Un paquete que está en la dirección correcta

Por Roberto H. Cachanosky Para La Nación
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24 de octubre de 2000  

Hay dos realidades económicas que tienen vigencia en cualquier país que pretenda crecer. En primer lugar, el crecimiento de la economía, la creación de puestos de trabajo y el aumento de la productividad son consecuencia de la inversión. En segundo lugar, no hay capitalismo sin crédito. Ni aun en los países más desarrollados las empresas se financian totalmente con recursos propios. Las firmas más grandes de Estados Unidos, que hoy cotizan en la Bolsa, alguna vez fueron Pyme y crecieron gracias a la captación de fondos en el mercado de capitales.

Considerando estas dos realidades, las medidas impositivas anunciadas por el ministro de Economía están orientadas en la dirección correcta. En efecto, la reducción en 5 puntos en la alícuota del impuesto a los intereses pagados por las empresas permite reducir uno de los costos de producción. Cabe recordar que dicho impuesto se aplica sobre los intereses que las empresas pagan por préstamos obtenidos en las entidades financieras y en ciertas obligaciones negociables. No menos relevante es el proyecto de modificar la ley de IVA para que las nuevas inversiones puedan deducirlo de otros impuestos. Con un IVA al 21% como el que rige en la economía argentina, en una inversión de $ 100 millones implica pagar $ 21 millones en IVA, que se recuperarán con el tiempo con un costo financiero muy alto para las empresas, especialmente considerando el nivel que tiene la tasa de interés en la economía argentina. Este costo financiero influye sobre el proyecto de inversión reduciendo la rentabilidad de las empresas y, por lo tanto, disminuyendo la tasa de inversión, frenando el crecimiento y la creación de puestos de trabajo.

En otras palabras, para hacer una inversión de US$ 100 millones, la empresa tiene que invertir US$ 121 millones más el costo financiero de los US$ 21 millones que deben adelantar en el IVA. Asimismo, la tendencia a disminuir los impuestos a las importaciones extra-Mercosur incentiva una mejor inversión, dado que a mayor grado de apertura hay más competencia y, por lo tanto, mejor calidad de las inversiones. Este es un punto relevante, dado que una de las condiciones necesarias para crecer pasa por la tasa de inversión, pero también es condición necesaria que esas inversiones sean eficientes, es decir, que surjan de un proceso de competencia por captar el favor de los consumidores y que sean fruto de mercados cautivos que aseguran una renta mayor gracias a la restricción artificial de la oferta.

Los interrogantes que surgen de las medidas anunciadas son, en primer lugar, si modificaciones parciales del sistema tributario son suficientes para revertir la tendencia a la baja que muestra la tasa de inversión. El sistema tributario sigue siendo caótico y queda en evidencia simplemente recordando que, en poco más de tres años, la AFIP ha emitido más de 900 resoluciones, lo que representa más de una resolución por día laboral. Ante semejante inestabilidad en las normas, que indudablemente constituye parte del riesgo argentino, las reformas parciales pueden no tener el efecto deseado sobre la inversión. La inestabilidad en las normas tributarias puede generar más restricciones a la inversión que impuestos altos pero estables. De los dos males, el primero parece ser el peor para captar inversiones.

El otro interrogante tiene que ver con el contexto político y económico. Para poder crecer, la economía requiere de reformas estructurales sumamente profundas (sector público y sistema tributario, por citar dos casos), las que, a su vez, necesitan de un contexto político mucho más consistente que el actual para poder concretarse. La incertidumbre de los inversores también pasa por saber cuál es el rumbo económico que definitivamente tomará el Gobierno.

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