Una marca propia de indumentaria masculina con diseño nacional

Flavio Spina y Eugenia Cruz pusieron en marcha el proyecto, pese a la crisis
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31 de diciembre de 2001  

Los diseñadores Flavio Spina, de 34 años, y Eugenia Cruz, de 32, comenzaron en marzo último a planear su propia marca de indumentaria masculina. Dejando de lado la crisis económica como excusa para no iniciar el proyecto, durante unas vacaciones de los socios nació SpinaCruz.

"Había salido el tema de que en la Argentina siempre hay problemas y que está todo mal, pero si te guiás por eso no hacés nunca nada o te vas del país. "No, hay que empezar", nos dijimos", recordó Spina y agregó: "Nuestra generación está acostumbrada todo el tiempo a decir "no es momento, son tiempos difíciles"".

La inversión inicial para comenzar con la marca propia era un obstáculo, comentó Cruz: "Empezamos a dar vueltas sobre cuánta plata necesitábamos y en cuanto al alcance de nuestro proyecto, porque obviamente el sueño era poner un local con marca propia, pero siempre llegábamos a un número que era bastante grande para nosotros".

Spina agregó: "Para tener nuestro propio local y un poquito de ropa necesitábamos 30.000 pesos".

SpinaCruz fue un hecho tan sólo en octubre gracias a un crédito de $ 6000 otorgado por el Centro de Apoyo a la Microempresa, de la Secretaría de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad, más $ 3000 que aportaron los socios.

Hasta el momento en que cobraron el préstamo tuvieron que trabajar mucho en el diseño y la organización para poner en marcha la empresa.

Las reuniones con la tutora y con la gente de la secretaría que los asesoró en el plan de negocios comenzaron en agosto. "Nos orientaban sobre cómo hacer proyecciones económicas y también de inversión y retorno de dinero, cómo estudiar el nicho de mercado, quiénes eran nuestros competidores y planillas y planillas para llenar que, de alguna manera, nos permitieron concretar un montón de ideas y pensar cómo queríamos funcionar, desde la difusión hasta los clientes potenciales", contó Cruz.

"Teníamos en teoría toda la colección; entonces, cuando ya tuvimos el crédito, no hubo nada más que ponerlo en práctica", agregó el emprendedor. Finalmente, desecharon la idea de instalar un local y optaron por comercializar la marca en Red Plus, un comercio de Palermo Viejo en el que se vende ropa de diseñadores extranjeros de la talla de Dolce & Gabanna y Prada. Allí, es la única indumentaria masculina de diseño y producción nacional. Sus prendas también se están vendiendo en Haus Vintage, en San Isidro, y Glow, en Olivos.

La marca se lanzó oficialmente en noviembre en Puro Diseño, una muestra que se realizó con el auspicio de la Fundación Exportar y el gobierno porteño, que agrupó a jóvenes diseñadores, donde, además de promocionarse, tuvieron la oportunidad de realizar sus primeras ventas.

"Para paladares exigentes"

El slogan de SpinaCruz denomina a su producto "para paladares exigentes", ya que las prendas tienen mucha dedicación desde el proceso de producción, tanto en los detalles como en la terminación.

"A lo que apuntamos es a que sea una propuesta diferente de lo que se ve en un shopping, pero sin descuidar el proceso de producción, o sea, cómo vas a hacer el ojal, con qué hilo, buscando el detalle", sintetizó Cruz.

"Es ropa para la ciudad, hecha con materiales nobles; son todos tejidos naturales", subrayó Spina al definir las características de sus productos.

Los socios, ambos egresados de la Universidad de Buenos Aires, cuentan con una larga experiencia en la industria de indumentaria masculina y ya recibieron propuestas para exportar sus prendas a San Francisco y Londres.

emprendedores@lanacion.com.ar

Con aguja y dedal

Producción: 300 artículos, de los cuales el 85 por ciento son prendas y el 15% accesorios, entre zapatos y cinturones. Es tercerizada, en talleres externos.

Facturación: alrededor de 4500 pesos desde octubre, lo que representa la mitad de la inversión inicial.

Comercialización: las ventas se realizan en tres locales, de los cuales uno está en la Capital Federal y dos en la zona norte del Gran Buenos Aires.

Inversión: la firma se inició con 9000 pesos, de los cuales 6000 pesos fueron con un préstamo y 3000 pesos, propios.

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