Sistemas modernos de organización laboral: todos ganan, todos pierden

Marcelo Resico
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29 de junio de 2014  

En los sistemas modernos de organización se ha superado en buena medida el conflicto de interés clásico entre trabajo y capital: es decir el de la situación de suma cero (si uno gana, el otro pierde, o viceversa) en la distribución del ingreso entre beneficios y salarios. Los sistemas laborales más exitosos tratan este conflicto dentro del marco más amplio de la colaboración mutua. Los protagonistas son las asociaciones de trabajadores y de empleadores. Estas son las partes que negocian los convenios colectivos en el marco de la libertad de asociación.

Este tipo de mediación en la toma de decisiones, dentro de un marco institucionalizado, alivia el rol del Estado. Este transfiere el protagonismo a las asociaciones, y se limita a ser un árbitro, con lo cual se busca la despolitización de los conflictos laborales. Asimismo se incentiva a las principales fuerzas sociales a resolver conflictos de interés por vía del consenso.

Se entiende que los conflictos laborales causan fuertes pérdidas a la economía y pueden generan situaciones de desabastecimiento. La disposición al consenso es muy importante para mejorar la competitividad de las empresas y del país. En las negociaciones no sólo se abordan temas referidos a intereses divergentes, como la distribución de los resultados entre trabajo y capital, sino también a objetivos comunes, como preservar la competitividad de la empresa.

Como se trata de economías basadas en la innovación tecnológica, nuevos productos, procedimientos y formas de organización generan cambios en la estructura de la producción, y por tanto del trabajo. La dinámica se traduce en variaciones en los empleos en determinados períodos. Este dinamismo incrementa el bienestar, pero cuando implica que una persona queda desempleada de manera involuntaria se entiende que es la sociedad –a través de la política pública– la que debe apoyarla financieramente y en la búsqueda de un trabajo equivalente.

En una economía moderna no se puede negar el desempleo ni prohibirlo por decreto. Tampoco se puede ocupar a todos los desempleados como empleados públicos porque se compromete la sustentabilidad de las cuentas fiscales, además de ser ineficiente por su baja productividad.

Se entiende que la empresa que funciona incorrectamente por decisiones desacertadas vaya a la quiebra y se desprenda de sus trabajadores, y las que toman decisiones acertadas prosperen y requieran más trabajadores. No conviene obstaculizar este proceso puesto que se produce un incentivo para la mejora que de otra manera no existiría.

El problema aparece cuando se acumulan las quiebras en todo un sector (una crisis del sector bancario o de las pymes) o en la macroeconomía. En estos casos la causa no es la decisión empresarial, sino que la política sectorial o macroeconómica pública inadecuada y los desempleados deben pagar el costo de los errores de los funcionarios y los políticos.

En este ámbito, los países realizan políticas para evitar ciclos pronunciados. Aplican políticas expansivas en los períodos recesivos en los que trepa la desocupación (como sucedió luego de la crisis 2001-02 en la Argentina y de las hipotecas en los países desarrollados), para estimular el nivel de actividad y el empleo. Y políticas moderadas o prudentes en los períodos expansivos-inflacionarios (como se realizó a nivel internacional en los años 80 y como debería haber sido en nuestro país a mediados de los 80 y a partir de 2006-07).

Este enfoque encara el cambio y el manejo del riesgo empresarial mediante la combinación de la institución del mercado, en conjunto con una red de seguridad social. Esta última cuenta con un seguro de desempleo que cubre una parte importante del salario y se prolonga durante un período limitado.

En ese período existen programas laborales activos de capacitación y asistencia a la búsqueda de empleo cuyo objetivo es la reinserción laboral, con lo cual el desempleo se torna más tolerable. De no tenerlos es probable que la población, en sociedades democráticas, se inclinara hacia partidos con propuestas contrarias a un sistema que incentiva el crecimiento económico por considerarlo injusto.

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