Todas las recetas parecen fallar

La crisis argentina ha desbaratado las teorías
Jorge Oviedo
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30 de junio de 2002  

El gran problema de la crisis argentina parece haber sido que nadie supo qué hacer con ella. "Es una recesión y no hay nadie vivo en la Argentina que haya enfrentado la anterior, que ocurrió en la década del 30", dice el profesor Roberto Cortés Conde, de la Universidad de San Andrés.

Para él fue claro que "enfrentar la recesión con una rebaja de los gastos induce más recesión". Pero el dilema principal surgía que, a diferencia de lo hecho en la década del 30, no se podía usar la emisión monetaria para reactivar. "Los que propusieron eso hacían la comparación con las recetas keynesianas, pero no tuvieron en cuenta que entonces funcionaron porque no había habido -como en la Argentina actual- una hiperinflación reciente. Trasladaron las recetas keynesianas sin tener en cuenta el diferente contexto histórico", dice Cortés Conde.

Quienes eso aconsejaron fueron, entre otros, personas de fama internacional, como Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, que no se cansó de recomendar durante años "devaluar y pesificar".

Joseph Stiglitz, de Columbia, también fustigó las recetas que aconsejaban recortar los gastos y prefería las políticas expansivas. ¿Qué dirán hoy de la Argentina? Difícil saberlo. El verborrágico Krugman enmudeció respecto de la Argentina en el preciso momento en que su receta fue aplicada con los resultados a la vista de caída sin precedente del PBI, inflación y aumento de la pobreza y la desocupación. LA NACION quiso saber si Krugman cree que el Gobierno aplicó mal sus recetas o que él mismo se equivocó.

Por ello le envió mensajes de correo electrónico en varias oportunidades con las preguntas correspondientes. Y le dejó mensajes telefónicos y en su oficina en Princeton también. Y le hizo llegar esas mismas preguntas por fax. El doctor Krugman no ha querido aclarar si esto es exactamente el efecto que él esperaba, si ha cometido el error de su vida o si el Gobierno lo interpretó mal.

Stiglitz recibió mensajes similares preguntándole si su idea de que no había qué recortar en medio de una recesión no era una invitación a que en la Anses sigan cobrando los muertos y a que no se recorte el gasto corrupto en medio de una caída de la recaudación. Si la salida heterodoxa que él proponía no es la tabla de salvación para los políticos venales. El último premio Nobel en Economía también se volvió silencioso.

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