Testimonios de afectados por el cambio climático

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6 de diciembre de 2009  • 03:02

Antonio Alvarez Nieves, ganadero santacruceño

RIO GALLEGOS.- En la estancia La Porfiada, el productor Antonio Alvarez Nieves logró revertir el destino de campos condenados al abandono. En medio de la estepa patagónica, sin períodos libres de heladas, con lluvias anuales de 150 milímetros, nevadas frecuentes y suelos arenosos –como gran parte del territorio patagónico afectado por la desertificación–, sembró en la parte más árida de su estancia 200 hectáreas de pasturas en campos de secano y consiguió revertir el destino de la tierra. "Logré pasturas para las ovejas Corriedale y además mejoró de 10 a 14 veces el rendimiento del suelo", destaca Antonio. Claro que no le salió gratis: requirió mucha inversión en tecnología, una selección de semillas importadas de países nórdicos y muchos años de voluntad y espera.

Mariela Arias



Julio Vizgarra, ripiero santiagueño

SANTIAGO DEL ESTERO.- Con frío, calor, lluvias o heladas, Julio Vizgarra, conocido en su barrio como Mula, se levanta al alba y se encamina hacia el río Dulce para extraer ripio o canto rodado. Pero de un tiempo a esta parte algo cambió en el río y Julio lo atribuye al clima que tanto ha cambiado en Santiago. "Antes había un calor más seco, que se lo soportaba más. Nos metíamos en el río en pleno verano y con mojarnos la cabeza cada tanto tirábamos", comenta Mula. Desde hace algunos años las sequías son más prolongadas, pero las lluvias de verano son importantes. "Ahora que empieza a llover por el calor, el río aumenta su caudal y se hace difícil hacer pie. En los últimos años el río se desbordó varias veces y era imposible entrar. La verdad es que bajó mucho nuestro trabajo."



Mauricio Cadillo, guía de montaña de Bariloche

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- El deshielo de los glaciares de la cima del cerro Tronador (3478 metros sobre el nivel del mar), en el Parque Nacional Nahuel Huapi, afectó la excursión al pico Argentino que hace diez años había comenzado a organizar el guía de montaña Mauricio Cadillo desde el refugio Otto Meiling (a 1900 msnm). Era un atractivo que convocaba a 70 turistas por temporada. "Dejamos de hacer la excursión al Argentino desde hace dos años porque el corrimiento del hielo hizo que en los últimos metros hubiera mucha roca descubierta, de una manera que no había visto antes. Preferimos no arriesgarnos con los turistas", relata el guía especializado en glaciares. Siete años atrás "era fácil porque era todo hielo y ocasionalmente tocabas una roca ".



Osvaldo Hecker, agricultor y ganadero bonaerense

STROEDER.- Las persianas están bajas hace tiempo. Las pocas vacas que quedan casi no se arriman a los bebederos, tapizados por una arena fina y caliente. Ni fango encuentra la hacienda porcina, acurrucada a la sombra de algunos árboles. Lejos de las espigas de trigo que se eternizaron en el límite de la etapa de brote, andan los lechones que se convirtieron en la única apuesta para que el campo le aporte unos pesos a Osvaldo Hecker, propietario de ese puñado de hectáreas destrozado por la extrema sequía del sur bonaerense. "Para el Día de la Madre vendí unos pocos y la próxima chance será Navidad, pero para entonces ya serán más que lechones", dice en estas tierras, que ya no habita. "Los campos se volaron y sin lluvias, no hay forma de fijarlos."

Darío Palavecino

Juan José Scienza, hijo de un hotelero cordobes

CORDOBA.- El hombre se para sobre los escombros y extiende su mirada sobre un paisaje que parece sacado de una película de catástrofe. En ese lugar de la localidad cordobesa de Miramar estaba el hotel Marina, propiedad de su padre, al que una inusitada creciente de la laguna Mar Chiquita tapó totalmente en 1981. Juan José Scienza tenía 20 años y trabajaba en el establecimiento: "Mis padres se deprimieron". La Mar Chiquita avanzó sobre sus márgenes desde los 70. Toda el área turística costera y parte de la población quedaron bajo la masa acuática. Juan se fue primero a trabajar al casino de Villa Carlos Paz. En 1990 regresó para instalar un canal de cable en una población vecina, Balnearia. En la actualidad, la Mar Chiquita está en ciclo de bajante, rodeada de charcos y suelos salinizados.

