Una opción poco usada por las Pyme

Según el Banco Central, los créditos otorgados por ese mecanismo alcanzaron, hasta junio último, los 2851 millones de pesos
Javier Blanco
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23 de octubre de 2000  

Ya se revelaron como una opción de financiamiento muy útil para los bancos, y empiezan a ser valorados como una opción de renta más que interesante entre los inversores. Pero tienen una cuenta pendiente con las pequeñas y medianas empresas (Pyme). Como suele suceder, en tiempos de escasez aflora el ingenio. Al menos de eso pueden dar cuenta los fideicomisos financieros, un instrumento para estructurar alternativas de captación de fondos a menor costo que en el mercado local sólo se comenzó a valorar hace unos años, cuando el mal humor que generó entre los grandes inversores internacionales el default (cesación de pagos) de Rusia restringió la disponibilidad de recursos para los países emergentes.

Fue entonces cuando los bancos y las grandes compañías lo descubrieron como un mecanismo idóneo y eficiente de financiación. Y los créditos obtenidos por esta vía crecieron sin pausa hasta los 2851,6 millones de pesos actuales, según una estimación parcial a junio último del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Pero el instrumento sólo llegó a muy pocas Pyme, que son, precisamente, las más necesitadas de encontrar formas que les permitan bajar su costo de financiamiento, algo que ahora se intenta revisar.

Adoptado en la Argentina en 1995 a partir de la promulgación de la ley de financiamiento de la vivienda y la construcción (24.411), el fideicomiso -o trust , como se lo conoce en Estados Unidos y Gran Bretaña- tomó un fuerte impulso en los últimos tiempos, cuando las compañías "que disponen de cierto tipo de activos cuya capacidad de generar un flujo de caja es percibida por el mercado financiero y de capitales como una importante fuente de fondos para el repago de las obligaciones se dieron cuenta de las bondades que implicaba usar activos ociosos como garantía para conseguir financiamiento", explicó Atilio Serenelli, ejecutivo de Investment Banking del HSBC.

"Entendieron que era un instrumento para obtener capital de trabajo sin endeudamiento, más aún cuando una de las últimas reformas tributarias trajo el gravamen del endeudamiento, del que los fideicomisos financieros quedan exceptuados, porque no se considera un préstamo", dijo Pablo Aimó, director de negocios fiduciarios del ABN Amro Bank.

A partir de entonces, los bancos se lanzaron a securitizar préstamos hipotecarios, prendarios, personales y cupones de tarjetas de crédito armando paquetes de promesas de pago que agruparon por fechas de vencimiento para, luego de haber sido evaluada su calidad por una calificadora independiente, emitir documentos (participaciones) que se venden entre los inversores (a los que se paga un interés más atractivo que el de un bono soberano o plazo fijo) para captar recursos. El ejemplo más reciente lo dio el Banco Galicia, que acaba de colocar un fideicomiso financiero por US$ 500 millones respaldado por préstamos que esa entidad entregó a catorce provincias.

Y muchas empresas productoras y comerciales (la cadena Garbarino usó como activo subyacente préstamos personales originados en su red de venta) hicieron lo propio. "Energéticas (que securitizaron flujos derivados de contratos de provisión), exportadoras que tienen contratos de venta a compañías de renombre internacional a largo plazo y desarrolladores inmobiliarios", detalló Serenelli.

El atractivo de esta alternativa está dado porque con su utilización "se logran costos de fondeo casi imposible de alcanzar bajo otras estructuras más tradicionales, entre otras cosas, por las ventajas impositivas con las que cuenta, como la exención de ganancias", indicó Serenelli.

Aimó, en tanto, agregó que, además, "las empresas se benefician al lograr financiación off balance sheet , reducir sus pasivos y delegar la administración de parte de un recurso o negocio para concentrarse en sus objetivos más básicos". Esa ventaja comparativa es mayor para los inversores extranjeros, "ya que el rendimiento que le da el certificado del fideicomiso que compró está igualado con los dividendos de una acción, que aquí no está alcanzada por ganancias", dijo Julián Martin, socio del departamento de impuestos de la consultora KPMG.

