Un Van Gogh en las gateras de los récords

Pinceladas de buen gusto
Alicia de Arteaga
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31 de octubre de 2018  

Vincent van Gogh, el artista que no vendió un cuadro en su vida a pesar de los esfuerzos de su hermano Theo, vuelve a ser noticia. El 11 de noviembre, Christie's Nueva York subastará Rincón del jardín con mariposas, colorida y luminosa pintura considerada la bisagra de los impresionistas al arte contemporáneo; entre la paleta exultante de Los lirios y el drama expresado en la mirada del Retrato de Gachet, récord del holandés.

Van Gogh hizo temblar el mercado a fines del siglo XX con la seguidilla de récords que comenzó con Los girasoles, comprado en 1987 por la aseguradora japonesa Yasuda Company en US$40 millones. Siguió el récord de Los lirios, rematado por US$53 millones, también un 11 de noviembre en Nueva York, y finalmente culminó con el Retrato de Gachet, una versión idéntica a la que está colgada en el Museo d'Orsay, adquirida por Rioei Saito, un papelero japonés.

La pintura que está en las gateras viene de un largo recorrido por museos nipones, donde sigue siendo un atractivo único el japonismo de Van Gogh. ¿Puede saltar la banca? Puede. No hay muchos cuadros calidad museo en danza y los jeques están al acecho. Se dice que fue árabe el comprador del Salvator Mundi, el Leonardo da Vinci rematado por US$450 millones, récord histórico, un año atrás. La realidad indica que hay más museos que cuadros para colgar en sus paredes, lo que ha empinado las cotizaciones en el siglo XXI desde que, en 2004, se remató Muchacho con pipa, un Picasso excepcional del Período Rosa, por US$104 millones.

En el singular ranking de los más caros hay algunas figuritas difíciles, como Los jugadores de cartas, de Cézanne, comprado por la jequesa de Qatar en US$250 millones; el desnudo recostado de Modigliani, pagado US$170 millones por el coleccionista chino que hizo plata manejando un taxi; el Retrato de Adele Bloher, de Gustav Klimt, comprado en US$135 millones por Ronald Lauder, hijo de la emperatriz de la cosmética Esthée Lauder, y la escultura de Giacometti El hombre que marcha. Esa obra formidable dio el gran paso cuando fue adquirida en más de US$100 millones por Lilly Safra, mítica y bella millonaria de origen argentino, heredera del imperio del banquero que murió en un extraño incendio en la Costa Azul.

Además de Picasso y de Van Gogh, lideran los récords del mercado de arte Gauguin, Warhol y De Kooning, elegidos imbatibles de los coleccionistas norteamericanos. Siempre hubo, y hay, coleccionistas en la economía más boyante del planeta, pero hay un chorus line de compradores que marca tendencia para el registro. En los 70 fueron los petrodólares que impulsaron los interiores sensuales de Alma Tadema; en los 80, los japoneses con la fortaleza del yen empinaron la cotización de Van Gogh. Vino después un período dominado por los coleccionistas rusos, con Abramovich a la cabeza de una casta millonaria por las privatizaciones. Siguieron los compradores chinos, enamorados de Modigliani. Pero hoy, la shopping list la tienen emires y jeques. ¿Subirán las ofertas de los jeques por Van Gogh o el holandés volverá al imperio japonés?

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