Macri en el Congreso. Una apuesta a la economía invisible a los grandes datos

Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Francisco Jueguen
(0)
1 de marzo de 2019  • 14:08

La experiencia económica de los últimos meses ya no deja espacio a dudas. Se sienten los problemas en el trabajo y en el bolsillo, y se mantiene aún fresca la sensación de incertidumbre cambiaria. Tales encarnaciones no permitieron al Gobierno dar buenas noticias en la materia, pero además configuran obstáculos para la generación de expectativas positivas para octubre. Por eso, la gran apuesta de Mauricio Macri fue a vender la economía invisible.

El "cambio en serio" es lento porque apunta a reformas estructurales. En ese camino –afirmó en el Congreso– se construyen bases sólidas para obtener resultados en el largo plazo. Son resultados que no se ven, pero que –aseguró el Presidente– ya existen. En ese corto plazo, el esfuerzo de los ciudadanos es un valor de madurez. Macri buscó simplificar esa abstracción en el llano. "Una vecina me llamó y me dijo que no pudo irse de vacaciones, pero que por primera vez le conectaron el agua potable y le pusieron cloacas", ilustró.

"La Argentina está mejor parada que en 2015", razonó. "Hemos salido del pantano en el que estábamos", agregó sobre la herencia. Los datos oficiales todavía no lo avalan. El nivel de la economía está por debajo del que mostraba en 2015, la inflación de 2018 fue la más alta desde 1991 y la pobreza se mantiene en niveles elevados. Sin embargo, de esa economía que está en el background se puede contar, entre varias cosas, que en enero el país tuvo superávit fiscal y comercial. Es una buena noticia pero no revoluciona el bolsillo ni el trabajo. Lo tangible. Lo vivible.

La herencia estuvo presente, pero otra vez olvidó explicarse. El Gobierno impulsa un ajuste fiscal y monetario para equilibrar en déficit gigante provocado por el kirchnerismo, los precios suben impactados en gran parte por la normalización de tarifas congeladas por 12 años y del precio ilusorio que tuvo dólar precepo, y la pobreza –sin cambios en lo estructural– dejó de ser escondida en los datos oficiales.

Los problemas coyunturales fueron reconocidos en una sola medida concreta: un aumento de 46% la Asignación Universal por Hijo desde marzo. No es casual. Podría tener un impacto en los datos de pobreza e indigencia del primer semestre que se informarán el 30 de septiembre, a días de las elecciones. Para muchos, el discurso dejó sabor a poco. Faltaron propuestas que permitieran descifrar el rumbo económico. Una deducción: el escaso margen fiscal del Gobierno avalará pocos anuncios y para octubre todavía falta una eternidad. Se precisará dosificar.

Macri afirmó que se le devolvió al Indec su prestigio. Es cierto, pero aún no es suficiente. El oficialismo demora hace tres años una ley que garantice la independencia del organismo, medida necesaria tras el oscurantismo de Guillermo Moreno.

Macri defendió al gradualismo, método al que muchos criticaron y al que varios asociaron a la crisis de 2018. "La economía hubiese colapsado" con otro proceso, dijo Macri. Ese colapso llegó a través de un ajuste desordenado del mercado y que llevó al país a pedir la asistencia del FMI. El shock, para el Gobierno, tuvo que ver con la salida de los capitales de mercados emergentes, la sequía y el caso de los cuadernos. No reconoció errores, pero se felicitó de salir esa crisis sin cepos ni defaults.

Justificó el ajuste acelerado tras el Stand-By con el Fondo. El equilibrio fiscal –señaló– es "el acto de justicia social más importante en 70 años", porque es es la causa de la inflación y el estancamiento."Pobreza cero es un horizonte", agregó el Presidente, que no pudo escapar a sus promesas. Alguna vez pidió que se evaluara su gestión en base a su objetivo de reducirla. Ese indicador cerrará 2018 casi en los mismos niveles de 2015.

"Esperamos una baja sustancial de la inflación", volvió a aventurar para fines de este año. Antes de la salida del IPC de enero había dicho lo mismo. El dato fue mayor al esperado. En febrero superará las expectativas y por eso el Banco Central anunció una mayor contracción monetaria y un dólar más perezoso.

La economía invisible –la que no se siente en el bolsillo- volvió sobre el final. Se enumeraron obras de infraestructura (puertos, trenes y rutas), "la revolución de los aviones", las exportaciones, la simplificación burocrática en el Estado, y los proyectos de energía en Vaca Muerta.

"Hay bases sólidas. Estamos mejor parados que hace tres años. Es difícil y llevará más tiempo. A no aflojar, a no tirar la toalla", arengó Macri para intentar reconstruir expectativas positivas en un mar de datos negros; para que, pese a la caída del poder adquisitivo o de la suba de la pobreza, buscar convencer otra vez a los argentinos de que mañana será mejor porque la maquinaria de la economía invisible está en marcha.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?