Tierra del Fuego: crece el empleo, pero no la fabricación local

Las empresas ensambladoras reconocen que son importadoras
José Hidalgo Pallares
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7 de agosto de 2013  

RÍO GRANDE.- "El ensamblaje es una manera de producción." La frase de Hugo Bonifacini, gerente de Relaciones Institucionales de Brightstar Fuegina, podría haber sido dicha por los voceros de cualquiera de las empresas de electrónica de Tierra del Fuego. La Asociación de Fábricas Argentinas de Terminales de Electrónica (Afarte), que agrupa a esas empresas, invitó a medios de prensa, entre ellos a LA NACION, a conocer los procesos productivos locales de bienes como celulares, computadoras, televisores y aires acondicionados que, en su mayor parte, se refieren al ensamblaje -con una alta ocupación de mano de obra- de componentes importados, pero que desde el Gobierno insisten en llamar "industria nacional".

Según Alejandro Mayoral, presidente de Afarte, está instalada en Tierra del Fuego una treintena de plantas de electrónica de consumo. Esas unidades, que pertenecen a empresas como Newsan, BGH, Brightstar, Grupo Mirgor o Philips, están exentas del pago de IVA, Ganancias y derechos de importación a los componentes traídos del exterior, gracias al régimen de promoción industrial que se inició en 1972, con la ley 19.640, y que se fortaleció en 2009, con la ley 26.539, cuando se aumentaron el IVA y los aranceles a los bienes importados que les hacen competencia. Los economistas Lucio Castro y Eduardo Levy Yeyati estimaron que en 2012 el costo fiscal del régimen fueguino rondó los 5600 millones de pesos.

Los bienes que se producen en mayor cantidad son los celulares. En 2012, según datos de Afarte, en las plantas de Tierra del Fuego se fabricaron casi 14 millones de aparatos, 2,5 millones más que un año antes. Para gozar de los beneficios fiscales del régimen, esos equipos tienen que cumplir con una serie de pasos de armado, verificación y embalaje. Estas exigencias hacen que el proceso de "fabricación" sea intensivo en mano de obra. En las líneas de montaje de las distintas marcas de celulares que se fabrican en la isla (Samsung, Nokia, Blackberry, Motorola, ente otras) no se ven robots que arman los equipos, sino operarios, principalmente mujeres, a cargo de ensamblar las 60 piezas en las que puede venir desarmado un teléfono. La normativa exige que las cajas, las etiquetas, las bolsas y los manuales de uso de los equipos sean producidos en el país. Por el contrario, según explicó Bonifacini, no hay exigencia de componentes locales para el equipo en sí. En las plantas aseguran que se están tratando de desarrollar proveedores locales, pero los productos nacionales aún no alcanzan la calidad exigida. Mencionaron también que, por cuestiones de escala, muchos componentes se fabrican en pocos lugares.

"El valor agregado local es la mano de obra", dijo Bonifacini. Según Afarte, en 2009 las plantas de Tierra del Fuego daban trabajo a 3513 personas y el año pasado a 10.965. Uno de los argumentos de Mayoral para defender el régimen de promoción industrial es, justamente, que la generación de puestos de trabajo en la isla ayuda a ratificar la soberanía de un territorio que de otro modo permanecería casi desocupado.

Los ejecutivos también destacan la inversión que se requiere para montar una planta. Una línea de ensamblaje de celulares, por ejemplo, cuesta alrededor de 800.000 dólares. Algunas empresas, como BGH, Philips o Mirgor, tienen máquinas para la inserción automática de chips en las placas que se utilizan en los distintos bienes finales. Cada una de esas máquinas cuesta 1,5 millones de dólares. Sin embargo, tanto la máquina como las placas y los chips son importados. Unos pocos procesos incluyen una verdadera transformación de materia prima, como la fabricación en Mirgor de carcasas plásticas para aires acondicionados de autos.

Mayoral reconoció que importar los equipos desarmados no implica un ahorro de divisas para el país. En ese contexto, los empresas asociadas con Afarte formaron un fideicomiso para desarrollar nuevos proyectos de exportación. Parece difícil que lo que se exporte sean bienes electrónicos, ya que los costos logísticos y salariales hacen que los productos locales no puedan competir con los de otros países.

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