Pero, además, porque al "segregarse los activos financieros existentes que se ceden al fideicomiso, se aísla el instrumento del riesgo que pueda tener la empresa originante considerada como tal, se revela como instrumento sumamente útil para que una compañía con problemas obtenga financiamiento genuino y a menor costo", indicó Serenelli. "En la medida en que una Pyme, por ser proveedora de insumos, posea créditos contra empresas de alta calidad crediticia, puede transferirlos a un fideicomiso y titularizarlos, obteniendo por eso una mejora en su propia calificación y, por lo mismo, un costo de financiamiento muy inferior al que obtendría de otra manera", comentó Ricardo Costianovsky, director de ING Baring.

Seguridad jurídica

La clave pasa por la seguridad jurídica que ofrece el instrumento. Los fideicomisos no se pueden ejecutar judicialmente, excepto por sus propias falencias, por lo que ese dinero es intocable. "El patrimonio destinado al fondo fiduciario es inembargable por deudas del administrador del proyecto o del fiduciante, lo que, por ejemplo, representa una ventaja respecto de la emisión de obligaciones negociables, ya que en ella es el emisor el que asume el riesgo de la empresa emisora", señaló Martin. Dicho de otra forma: con el fideicomiso desaparece el riesgo de quiebra.

Pero el desarrollo de este negocio está íntimamente relacionado con la securitización, un método que permite estandarizar los títulos para luego originar distintos títulos por ser colocados en los mercados. En los Estados Unidos el sistema funciona a la perfección, especialmente en el sector inmobiliario, donde origina el 90% de las ventas a plazos de hasta 30 años con una tasa que rara vez supera el 6% anual. En esos resultados se destaca el papel que juega la Federal Mortgage Corporation (FNMA), una entidad creada en 1938 para sostener el mercado de créditos para la vivienda y que sólo se dedica a comprar esas carteras originadas en bancos o agentes inmobiliarios (constructoras) para estandarizarlos y producir títulos muy valorados en el mercado.

Entre los desafíos pendientes queda el de llegar a las Pyme. El tema es parte central de un seminario organizado por la consultora KPMG y dirigido a ejecutivos de finanzas, abogados y hombres de negocios sobre "Fideicomisos financieros como oportunidad de negocios", que se desarrollará mañana, en el Alvear Palace Hotel y, entre otros, dictarán los especialistas consultados para esta nota.

Los problemas aparecen por el insuficiente aliciente que el marco jurídico vigente tiene para la titularización. "En ciertos casos resulta inevitable enfrentar un engorroso y costoso mecanismo de notificación de la cesión o venta de los créditos, que exige que la transferencia sea oponible a los acreedores de la Pyme originante, que torna directamente inviable la operación, porque obliga a contar con un volumen importante, al que muchas empresas no llegan", advirtió Costianovsky.

Pero además tienen que ver con la calidad de la documentación que respaldan los créditos por cederse "y su ejecutividad" o los plazos "reducidos que comúnmente tienen los créditos de las grandes empresas a sus proveedores, lo que hace difícil la implementación de un fideicomiso", todas cuestiones en las que "deberían trabajar tanto el Gobierno como el BCRA para permitirles creativamente a las Pyme acceder a mejores fuentes de financiamiento", insiste el ejecutivo de ING Baring.

Reactivación

Los especialistas consultados coinciden en adjudicarles a los fideicomisos financieros un papel importante en la reactivación, porque ayuda a los bancos a obtener más liquidez, a las empresas a bajar los costos de financiamiento y a los inversores dispuestos a apostar a lograr rendimientos superiores a los que obtienen mediante instrumentos más tradicionales. Según datos del sector, el 72,5% de los fideicomisos se origina en carteras de crédito de consumo o vivienda; el 22,3%, en carteras comerciales, y el 5,2%, en carteras inferiores a los 200.000 pesos.

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