Juan Carlos Vaca



Guillermo Beckmann, horticultor santafecino

SANTA FE.- Uno de los sectores económicos más perjudicados por el cambio climático en esta región es el vinculado con las verduras, frutas y hortalizas, que durante el año soportó un fuerte impacto por la sequía y ahora, con precipitaciones abundantes, debe encarar períodos de inundaciones. Tomates, lechugas y zanahorias escasean. "El cambio climático fue y será trascendente en nuestra actividad. Nunca sabremos cómo acomodarnos para el futuro. Lo cierto es que siempre perdemos", explica el presidente de la Sociedad de Quinteros de Santa Fe, Guillermo Beckmann (der.), acompañado por un empleado. Semanas atrás solicitaron una asistencia oficial. "A esto se agrega que la fruta y la verdura que vienen desde otras provincias cada vez está más cara", lamenta. Por José E. Bordón



José Fernández, ganadero mendocino

MENDOZA.- Los ganaderos de las zonas áridas saben que la carencia de lluvias es una adversidad con la que conviven casi todo el año, pero la extrema sequedad de este 2009 parece quebrar cualquier resistencia. José Fernández, productor de General Alvear, es uno de los damnificados por la pérdida del 30% de rodeos a causa de este fenómeno climático que en Mendoza se refleja en la muerte de cerca de 120.000 cabezas sobre un total de 550.000. Hace nueve meses que no llueve, lo que impide que pasturas como tupe, pasto de hoja y flechilla se renueven. El ganado pierde peso, se debilita y muere.

Tal situación los obligó a redoblar esfuerzos económicos para salvar sus rodeos. Como otros productores, administró suplementos con sales nitrogenadas que ayudan a la digestión del pasto seco, pero fue una solución poco efectiva para salvar el ganado. Incluso recurrió a pasto en rollos, cereales y alimento balanceado, pero reconoce que es una alternativa "sumamente antieconómica", cuyo único objetivo es "salvar la producción y especular un poco". Fernández considera que, de todas formas, el debilitamiento de la hacienda obligará a los productores a terminar vendiendo parte de su ganado porque no resulta rentable mantenerlo con esa alimentación de emergencia. Por Sergio Dimaría Armado Galloni, empresario salteño

SALTA.- El cambio climático produce variaciones notorias en la demanda y suministro de electricidad y en el caso de la empresa Temet representó un aumento del 100% de la venta de elevadores de tensión y del 30% de grupos electrógenos, cuenta su presidente, Armando Galloni. La empresa Temet, con 32 años de actividad, incorporó esos productos hace 14 años. Explica que los acondicionadores de línea o elevadores de tensión permiten proteger los electrodomésticos y todos los aparatos y sistemas que dependen de la energía y ejemplifica que en el caso de una heladera no es lo mismo el consumo cuando hay una temperatura de 35 grados que cuando es de 25. Los grupos electrógenos, por su mayor valor, sólo en casos de viviendas familiares grandes pueden requerirlos, pero la venta es a empresas que muchas veces los utilizan para un sector.



