Un millonario saldría a rescatar la automotriz Rover

El secretario de Industria británico se reunirá hoy con los dirigentes de BMW; los sindicatos esperan detener la venta; sin riesgo para los repuestos.
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23 de marzo de 2000  

OXFORD.- Un millonario inglés apareció ayer, como el Séptimo de Caballería, dispuesto a salir al rescate de la automotriz británica Rover, abandonada la semana última a un destino incierto por sus propietarios alemanes, la BMW. John Hemming, empresario especializado en comercio electrónico -y uno de los que más han sacado provecho de la bonanza financiera en su ramo-, dijo ayer estar "muy interesado" en preparar una oferta alternativa a la presentada por Alchemy Partners, el grupo británico con el que BMW ha venido negociando desde octubre último.

Esta firma asegura querer utilizar las fábricas de Lonbridge y Cowley, en Oxford, para la producción del último modelo de Rover (el aclamado 75) y otras líneas menores (probablemente los 25 y 45) utilizando la marca de otra prestigiosa e igualmente difunta automotriz, la deportiva MG Car Company. Muchos temen, sin embargo, que deje pronto de lado sus promesas para sacar provecho de la venta de los terrenos de las dos plantas aprovechando los altos valores de los bienes inmobiliarios en Gran Bretaña, que se encuentran ahora entre los más altos del mundo.

Hemming, en cambio, parece estar dispuesto a garantizar el futuro de Rover convencido de que sus productos "son excelentes y sólo necesitan ser bien vendidos". Aun así, el millonario del Internet -y consejero vecinal de Birmingham, capital de la región más afectada por la clausura de Rover- reconoce que será difícil convencer a BMW de iniciar una nueva ronda de negociaciones. "No es un problema de dinero, sino de actitud. La BMW dejó 3200 millones de dólares para cubrir todos los gastos de su partida, lo que ayudaría a compensar los 1200 millones perdidos en ventas el año último -señaló-. Me parece que ellos quieren olvidarse del problema lo antes posible y que están bastante confundidos. Por eso no quiero crear demasiada expectativa." La mayoría de los analistas le daba ayer poco crédito. David Legget, de The Economist Intelligent Unit, consideró "altamente improbable" que esté en condiciones de poner sobre la mesa el capital necesario. Pero el gesto de Hemming sirvió para poner de relieve que la última palabra aún no ha sido pronunciada en la historia de la atribulada automotriz.

El secretario de Industria y Comercio, Stephen Byers, viajó anoche a Munich para reunirse hoy con los directivos de la BMW. Su misión, como la de los sindicalistas presentes en la capital de Baviera desde principios de semana, consiste en convencer a los ejecutivos germanos de dar marcha atrás en la sorpresiva venta.

Las posibilidades de éxito son remotas, pero Byers espera poder regresar a Londres con algún tipo de compensación pecuniaria capaz de contrarrestar la sangría de empleos que resultará de su desmembramiento.

"Esta será la peor consecuencia de una eventual desaparición de Rover. Los consumidores no tienen nada que temer de esta crisis -aseguró a La Nación un vocero de la firma, en Cowley-. La mayoría de los repuestos son fabricados por firmas subcontratantes que seguramente continuarán produciéndolos mientras haya demanda. Muchos son, además, de tipo "genérico", lo que significa que pueden ser reemplazados por los de otras marcas."

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