Sueldos bajos y precariedad laboral frenan el desempleo

El índice de octubre, que se conocerá el mes próximo, sería como el de mayo, del 21,5 por ciento
Silvia Stang
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25 de noviembre de 2002  

La desaceleración de la caída del empleo en las empresas privadas amortiguará lo que podría ser un nuevo incremento de la tasa de desocupación.

Serán la influencia del plan social otorgado por el Gobierno y la de quienes salen a hacer changas en forma intermitente o a "cartonear" las principales razones por las que la desocupación medida en octubre -pero que se conocerá el mes próximo- se ubicaría en un nivel similar y quizás algo inferior al de mayo, cuando el desempleo alcanzó el récord del 21,5% de la población activa. En síntesis, el índice no sufre mucho riesgo de dispararse, pero a costa de una mayor precarización laboral y de menores ingresos.

Ese es el escenario más probable que avizoran los economistas consultados por LA NACION respecto de qué podría esperarse cuando el Indec informe, en diciembre, el resultado de la encuesta de hogares realizada el mes pasado.

En algunas consultoras aguardan un incremento de la desocupación, pero basan el análisis en lo que puede haber ocurrido con la generación de empleo genuino, sin considerar el peso de los que aparecerían en las estadísticas como ocupados por contraprestación del plan de subsidios para jefes y jefas de hogar. La manera en que ese factor influye sobre el índice es igualmente muy difícil de prever.

"Nosotros creemos que la tasa de octubre se ubicará en un 21,9%", apuntó Gabriel Sánchez, director de investigaciones del Ieral, el instituto de economía de la Fundación Mediterránea. La estimación está justificada por la evolución que tuvo la actividad económica a partir de mayo.

Desde entonces, recordó Sánchez, la industria registró una mejora del 8 por ciento, aunque, como es un sector que aporta sólo un 20% de las fuentes laborales, no alcanza para compensar las caídas en la construcción (-5,3%) y en los servicios (-3,2%), dos actividades que representan el 65% del empleo. "La industria debería crecer 2,5 veces lo que cayeron la construcción y los servicios para compensar la cantidad de puestos", explicó Sánchez.

Menos empleo privado

Los datos del Ministerio de Trabajo muestran que entre mayo y octubre la ocupación formal privada se achicó en un 1,6 por ciento. Según ese informe, en el último trimestre y en términos interanuales se desaceleró la caída en la industria, pero se agravó en la construcción y en servicios financieros.

Para Ernesto Kritz, titular de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), el hecho de que bajó el costo laboral relativo por efecto de la devaluación lleva a pensar que la desocupación no mostrará un aumento significativo, pero sí que habrá un escenario laboral con ingresos de hasta un 20% más bajos de lo que eran un año atrás. Desde la consultora Ecolatina, Ricardo Delgado señaló que, aun considerando una leve recuperación de la economía en el último trimestre, la desocupación se ubicaría entre el 23,7 y el 23,9%. Ello, considerando que los planes sociales no constituyen empleo, sino asistencia social.

Delgado puntualizó que la recuperación actual de algunas actividades "tiene que ver con la industria que exporta, que no es la que demanda más empleo", aunque agregó que puede haber algún repunte en la ocupación de fábricas que sustituyan importaciones, como el caso de sectores textiles o de juguetes. "Pero eso tiene un límite, que es la demanda interna; por eso, hasta que no se recupere la construcción no se puede esperar mucho del nivel de empleo", sintetizó. Más allá del abaratamiento del contrato laboral, los economistas coinciden en que la encuesta mostrará una profundización de la precariedad del trabajo. La informalidad es un fenómeno creciente: "El quintil de ingresos más altos tiene hoy el mismo nivel de informalidad que tenía el quintil más bajo en los 90", puntualizó Artemio López, titular de la consultora Equis. López cree que esa proliferación de lo informal podría derivar en una leve baja del desempleo, que incluso podría mantenerse igual que en mayo si se considera el impacto del plan social.

"El mayor uso de las cuasi monedas, la doble indemnización por despido y la rebeldía fiscal contribuyen a la economía informal", agregó Sánchez.

"El empleo precario, según la última medición, era del 57%; ese índice va a aumentar", coincidió Jimena Calvo, de la Fundación Capital. Agregó que a ese hecho se le contrapone que hubo mucha destrucción de puestos en sectores formales, como los bancos y las compañías de servicios. Agregó que el desempleo será más bajo que en mayo, "aunque no estamos tan seguros de qué pasará respecto de octubre de 2001", cuando el índice fue del 18,3 por ciento.

Para Calvo, la entrega de planes sociales -estimó que 1,2 millón deberían ser los beneficiarios que hacen un trabajo a cambio- influirá en la medición con una intensidad difícil de predecir. ¿Por qué? En primer lugar porque no todos los planes fueron entregados en los aglomerados relevados por el Indec, pero además porque dependerá de la condición que tenía el beneficiario en la medición anterior: si estaba ocupado, desocupado o inactivo.

El drama de muchas familias

Cada vez más gente percibe bien de cerca el drama de la desocupación. Según los resultados de una encuesta realizada durante la primera semana del actual, dos de cada tres personas tienen algún desocupado en su grupo familiar.

El relevamiento, realizado por el centro de estudios Nueva Mayoría y que incluyó a 1200 individuos, reveló que un 65% de las personas tiene algún integrante de su familia sin empleo. En junio de 2001 (cuando la desocupación era del 16,4%) ese índice había sido del 55%, y en junio de 1999 (con un desempleo del 14,5%) llegaba al 38 por ciento.

El informe de la consultora sostiene que los resultados obtenidos implican “que en dos tercios de las familias hay un desempleado, lo que proyecta el problema sobre el conjunto de la sociedad”. La encuesta indagó también sobre la condición social de los consultados, y obtuvo que el índice que señala cuántas personas tienen un desocupado en su familia es mayor en la clase baja (66%) y menor en la clase alta, aunque de todas formas el porcentaje es considerable (56 por ciento). Entre los miembros de la clase media un 65% dijo que tenía un integrante de su familia sin un puesto de trabajo.

En relación con la intención de voto de los consultados, es entre quienes dicen que no votarán a ningún candidato donde se da el índice más elevado, el 74 por ciento. Le sigue el grupo de los indecisos, entre quienes el 73% dice tener un familiar desocupado, y el de los que creen que votarán a Carlos Menem (71%). Por el contrario, se detectó un índice más bajo entre quienes tienen pensado votar a Ricardo López Murphy (56%) y a Elisa Carrió o Adolfo Rodríguez Saá (57% en cada caso).

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