Un sector del calzado reclamó que se frenen las importaciones

Otro grupo se queja de las protecciones
Alejandro Rebossio
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19 de diciembre de 2001  

Desde hace dos meses, cuando lo suspendieron en una pequeña planta de zapatos de La Tablada, Miguel Altamirano, de 40 años, se levanta cada mañana con la misma pregunta: "¿Cómo voy a alimentar a esas dos boquitas?" Desde que dejó de cobrar los 250 pesos de sueldo mantiene a sus dos hijos con el dinero que le prestan los familiares de su mujer.

Altamirano, uno de los 7000 trabajadores y empresarios del calzado que ayer protestaron frente a la Cancillería, reconoció que no sabe si la solución de la crisis sectorial consiste en cerrar la importación de Brasil o devaluar el peso. "Esta marcha no tiene que ver con (Hugo) Moyano ni con nadie. Sin violencia, queremos hacer ruido", agregó.

La crisis de la industria del calzado logró unir a la patronal y los empleados, que llegaron desde el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario en 175 micros, algunos escolares y otros modernos transportes, que se estacionaron a lo largo de las avenidas 9 de Julio y Libertador. Mientras los manifestantes arrojaban zapatos contra la sede de la Cancillería, los titulares de la CGT oficial, Rodolfo Daer; de la Unión Industrial (UIA), José Ignacio de Mendiguren; de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC), Carlos Bueno, y de la Unión Trabajadores del Calzado, Agustín Amicone, entregaron en la entrada un petitorio al ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini.

El documento, al que también adhirieron empresarios y trabajadores del cuero, reclama la suspensión inmediata de las importaciones de productos brasileños y el fomento a las exportaciones del sector.

"La industria está fuertemente castigada por las importaciones de Brasil, que introduce un calzado terminado y componentes, de menor calidad y precio, y que goza de beneficios económicos federales y estaduales para incentivar artificialmente la producción, las inversiones y las exportaciones", dice el petitorio. Los firmantes también se quejan de la devaluación del real. Un informe de la embajada brasileña en Buenos Aires admitió que la única industria argentina afectada por esa depreciación es la del calzado.

Empresarios y sindicatos cargaron contra la Cancillería porque "en las negociaciones internacionales parecería que ha primado el mantenimiento de las relaciones diplomáticas antes que la preservación de la industria argentina y de las fuentes de trabajo". No obstante, aprovecharon para quejarse por la eliminación parcial del plan de competitividad, lo que compete al Ministerio de Economía.

Ni dolarización ni devaluación

Bueno rechazó ante LA NACION la dolarización y advirtió que la devaluación por sí sola tampoco supone una solución. En cuanto a la viabilidad de una suspensión de la importación brasileña, que violaría las reglas de juego del Mercosur, comentó: "Que nos propongan algo mejor".

Una alta fuente de la Cancillería lamentó que la protesta se haya realizado en el lugar equivocado. "Deberían iniciar un proceso antidumping (venta por debajo del costo) en la Comisión de Comercio Exterior y no nos consta que lo hayan iniciado", dijo el funcionario.

En la Cancillería consideran que la propuesta de la CIC es "voluntarista", aunque no sugieren otra alternativa más que esperar la convergencia macroeconómica del Mercosur. Un funcionario y la Cámara de Producción y Comercio Internacional de Calzado y Afines (Capcica), la otra agrupación sectorial, denunciaron que socios de la CIC, a pesar de las protestas, compran el 40% de las importaciones. Un documento de la Capcica aduce que ningún sector recibió desde 1993 tantas medidas de protección como el del calzado. Hoy sólo rigen para productos de fuera del Mercosur.

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