caída de entidades se hace actuar al Banco Central otorgando más redescuentos para que los ahorros se devuelvan en pesos, "terminaríamos con una emisión monetaria tremenda y los billetes que devolverían servirían tanto como para empapelar la casa".

Mientras tanto habría que permitir un mayor uso de los recursos aún dentro del sistema restableciendo los medios de pago. En tal sentido, la flexibilización sería una opción correcta.

"El dinero bancario debe comenzar a circular. El potencial de pesificación con las nuevas medidas es de unos 20.000 millones. Ahora es más controlable que antes el riesgo del vuelo hacia la calidad", es decir, la huida de un banco hacia otro, debilitando parte del sistema, apunta Vasconcellos.

Roberto Alemann coincide en que un presupuesto coherente, un acuerdo con el Fondo y la decisión de un mercado de cambio único son los pasos ineludibles para ir hacia la bendita salida. Pero el ex ministro de Economía hace una advertencia sobre el orden de prioridades a la hora de pensar soluciones. "Más que la salida del corralito, a mí me preocupan la falta de importaciones, la paralización por falta de medios de pago, porque si no se paga no se importa, y muchas actividades dependen de eso", explica.

Para Alemann, las propuestas de offshorización -que, además de los economistas del CEMA, propone, entre otros, Gabriel Rubinstein- no son viables. "En este momento el objetivo es insertar a la Argentina en el mundo, resolviendo sobre todo el problema de la falta de importaciones. Porque en esta situación, muchas fábricas no van a seguir", insiste, tras apuntar que el corralito es una política de transición. Y lo importante es ver un poco más allá, cuál es la meta.

Ese ver hacia dónde vamos implica saber de antemano bajo qué variables se moverá la economía; en otras palabras: ser previsibles. Eso es lo que cree, al menos, Ricardo López Murphy. "Se necesita un presupuesto financiable, un régimen monetario y financiero previsible, regulaciones previsibles. Básicamente, lo que hacen todos los países del mundo", apunta el economista de la consultora FIEL.

Qué hacer con los bancos

En síntesis: el camino para recuperar la confianza implica decisiones que exceden al régimen financiero. Pero no se pasa por alto la necesidad de una regulación que afirme un sistema bancario sano. Parece ser que quienes se alejan de la alternativa de una offshorización creen que para los bancos hay vida después de los cacerolazos.

"Constituir los depósitos en el exterior no es viable. Se requiere un rediseño de la banca. Las entidades públicas podrían actuar como de segundo piso, en forma unificada, y dejando las redes de sucursales al mercado", propone Dante Sica, del Centro de Estudios Bonaerenses (CEB). La opción del off shore, en cambio, implicaría que los bancos tomen depósitos a cuenta de sus casas matrices en el exterior.

El director de Argentine Research, Rafael Ber, tras coincidir en que la reconstrucción de un punto de apoyo para el arranque de la economía es vital, sostiene que la confianza lo es casi todo. "Si hoy se permite a un banco devolver los depósitos, seguro que no va nadie a buscarlos, porque ese banco estaría dando una buena señal", apunta.

Para Ber, es una paranoia estar haciendo cambios constantes en el sistema: "Hay que decir algo y después sostenerlo. Cuanto menos se interviene, mejor". Siguiendo ese argumento, es cierto que, cuantas más vueltas nos hagan dar por los vericuetos del laberinto, menos vamos a confiar en que, en algún momento, se llegará a la salida.

Economistas dixit

Carlos Rodríguez

  • "Hay que dolarizar, porque es prioritario que tengamos un medio de pago. Con el dinero que después de eso quede en el sistema los bancos deberían emitir certificados negociables."
  • Roberto Alemann

  • "El corralito es una política de transición. Lo más urgente es destrabar las importaciones para que no se trabe la actividad en las fábricas que dependen de esas operaciones."
  • Ricardo L. Murphy

  • "El corralito agudizó el problema que representa cuando pasó a ser un instrumento de control de cambio. La salida es hacer un plan macroeconómico previsible."
  • Aldo Abram

  • "Hay que eliminar los topes a las tasas de interés y permitir el ahorro en dólares. El Banco Central debe ser prestamista, pero también debe liquidar las entidades inviables."
  • Control sobre el dólar

    En la opinión de Ricardo López Murphy, el corralito financiero agudizó el problema que en sí mismo representa, cuando pasó a ser "un instrumento de control de cambios". "Eso es algo totalmente contraindicado", según señala el ex ministro de Economía.

    La decisión tomada por el Gobierno de impedir la compra de dólares con cheques, con débito de cuentas bancarias o con cualquier instrumento que no sea el dinero en efectivo, se observa como consecuencia de no haber instaurado un único tipo de cambio, tal como reclama Roberto Alemann, o de fijar una nueva convertibilidad "a 1,40", según apunta Abram.

    "Al no haber un único tipo de cambio hay que restringir la liquidez para que no se dispare el dólar", observa Dante Sica, del Centro de Estudios Bonaerenses. Y ésa es la razón por la cual la decisión política sobre el tipo de cambio también está entre los temas en los que se enreda la búsqueda de una solución al corralito.

    De hecho, uno de los principales temores que demoraron la decisión de flexibilizar el uso del dinero depositado o la habilitación de excepciones -como la mayor disponibilidad para los ancianos, enfermos e indemnizados- fue el de una disparada en el valor del dólar libre. Finalmente, las restricciones para la compra de divisas antecedieron a la vigencia de esas medidas, lo cual tranquilizó los ánimos en el poder.

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