Un abrazo por conveniencia entre Alberto Fernández y el Fondo

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21 de febrero de 2020  

Fue la voz para dar aviso. Desde la pintoresca Davos -epicentro del mundo financiero-, el premio Nobel de Economía y mentor de Martín Guzmán , Joseph Stiglitz , anticipó el rumbo que tomaría la Argentina. "La realidad es que va a haber quitas significativas", dijo sobre los acreedores privados. Esa mañana de enero, Guzmán presentó su proyecto para la restitución de la restauración de la sustentabilidad de la deuda en el Palacio de Hacienda.

Días después, en el aula principal de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales en el Vaticano, Guzmán, Stiglitz y Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional ( FMI ), escucharon al papa Francisco advertir: "No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables".

Ese relato sirvió para inocular sus necesidades en la posición final del FMI. El comunicado fue tejido con los conceptos de Guzmán, Stiglitz y el papa Francisco. Más aséptico, el Fondo afirmó que la deuda es "insostenible", que los acreedores deberán hacer una "contribución apreciable" y que un ajuste no es "económicamente ni políticamente factible". La necesidad es una obviedad: casi el 50% de la deuda mundial con el organismo pertenece a la Argentina.

El FMI ya había mostrado indicios de su regresión dogmática y del realineamiento que lo orillaba al "albertismo" solo en su primera etapa: la de la estabilización económica. En el Financial Times , Georgieva había escrito que el Fondo reevaluaría sus recomendaciones a los países emergentes en temas como controles de capitales, intervención en el mercado cambiario o emisión monetaria. No mencionó a la Argentina. No fue necesario.

La oficina encargada de la revisión de políticas y estrategias del Fondo trabaja contra reloj. Se pone en duda ahora si la inflación era combatible con una receta monetaria o si un cepo no era una solución factible para mantener la estabilidad financiera. Sobre las políticas recomendadas por el organismo hoy se dice que no hay dogmas, sino solo lecciones aprendidas. Pero ese no es el caso para su monolítica identidad: el FMI es una rule-based institution . Y esas regulaciones no aceptan quitas. ¿Reperfilamientos? Solo en un nuevo programa. Se trata de una condición que Alberto Fernández tendrá que resignificar.

Los cambios de nombres ayudan. Georgieva reemplazó a Christine Lagarde; Roberto Cardarelli, exlíder de la misión argentina, transmutó en el venezolano Luis Cubeddu, y a fin de mes David Lipton (hombre de Barack Obama) le dejaría su puesto a Geoffrey Okamoto, mano derecha de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Donald Trump. Mnuchin se reunirá con Guzmán en Riad en el G-20. Será un encuentro clave.

El alineamiento del Gobierno y el Fondo frente a los bonistas en la etapa primigenia está lleno de señales. La misión destacó haber visto un plan económico, se despojó de sus dogmas públicamente y pidió una quita a los acreedores privados en conjunto con Guzmán. Lo más importante: descartó un ajuste.

Los indicios también llegan desde el Gobierno. Se trabaja en flexibilizar el cepo; en un acuerdo de precios y salarios que prevé eliminar la cláusula gatillo, y se descongelarán las tarifas. Además, la mejora del haber mínimo para los jubilados no se logrará con mayor emisión, sino licuando el ingreso de otros jubilados. El dólar mayorista avanza lentamente.

Pasar de la luna de miel al primer aniversario podría depender de un acuerdo que sirva de carta de negociación frente a los acreedores. Deberá incorporar el mediano plazo, algo que el Gobierno rehúye. No faltarán otra vez el relato y la necesidad.

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