Un año después de su arresto, Madoff lleva una vida tranquila y rutinaria en la prisión

Por Dionne Searcey
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11 de diciembre de 2009  

BUTNER, Carolina del Norte, Estados Unidos.— La vida que Bernard L. Madoff tanto amaba terminó cuando, hace exactamente un año, agentes federales estadounidenses lo arrestaron en su apartamento de un exclusivo edificio de Manhattan. Pero parece que se está adaptando bien a su nueva vida en prisión.

El recluso número 61727-054 comparte una celda sin cerradura en la prisión de seguridad media Complejo Correccional Federal Butner con un hombre más joven. Viste el uniforme de recluso color caqui y se le ha podido ver caminando por la pista de atletismo al aire libre. Juega a las bochas, al ajedrez y a las damas. Friega ollas y sartenes en la cocina de la cárcel.

Madoff, de 71 años, también ha logrado recuperar algo que se esfumó en el mundo exterior en el instante en que se hizo público su fraude: el respeto. "Para todos los estafadores, él es como el Padrino, el Don", afirma un recluso entrevistado esta semana.

Madoff ya ha cumplido unos cinco meses de una sentencia de 150 años por armar la mayor pirámide financiera de la historia. "Considerando todo lo que pasó, está bien", señala Ira Sorkin, el abogado de Madoff. "Aún sufre profundamente por lo que hizo".

La descripción de la vida de Madoff en prisión se ha podido conocer gracias a entrevistas con reclusos actuales y previos en Butner y varios abogados, incluidos algunos que se reunieron con él en la prisión.

Oficialmente, Madoff es sólo un recluso más en una prisión federal en Estados Unidos que alberga a delincuentes condenados por crímenes que incluyen desfalco, robo bancario, espionaje y tráfico de drogas. Nancy Fineman, quien representa a inversionistas en una demanda contra su esposa, Ruth Madoff, lo entrevistó hace unos meses. La abogada dice que Madoff mencionó haber conversado con otros reclusos como el conocido jefe de la familia mafiosa Colombo, Carmine Persico, y Jonathan Pollard, un estadounidense que fue condenado por vender secretos militares a Israel hace más de dos décadas. Otro recluso de alto perfil en Butner es el ex vicepresidente del directorio de la cadena de farmacias Rite Aid Corp., Franklin C. Brown, condenado por irregularidades contables.

La vocera de la prisión, Denise

Simmons, rechazó el pedido de comentarios sobre la vida de Madoff entre rejas y se limitó a decir que todos los reclusos son tratados de forma justa. Varias personas que tienen negocios en Butner frecuentadas por oficiales de la prisión afirman que los guardias fueron informados de que perderían sus empleos si hablan con los medios sobre Madoff. Sorkin rechazó un pedido de entrevistar a Madoff.

El Complejo Correccional Federal Butner cumple varias características estereotípicas de la vida en la prisión en EE.UU, según la Oficina de Prisiones de ese país. Los reclusos se levantan a las 6 de la mañana y se reportan para su trabajo obligatorio a las 7 y media. Les pagan entre 12 centavos de dólar y US$ 1,15 por hora, según el trabajo que realicen, desde mantener el césped, tareas de plomería o trabajar en la cocina. Las luces se apagan a las 11 de la noche. Dentro de la cárcel hay pandillas y un mercado negro en plena actividad para lujos de contrabando, cuenta un recluso, como bebidas alcohólicas, camarones, pollo y cigarrillos, que pueden costar hasta US$ 10 cada uno.

Reclusos como Madoff pueden coser uniformes militares, tomar clases de español y aprender a reparar calefactores y aparatos de aire acondicionado.

El código de conducta informal de los prisioneros es estricto: meterse en sus propios asuntos; no mirar el número de nadie porque podría ser usado para determinar los antecedentes penales de un recluso, que se consideran privados; no entrar a la celda de otro recluso sin haber sido invitado; no despertar a nadie que esté durmiendo; no cambiar el canal de televisión cuando otra persona la está viendo.

Poco después de llegar a Butner en junio, Madoff dormía en la cama de abajo de su celda y hacía ejercicio todas las noches caminando alrededor de la pista. No expresó interés en asistir a servicios religiosos, pero les contó a los dos abogados que le gustaba la comida y la gente que había conocido en prisión.

Algunos de los otros reclusos que comparten la prisión con Madoff sospechan que tiene más dinero escondido en algún lado y por eso intentan acercarse a él con la esperanza de poder averiguar su ubicación. Pero los guardias del correccional siguen de cerca a Madoff y no permiten que se formen grupos de personas alrededor suyo.

"Parece como el resto de nosotros en la cárcel", afirma el recluso, que no quiso ser identificado. "Actúa como un tipo normal".

Funcionarios de la prisión no revelan quién visita a Madoff, aunque un recluso afirma que Ruth hizo el viaje de 800 kilómetros desde Nueva York.

Kenneth Calvin "K.C." White, un ladrón de bancos cuyo último tramo de su sentencia en Butner coincidió con Madoff hace unos meses, afirma que lo conoció en la fila en la que los reclusos esperan sus medicinas.

Según White, Madoff parecía orgulloso, al caminar por la prisión con su cabeza en alto. "Actuaba como si ya hubiera pasado años en prisión", dice.

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