Luis Quarín, productor agropecuario de Catamarca

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Esta provincia se vio seriamente afectada por la sequía. Si bien Catamarca tiene un clima seco y árido, los productores coinciden en afirmar que en esta temporada se registró la "peor sequía en años". Esto provocó graves pérdidas en la producción agrícolaganadera de la provincia y castigó aún más a los pequeños y medianos productores que vienen de un par de cosechas malas. Luis Quarín es un productor agrícolaganadero de Santa Rosa, distante a unos 100 kilómetros de la ciudad capital. Es la zona agrícola por excelencia de esta provincia. Nació hace unos 75 años en el campo y heredó el oficio familiar. "Yo nací y me crié en el campo. Soy productor agropecuario", cuenta con orgullo. Cultiva unas mil hectáreas con citrus y granos y también cría ganado vacuno. Abastece al mercado interno y exporta, pero este año las pérdidas fueron tales que no tendrá qué vender. "La sequía es extraordinaria, hace muchos años que no se veía esto en Catamarca. Esto nos afectó enormemente porque los calores tan fuertes quemaron la fruta, que estaba cuajándose", comenta con pesar. En datos concretos, Quarín afirma que perdió el 95% de la producción de citrus, naranjas, mandarinas y limones que vende en otros países. Tenía previsto cosechar unos 3000 kilos de frutas y ahora sólo levantará unos 150, que, con suerte, podrá colocar en el mercado local, porque "al quedar tan poco, no les interesa a los exportadores", asegura. Con los granos la situación es similar. Quarín siembra soja y maíz. A raíz del conflicto entre el campo y Gobierno que se desató a principios del año pasado, los resultados de la producción 2008 no fueron tan buenos y ahora la sequía acentuó esa situación. "Es un año bastante difícil, pero ya venimos de otro año difícil. Por ejemplo, hace un par de años la producción de soja fue de 3600 kilos, el año pasado bajó a 1200 kilos y eso ya no cubre ni los gastos. Con el maíz pasa lo mismo, la baja es a la mitad, pasamos de producir 12/14.000 kilos a unos 7.000 kilos; y ahora, la producción va a caer todavía más. Hace cinco años que venía muy seco, pero esta temporada superó todo", asegura. En la zona, que es el Este catamarqueño, comenzó a llover hace unos 10 días, pero no alcanza para remedar las pérdidas, ya que "todavía no hay nada sembrado", advierte Quarín.



Alfredo Bel, arrocero de Entre Ríos

PARANA.– En la provincia rodeada y atravesada por ríos, la sequía suele azotar. Al punto que puede sufrirse una fuerte inundación en sus márgenes y los efectos de una tardía sequía entre sus lomadas.Hacia principio de la década de 1990 la producción trató de poner algo de previsibilidad hídrica y se construyeron represas para hacer viable los cultivos. Existen unas ochenta represas que se nutren del agua de superficie, diseminados en los departamentos de Villaguay, Federal, Feliciano y La Paz. Entre todas garantizaban una acumulación de unas 500 hectáreas de agua: una especie de oasis para los arroceros y un futuro promisorio para los acuicultores que idearon sembrar en esas aguas las especies de peces que comienzan a escasear en los ríos naturales. Sin embargo, las condiciones climáticas hicieron una mala jugada. Hoy las represas tienen menos aguas de la que sirven para el arroz y la cría de peces se verá demorada un tiempo más si las lluvias son tan irregulares y los ríos tan inestables. "La sequía obligó a frenar la producción de arroz prevista. De las 18 mil hectáreas sólo se producirá la mitad. El resto se utilizó para otros cultivos, como la soja por ejemplo, que necesita menos agua", dijo a LA NACION el productor agropecuario Alfredo Bel.

Precisó además que la falta de agua demora la inversión de los piscicultores. "El consumo de pescado crece en todo el mundo menos acá. Vemos que en el futuro la proteína más buscada será la que aporte el pescado. Chile exporta mucho pescado. En Entre Ríos estaba previsto hacer crecer la actividad en las represas, pero las sequías están jugando en contra", agregó.



Eduardo Salvador Gallo, productor de arándanos de Tucumán

SAN MIGUEL DEL TUCUMAN.- Cuando a inicios de la década se lanzó la producción de arándanos en Tucumán, pocos creían que no muchos años después las condiciones climáticas darían un vuelco tan rotundo que pondrían en riesgo la continuidad de esta actividad. "No sé exactamente si se trata del cambio climático o no, pero usualmente las heladas en esta provincia eran suaves, y desde hace tres años son muy fuertes e intensas. Por otra parte, también tenemos calores extremos, como los registrados el mes pasado, con temperaturas que rondaron los 45º centígrados durante varios días", expresó el arandanero Eduardo Salvador Gallo, que preside la Cámara de Productores de Arándanos de Tucumán. No es sencillo producir arándanos, dado que se trata de un cultivo intensivo que demanda una inversión de U$S 27.000 por hectárea, con costos muy elevados de cosecha, empaque y transporte, ya que esta fruta se comercializa en su totalidad en el mercado interno, principalmente en los países del Primer Mundo. En las últimas temporadas, el arándano de Tucumán se trasladó en vuelos directos a Estados Unidos -sin pasar por Ezeiza-, lo que mejoró los tiempos de la exportación, pero también representó un incremento de costos, en una actividad cuyos márgenes de rentabilidad son de exiguos a nulos.

