Tres especialistas convocados por LA NACION a raíz de la salida de Suez de la Argentina dicen qué hay que hacer cuando las aguas bajan turbias

Qué salió mal en la privatización de Obras Sanitarias y qué debería hacer el Estado con un servicio esencial
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25 de septiembre de 2005  

De la larga renegociación entre Aguas Argentinas y el Gobierno, que terminó con la decisión de los socios de la empresa de retirarse de la concesión, surgen varios interrogantes referidos al futuro del servicio en el corto plazo y, en una perspectiva de planificación, cómo debería ser el modelo de gestión de un servicio público tan sensible como éste. ¿Puede haber problemas con el servicio en el corto plazo? ¿Qué se hizo bien y qué se hizo mal en la privatización de Obras Sanitarias? Todavía quedan, en la zona de la concesión, que abarca Capital Federal y 17 municipios del conurbano, 1,5 millones de casas sin acceso a la red de agua potable y tres millones sin acceso a cloacas. ¿Deberá intervenir el Estado para garantizar la expansión de un servicio que trae aparejadas consecuencias directas sobre la salud de la población, la contaminación y el cuidado del medio ambiente? ¿Cómo impactará la salida de Suez en la búsqueda de un nuevo operador? ¿Cuál es el mejor modelo: una empresa mixta, con participación del Estado, o sólo de capitales privados? LA NACION convocó a dos economistas de reconocida trayectoria en el sector de servicios públicos, Marcelo Celani, de la Universidad Torcuato Di Tella, y Walter Cont, de Fiel, para debatir esta situación. Para sumar el punto de vista de los consumidores, se invitó al defensor del pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, para discutir estos puntos. En líneas generales, los panelistas coincidieron en que el servicio no se verá afectado en el corto plazo, aunque la salida de Suez demorará la puesta en marcha de inversiones fundamentales para la expansión de las redes, lo que indudablemente repercutirá en el futuro del servicio. También se discutió sobre la eficiencia del sector público para hacerse cargo de la concesión; en este punto hubo divergencia de opiniones, aunque se coincidió en que, por la magnitud de las obras que hace falta realizar, el Estado se debería involucrar de alguna manera con el aporte de fondos, aunque se busque que el gerenciamiento quede en manos de privados.

-¿Fue correcto el modelo de privatización de Obras Sanitarias? ¿Qué se hizo bien y qué mal?

Walter Cont (FIEL): -Si uno mira los indicadores de provisión del servicio (calidad del servicio, cortes, aguas perdidas, salud, reclamos, etcétera) hay varios estudios que documentan que en general ha habido un cambio positivo desde la provisión pública en los 80 a la provisión privada en los 90. El gran aspecto negativo de este modelo es que no logró avanzar con la expansión. Si bien hubo un crecimiento en la cobertura de aguas, no fue así en los desagües cloacales, sobre todo en el gran Buenos Aires.

Eduardo Mondino (ombudsman nacional): -Yo creo que el modelo de privatización fue un rotundo fracaso. Porque no cumplió con ninguno de los objetivos planteados. Los que ganaron la licitación ofrecieron no aumentar la tarifa por diez años, y al año ya la estaban renegociando. Además, no se previó un tema central: que a medida que se expandía el servicio de agua se iban a levantar las napas freáticas y eso iba a inundar las casas de la gente. Eso no fue previsto por el Estado, ni por la provincia ni por la ciudad.

–Marcelo Celani (Universidad Torcuato Di Tella): Creo que hay que tener una mirada superadora y ver las enseñanzas que ha dejado este caso.

Lo primero es entender que éste es un sector que tiene particularidades por la naturaleza del servicio: el 80% de la gente no paga por consumo, es decir que la gente está acostumbrado a consumir sin ninguna señal de precio, lo que no pasa en ningún otro sector. Cualquier discusión tarifaria se ve atravesada por esto.

La renegociación permanente es un síntoma de que el contrato arrancó con problemas de definiciones serios. Y cuando se ven estos problemas contractuales, recobra especial importancia el rol de los organismos de control.

Eso no existe en la Argentina; mucho menos, en Aguas. Los entes reguladores tienen serios problemas de largo plazo; no existe esa institucionalidad.

–¿Qué factores habría que haber tenido en cuenta en la renegociación?

–Cont: Varios factores; éste es un sector donde hay un gran capital hundido: por eso, para recomponer la ecuación económica financiera sus requerimientos son proporcionalmente mayores.

