Tres sectores en pugna

Roberto Cachanosky
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13 de diciembre de 2009  

Pasado el momento de la fiesta de despilfarro y agotados los mecanismos de financiamiento de la fiesta, tres sectores entrarán en pugna por obtener una porción del ingreso que se ha reducido notablemente.

Un sector que está desesperado por recursos es el sector público (nacional y provincial). El otro sector que presionará para obtener más ingreso es el de los asalariados que ven cómo la inflación que genera el BCRA les come mensualmente los ingresos reales. Y, finalmente, el sector empresarial que, con un mercado interno y externo que ya no empujan como en la época de la fiesta, tiene márgenes acotados para ceder parte de su ingreso.

En rigor, era de prever que esto tenía que ocurrir. El Gobierno le dio al sector empresarial un dólar caro y mano de obra barata en esa moneda, más energía también barata. Para financiar estos dos insumos, tuvo que aplicar el impuesto inflacionario e incrementar el gasto público mediante subsidios.

Para compensar esta transferencia de ingresos, la política económica se concentró primero en retrasar artificialmente las tarifas de los servicios públicos y luego armó un esquema de controles de precios y prohibiciones de exportación para intentar bajar artificialmente los precios, mientras el BCRA seguía aplicando el impuesto inflacionario.

El incremento del gasto público, por cierto bastante ineficiente, requería más recursos para el Estado. Esos recursos surgieron de aplicar impuestos distorsivos (impuesto al cheque, derechos de exportación), cobrar el impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes (el hecho de que no se ajustara por inflación es un ejemplo) y la aplicación de impuestos como el IVA, montado sobre el impuesto inflacionario. El 21% de IVA fue cobrándose sobre niveles de precios cada vez más altos, fruto de la inflación comentada anteriormente. Impuesto sobre impuesto.

Con un sector público que este año apunta a tener un déficit fiscal, bien medido, no menor a los $ 15.000 millones, con el sector asalariado perdiendo poder adquisitivo por el proceso recesivo con inflación y las empresas sosteniéndose como pueden, es inevitable la pugna entre los tres sectores, porque el modelo lleva naturalmente a ese escenario, dado que no es un modelo basado en el incremento de la oferta de bienes sustentada en mayores inversiones, sino que se limita a quitarles a unos para darles a otros.

Considerando que el Gobierno tiene seriamente comprometidas las cuentas fiscales y la presión impositiva está en niveles récord, el margen de maniobra que tiene el matrimonio Kirchner es muy estrecho. O consigue que alguien le financie el gasto para disimular que la fiesta se acabó o bien recurrirá a algún tipo de confiscación, la cual será disfrazada de algún argumento solidario y patriótico.

En el remoto caso de que obtuviera financiamiento externo, el problema no se acaba porque lo que necesita el Gobierno, además de dólares por los vencimientos de deuda pública, son pesos para pagar sueldos, jubilaciones, subsidios, etc. Esto quiere decir que si recibiera créditos del mercado externo en dólares debería entregárselos al BCRA; éste emitiría pesos, y esos pesos se transformarían en más impuesto inflacionario, dada la economía cerrada que tenemos. El modelo ajustaría diferente en un esquema de economía abierta.

Tarifazos y devaluación

La tercera alternativa que tiene el Gobierno para enfrentar esta crisis, que él mismo generó, pasa por licuar el gasto público con tarifazos (que ya están ocurriendo) y un fuerte ajuste cambiario que licue el gasto público medido en dólares y mejore los ingresos por el lado de los derechos de exportación. Todo parece indicar que el matrimonio tratará de evitar este medida y tratar de dejarle al próximo gobierno todo el campo minado. Más aún, viendo el creciente deterioro de las cuentas fiscales, el Gobierno, en vez de levantar el pie del acelerador del gasto, lo pisa más, lo cual reflejaría impericia en materia económica o bien afianzaría la hipótesis de que el matrimonio estaría optando por dejarle el camino minado lo más posible al Gobierno que le siga.

Lo cierto es que este precario modelo ha entrado en un problema de difícil resolución: el conflicto por la distribución del ingreso, porque no tiene escape por el lado del crecimiento. Cuando digo "escape por el lado del crecimiento", me refiero a un contexto que atraiga inversiones, cree nuevos puestos de trabajo y genere primero baja en la tasa de desocupación y luego, incremento de los ingresos reales. Lo máximo a lo que puede aspirar este modelo es a algún grado de reactivación utilizando el actual stock de capital.

¿Quién prevalecerá en esta pugna por la distribución del ingreso? Teniendo en cuenta el comportamiento de Kirchner, seguramente será el sector público el que intente llevarse la mayor parte de los escasos recursos, sea mediante el impuesto inflacionario, sea confiscando activos. También, teniendo en cuenta el comportamiento del kirchnerismo, es muy difícil imaginar que dé un giro de 180 grados en la política económica. Lo que hay que esperar es más de lo mismo, pero más intenso.

El autor es economista.

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