"Ahora tenemos que invertir en sistemas antiheladas, pero nada podemos hacer contra el fuerte calor, que no sólo daña las plantas y los frutos, sino que impide la cosecha, que es manual", apuntó Gallo.



Alcides Aure, agricultor bonaerense

BAHIA BLANCA.- En la encrucijada de decidir liquidar o no su capital, hoy de 80 vacas y la próxima semana de 40, porque venderá la mitad, se encuentra Alcides Aure, un productor de la castigada zona de Stroeder, en el partido de Patagones, región cuyos campos siguen siendo azotados por los intensos vientos. Se convirtió en productor arrendatario de 750 hectáreas hace cinco años, después de haber sido jornalero y prestador de servicios. "Pude comprar la limpiadora de cereales. Antes de la sequía había abundante trabajo, no teníamos respiro", recuerda con pena."Yo vengo de una familia muy humilde. Con las mejoras económicas podíamos ampliar la casa y la calidad de vida. Desde la sequía comenzamos a restringirnos de tal manera que nos parece increíble", se lamenta. "Mi capital hoy son 80 vacas. La semana que viene voy a vender la mitad. Sufrí mucho para mantenerlas vivas, y el clima no quiere revertir la situación. El otro día cayeron 20 milímetros, pero no alcanza para solucionar el problema."

"El campo que arriendo no se voló porque no soy partidario de mover mucho la tierra, pero tengo vecinos a los que se les voló todo y tengo unos 1.500 metros de campo tapados por esa voladura. Son tierras arenosas, y si uno pasa muy seguido la máquina se vuela", detalla.



José Luis Zara, agricultor bonaerense

BAHIA BLANCA.- "La vida cambio terriblemente para todos los que trabajamos y vivimos del campo", afirma el productor José Luis Zara, quien en épocas normales cultivaba trigo y se deshizo de la mitad de su ganado para esperar el cambio del tiempo y de los precios del mercado. Hasta ahora sigue esperando.

"En los últimos dos años, los que pudimos mantener las vacas tuvimos que descapitalizarnos y sin alternativas para salir de la coyuntura. Veo el futuro destruido y muy difícil de revertir", remarca. "Hoy estamos descapitalizados. El problema más grave es que todo lo que se produce no tiene precios buenos. Todo lo que uno quiera hacer para revertir la situación, por más que llueva, si no tenemos precio no podemos revertirla", dice este ingeniero agrónomo de mediana edad y que apostó su conocimiento a la explotación en la zona de Stroeder, 200 kilómetros al sur de Bahía Blanca. "Yo tenía un rodeo de 350 vacas de cria. Parte tuve que llevar a la zona de Olavarría. Nos asociamos con otros dos productores para alquilar un lote de pastoreo. Mandé 150 y me quedé con 200. Eso me destruyó económicamente. Uno necesita malvenderlas para mantenerse; las vendí a $ 350 cada una".

"Dentro de lo que es mi campo no tengo casi nada volado, porque trabajé con cincel y sembradora, porque venía viendo que no había que usar arado de rastra. Uso herramienta vertical, no damos vuelta la tierra y eso es más rústico. En épocas anteriores hacíamos trigo, pero ahora la lluvia no alcanzó para nada. Estoy mejor que otros, pero económicamente sin un peso, porque ahora hay que salir a comprar semillas. Tenemos que esperar hasta febrero para empezar a sembrar pastoreo de invierno, si es que llueve", relata Zara.