También, había que contemplar que esta empresa tiene un alto componente de deuda multilateral. Esto significa que la quita en la reestructuración de la deuda es menor.

Otro punto es que los usuarios de Aguas Argentinas son en su mayoría residenciales. A diferencia de los casos de las redes de gas y de electricidad, que tienen clientes industriales y comerciales y pueden hacer subsidios cruzados para financiar a los sectores de menores recursos. Es decir que todo el aumento tiene que caer en el sector sensible, que es al sector que no se le quiere aumentar el costo.

–Mondino: Esto fue un fracaso de los que tenían que renegociar. Se insistió en reestructurar un contrato lleno de incumplimientos que no tenía en sí mismo posibilidades de recomponerse. Habría que haber planteado alternativas al modelo de concesión y no hubo esa capacidad.

–Celani: Hay otro punto: si hay un organismo del sector público para discutir los contratos, pero no se le da un marco claro para la discusión, no se le delega la potestad, el organismo acuerda algo y después no se cumple.

Y en ese caso, no se le puede pedir a la empresa racionalidad, cuando es el Estado el que no cumple con la delegación clara de facultades. Se han gastado tres años en discusiones. Esto sí yo creo que es grave desde el punto de vista de la reputación del país.

–¿Cuál debería ser el nuevo modelo de concesión: empresa pública, mixta o privada? ¿Quién debería financiar la expansión de la red?

–Cont: Hay que tener en cuenta la búsqueda de la eficiencia. En cuanto a la opción sobre una empresa pública o empresa privada, hay que analizar. ¿La empresa pública puede hacer una selección eficiente de proyectos? ¿Puede remunerar eficientemente el capital? La experiencia internacional dice que no. ¿Puede manejar eficientemente el servicio? Miremos un ejemplo de administración pública: los hospitales. Están de paro todo el tiempo. La administración pública es ineficiente porque no es su objetivo bajar costos.

En cambio, la evidencia mundial indica que la empresa privada se encarga de minimizar costos. Ahora, si desde la regulación no se le garantiza la remuneración al capital hundido, la empresa no va a invertir.

–Mondino: Se debería estudiar una forma de dividir el servicio para que entraran varios operadores. Quizás haya que crear una empresa mixta que se encargue de expandir el servicio.

Hoy las operadoras de agua en el mundo en realidad son plantas químicas que centralizan su trabajo en potabilizar el agua y hacer el tratamiento de aguas servidas.

Y la red está más en manos de las administraciones comunales. La magnitud de las obras que hay que hacer impide pensar en una tarifa razonable que las pague.

–Celani: Insisto en que este servicio es diferente de todos los otros. ¿Es posible que las tarifas financien la expansión de la red?

Entonces, quizás haya que ir a un modelo mixto; una de las enseñanzas que deja esto es que la forma de participación del sector público y privado no tiene que ser necesariamente igual en todos los sectores.

El Estado tiene que tomar una decisión: buscar un operador privado con toda la tecnología y el conocimiento, pero quizá no pueda cargarle las inversiones.

– ¿Qué impacto tendrá la salida de Suez de la Argentina?

–Mondino: En el corto plazo no va a pasar nada. Lo que sí genera es toda una demora para poner en marcha la expansión. Desde el punto de vista operativo, la empresa va a seguir funcionando.

El Estado debe definir qué quiere. ¿Quiere seguir con el operador privado y único? Para mí eso va a fracasar nuevamente. Se debería buscar un nuevo modelo donde el Estado se involucre y busque un mecanismo donde la gestión operativa sea más pequeña.

–Cont: Si la transición es ordenada, no debería haber problemas, porque además hay disponibilidad del recurso. En cuanto al mediano plazo, depende de las señales que se den de parte del Estado para que venga un nuevo operador.

–Celani: En principio, no debería haber problemas de servicio. De lo que no me cabe duda es de que hemos perdido al jugador de mayor prestigio en el mundo en el negocio del agua. Cuando el Estado define que una concesión se tiene que caer, porque está mal hecha, o porque hubo problemas como en el correo, rescindir en esos casos también ayuda a crear reputación.

Pero no definamos que una concesión se tiene que caer porque está en manos de privados y queremos que vuelva al Estado. La próxima vez que llames a una licitación, el que venga va a pedir mucho más que el que se fue, porque los riesgos son muchos.

Y desde el punto de vista del servicio, la pregunta relevante es ésta: ¿cambia algo con el cambio de manos? Miremos la ex Azurix: ¿los bonaerenses tienen más agua porque ahora se las da el Estado?

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