Un imán para fuertes inversiones

Cavallo dice que esta medida puede ser tan importante como la concesión de las ex empresas públicas del sector energético
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29 de octubre de 2000  

Usted habla de cómo llegaron inversiones cuando fue ministro, pero, ¿cómo se puede repetir eso si no quedan empresas para privatizar?

-En cada lugar donde hay un problema, hay una oportunidad para privatizar. Si la solución de ese problema se puede hacer con capitales y gestión privada, se puede crear una empresa y concesionarla.

-¿En qué áreas?

-El Estado puede crear una sociedad anónima y darle la concesión para poner en funcionamiento y operar por 10 o 20 años la cobranza de un sistema impositivo, nuevo, simplificado, racional, no distorsivo, y le asigna a esa empresa como retribución un porcentaje de la recaudación. Luego puede vender las acciones de la empresa entre otras del sector privado que acrediten tener experiencia técnica y económica. La puja en el mercado permitirá obtener el valor presente del negocio. Eso es transformar en valor el problema. Y sería una transformación de fondo, de tanta importancia como la que se hizo del sector eléctrico en la década pasada.

-¿Esa empresa perseguiría evasores?

-No, eso lo haría la AFIP, pero lo haría mejor, porque contaría con las bases de datos modernas y confeccionadas con las tecnologías de punta operadas por el concesionario de la cobranza.

-Parece tener la idea bien desarrollada. ¿Cree que tiene futuro?

-A los incrédulos les sugiero que comparen esto que estoy proponiendo con lo que hicimos con la electricidad. Segba perdía $ 6500 millones por año, la electricidad se distribuía mal, había gran cantidad de cortes, el costo de distribución era muy caro, había un montón de gente que robaba la electricidad. Creamos tres empresas: Edenor, Edesur y Edelap. Les concesionamos el servicio de distribución. Les fijamos un margen por ello, les dimos en comodato todos los activos y tuvieron la oportunidad de seleccionar el personal con el que quisieron quedarse y reformular el convenio colectivo de trabajo. Ese negocio que en manos del Estado era deficitario fue valuado en más de $ 2000 millones por los que compraron las acciones.

-Los incrédulos pueden contestarle con el gigantesco e histórico apagón de Edesur...

-Sí, claro. Fallas existían y existen y el sistema tiene que contemplar los premios y castigos. Las empresas tienen que ser inducidas a hacer más inversiones y ofrecer mejor servicio, de eso no hay ninguna duda.

-Usted propone cambiar el sistema impositivo, además.

-Sí, pero en el caso del sistema impositivo es todo mucho más fácil de lo que fue con el sistema eléctrico. Por las modernas tecnologías de comunicaciones e informática disponibles, y con un sistema impositivo sencillo como el que propongo poner en marcha.

-¿Cómo sería?

-Estaría basado en el impuesto a las ganancias de las personas y las empresas, en uno a las ventas minoristas, como proponen Juan Llach y Lucas Llach, que es una excelente propuesta, y el inmobiliario y los aranceles de importación. Así se puede administrar más fácilmente, se puede facilitar el pago, y como la carga para los que cumplen va a ser menor, la gente estará inducida a cumplir. El organismo tradicional va a tener que concentrar todos sus esfuerzos en perseguir a los evasores y lo va a hacer mejor. La idea de Llach publicada en dos artículos en La Nación es brillante. El impuesto reemplazaría al IVA y no alcanzaría a los bienes intermedios, de capital ni a las exportaciones. Insisto en que no es una idea mía.

-Sería más difícil de controlar que el IVA...

-No, con la nueva tecnología, con el dinero electrónico, los sistemas computarizados de caja muy baratos, hoy por hoy es factible cobrar y controlar bien sin entrar en todo el engorro del IVA. La propuesta de Llach es reproducir el sistema de impuesto indirecto que tienen Estados Unidos y Australia.

-Ud. dijo que a las rebajas impositivas anunciadas por Machinea les falta audacia...

-Dije que van en la dirección correcta y que pueden ser más profundas. Hay que bajar a cero los aranceles de los bienes de capital.

-Habría problemas con Brasil...

-No, porque en el acuerdo de Ouro Preto quedó claro que la Argentina se podía tomar todo el tiempo que quisiera para subir esos aranceles que estaban en cero. Después los subió Roque Fernández, con un criterio puramente fiscalista y fue un error. Tampoco habría problemas con Brasil si, como lo hice como ministro, se devuelven los impuestos internos a la venta local de bienes de capital, a condición de que bajen también los precios. Lo que más le conviene a Brasil es que la Argentina crezca.

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