Marcelo Gette, chapista pampeano

QUEMU QUEMU, La Pampa.– Marcelo Gette tiene 61 años, un oficio de chapista y el cargo de presidente del Club de Pesca de Quemú Quemú, La Pampa. Vive en esta localidad de unos 7000 habitantes, a 130 kilómetros al noreste de la capital provincial. El campo es central en su economía. "En diez años el paisaje cambió radicalmente: de una inundación se pasó a una tremenda seca", sostiene Gette. "En 2000, avanzó el agua sobre los campos pampeanos", cuenta. Quemú Quemú fue uno de los pueblos más afectados. Una de sus lagunas situada al noroeste del pueblo, conocida como el Bajo de Bárbulo, creció y creció: cubrió en total una superficie similar a 10.000 canchas de fútbol. A la mayoría la perjudicó. Otros trataron de sacar beneficios. "En la laguna sembramos pejerreyes. Se convirtió en la mejor laguna de la zona para pescar", cuenta. "De todo el país venían: había muy buena pesca y, además, eran ejemplares grandes", sostiene. "Un día llegamos a tener 130 lanchas en la laguna", jura. "Fue el boom de la actividad", dice. Gette tenía dos lanchas, que alquilaba. El boom de la pesca no sólo se produjo en Quemú. Hubo productores rurales de otras localidades que perdieron sus campos y decidieron cobrar entrada a los pescadores que querían ingresar a sus campos inundados. El gobierno provincial expropió esa zona y otros campos cercanos, por un total de 20.000 hectáreas. Serán utilizadas como un gigantesco reservorio de agua, ante eventuales nuevas inundaciones. Hoy, sin embargo, la famosa laguna se ha secado. Parte de las 10.000 hectáreas se están sembrando con girasol y soja. Los integrantes del club ahora tienen que organizar pescas en lagunas de provincias vecinas.



Sandro Trejo, un productor de sandía de Formosa

FORMOSA.- Sandro Trejo, un morocho cuarentón, habita el centro oeste de la provincia donde el promedio anual de lluvias apenas llega a los 600 milímetros, frente a los 1.400 de la zona este. Por eso fue que su pasión por el trabajo en la tierra comenzó desde niño y, pese a los fracasos que vio en la esforzada tarea de su padre, perseveró y le "buscó la vuelta" a la agricultura. "Escuché a los que saben y por eso fue que cuando se instaló el Centro de Validación de Tecnologías Agropecuarias, en la zona de Laguna Yema donde vivo, a 400 kilómetros de la capital, no dudé en consultarlos. Es más, hasta me dejaron compartir con ellos jornadas de ensayo y capacitación, y allí aprendí que para una zona semiárida como la nuestra la mejor y primera cosecha es el agua", expresó. "Mis primeros cultivos no dieron muchos frutos porque o no llovía o porque las heladas hacían lo suyo. Por eso opté por aplicar lo que aprendí", cuenta. Trejo optó por los zapallitos anco, las cebollas y las sandías, para lo cual limpió un predio de dos hectáreas donde encaró la siembra. En esta montó un equipo de riego por goteo simple y económico, que le permitió lograr un rendimiento de más de 3000 sandias por hectárea, con un peso promedio de 12 kilos. "Puedo asegurar que es mucho mejor cultivar dos hectáreas con riego que 20 o 40 hectáreas sujetas al capricho del tiempo", reconoce. El productor relata que lo mejor que hizo fue hacerle caso a los técnicos."Como el déficit hídrico es notorio en la zona debía asegurar el agua. Por eso lo primero que hice fue construir una represa. La ‘cosecha’ del agua, es el mejor camino en zonas como estas, con temperaturas superiores a los 40°C y lluvias escasas", indica."Mientras muchos se quejan, yo cosecho sí o sí, tengo garantizada la producción. Después, recreó su propio sistema de riego para lo cual apeló a un motor de 2 HP que impulsa el agua hacia un caño maestro del que derivan "chicotes" que la dosifican en cada una de las plantas. En un momento duro de sequía intensa, Trejo se da el gusto de lograr rendimientos excelentes, frutas y hortalizas de calidad como la sandía, zapallos y una especie de cebolla de grandes dimensiones. En un gesto que lo enaltece y como gratitud a la naturaleza, los mejores frutos los regala a sus amigos y vecinos, entre quienes difunde su modalidad de trabajo para que los buenos rendimientos se multipliquen en la zona. Además, ya está buscando ayuda financiera para poder expandir el área de cultivo. Revela que los técnicos provinciales le enseñaron que la tecnología del riego permite minimizar el riesgo productivo y estabilizar los rendimientos, disponiendo de la posibilidad de suministrar nutrientes a las plantas en tiempo y forma, haciendo más eficiente el sistema.



Claudio Jurdana, cooperativista eléctrico de Chubut

COMODORO RIVADAVIA - Como administradora del parque eólico "Antonio Morán", uno de los más importantes de Argentina y con una potencia instalada de 17,7 MW que representan la producción de energía "limpia" para 20 mil hogares, la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL) supo aprovechar las nuevas alternativas que el Protocolo de Kyoto instaló en el mercado financiero mundial. El año pasado, la institución recibió 1.174.000 dólares en una transacción realizada con una entidad japonesa por la venta de los denominados "bonos verdes", que representaron una reducción de 104 mil toneladas de CO2 al medio ambiente mediante la producción de energía con la fuerza del viento. Ahora la Cooperativa se alista para dar un nuevo salto: a fines de este año una certificadora internacional validará las mediciones que posibilitarán a la institución cerrar una nueva operatoria por otro bloque de 7 años de producción "no contaminante". Aquí el viento sopla. Y bien fuerte. En 1996 los molinos de Comodoro registraron las tasas de viento más altas del mundo en generación de energía, con un factor de capacidad del 46 por ciento. Actualmente, el porcentaje de generación eólica representa el 10 por ciento en esta ciudad, contra el 90 por ciento de la energía comprada. Pero la visión sobre el potencial eólico dio un vuelco a partir de 1997, cuando el Protocolo de Kyoto cambió las reglas del juego y los países indutrializados acordaron reducir sus emisiones, creando entre otras herramientas los denominados Certificados de Reducción de Emisiones (CERs). "Según quedó establecido en el Protocolo, existen dos caminos para vender los bonos por reducción de emisiones de carbono a través de la producción eòlica. Se pueden establecer períodos de 10 años o bloques de 7 para certificar. Este último fue el camino que nosotros elegimos y por lo que sobre fines de este año tendremos una nueva visita de una certificadora de Naciones Unidas que nos permitirá avanzar sobre una nueva transacción", explicó Claudio Jurdana, integrante del Consejo de Administración de la SCPL.

Tras la firma del Procolo de Kyoto, la SCPL se animó y dio los primeros pasos administrativos como emisora de los denominados "bonos de carbono", por producir energía limpia y renovable. La primera transacción, que se concretó en 2007, se realizó a partir de un acuerdo firmado entre la SCPL y la Fundación Japan Carbon Finance (JCF), con el objetivo de compensar las emisiones de CO2 mediante la generación de energía aprovechando el viento de la Patagonia, en reemplazo de la generación térmica. Un acuerdo que reportó a la SCPL 1.174.000 dólares.

Si bien la Cooperativa administra un parque eólico de 26 molinos, que provee energía a través de un sistema mixto que combina este recurso con la energía convencional, en esta primera operación se incluyó la generación de sólo 16 molinos eólicos, ya que los anteriores fueron instalados antes del año 2000 y, por lo tanto, son anteriores a la firma del Protocolo, origen de la venta de los bonos.

En este marco, la Japan Carbon Finance (JCF), una fundación japonesa firmó el acuerdo de compra con la cooperativa. JCF es una entidad creada en 2004 por 33 entidades públicas y empresas privadas y tiene el objetivo de promover el desarrollo de los proyectos de producción limpia y la adquisición de derechos de emisión. La Cooperativa cerró esta iniciativa a través de lo que el Protocolo de Kyoto establece como Mecanismo de Desarrollo Limpio, que posibilita financiar proyectos de reducción de emisiones en países en desarrollo, en este caso la generación de energía eólica. Este hecho genera un potencial aumento de los ingresos a través de la venta de Certificaciones de Emisión de Reducciones de Carbono (CERs). Según se estima, los 16 molinos de viento instalados en puntos estratégicos de esta ciudad y que forman parte de esta iniciativa promedian actualmente un ahorro de 27.000 toneladas anuales de CO2 en el ambiente.

El proyecto para la emisión de los denominados "bonos verdes" fue sometido a un largo trámite. La fecha de incio o período de acreditación de emisiones fue noviembre de 2001 y la expectativa operacional de la actividad del proyecto alcanza los 30 años. En el camino, el trámite también obtuvo la aprobación de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, que avaló el proyecto incentivado desde Japón, en este caso el país sponsor. Según la Cooperativa, los molinos eólicos de esta ciudad ahorran 5160 toneladas anuales equivalentes de petróleo y 5,9 millones de m3 anuales de gas natural, ambos recursos motores de la economía en esta región.

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