Una oportunidad irrepetible

Jorge Oviedo
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22 de agosto de 2001  

El paquete de ayuda anunciado ayer parece tener para la Argentina un mensaje doble: es un respaldo probablemente muy efectivo para evitar que la crisis continúe profundizándose hasta niveles intolerables y es también la última oportunidad de cumplir con las promesas de disciplina y austeridad fiscal.

Es verdad que las autoridades nacionales y muchas de las provincias recibieron unas cuentas en estado calamitoso, con el trasfondo de una situación internacional que no ayudaba.

No es menos cierto, también, que no hicieron a tiempo lo necesario para cambiar drásticamente la situación y que deberán hacerlo ahora.

Lo que se ha puesto en juego es mucho: dinero para recomponer las reservas, recursos para hacer una reestructuración de la deuda que probablemente tenga paralelos con el Plan Brady, al crear bonos garantizados, y la intención de ir a un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos y el Mercosur. Todo en un solo día.

La importancia de los anuncios muestra a las claras la profundidad del abismo que se abrirá -esta vez inexorablemente- si, una vez más, no se cumplen los compromisos asumidos.

Seguramente hoy mismo se conocerán detalles de los ajustes que se harán en el PAMI y el nuevo plan para reestructurar la administración pública, que el Gobierno prometía realizar desde su primer día de gestión, cuando el vicepresidente Carlos Alvarez la tenía bajo su responsabilidad.

Desconfianza y garantías

El Gobierno también podrá tratar de silenciar las voces de quienes desde la propia trinchera lo azuzan exigiéndole que reprograme la deuda.

En realidad, el acuerdo incluye fondos para hacer una operación de mercado que cambie algunos de los actuales bonos en los que muchos no confían por otros a plazos mayores y que tengan garantías.

Hay dos títulos argentinos de ese tipo. Son los Par y Discount, surgidos del acuerdo Brady y que tienen como garantía otros bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

En los peores momentos de la crisis, cuando según el indicador de riesgo país de JP Morgan la Argentina era sometida a una tasa de interés superior en 17,5 puntos porcentuales a la que paga Estados Unidos, la sobretasa para los dos bonos con garantías era de apenas cinco puntos porcentuales.

Para decirlo de otro modo, si todos los bonos argentinos tuvieran garantías, el riesgo país no habría pasado en los momentos de mayor desconfianza de los 600 puntos.

Dura lección. Porque las actuales autoridades y las anteriores organizaron operaciones de canje, a las que calificaron de exitosas, en las que ofrecían bonos a plazos más cortos y tasas más altas para rescatar los Par y Discount.

Acto seguido, vendían las garantías recuperadas y se hacían de efectivo para sostener el nivel de gasto.

Ahora hay que recurrir a un préstamo para volver a comprar garantías y volver a pagar un precio al hacer otro canje.

Esta es la clase de errores que no pueden ni deben repetirse.

Por no haber reducido el gasto improductivo, haber permitido que continuaran manejos fiscales poco aconsejables y no haber ajustado el gasto de la política se llegó a la exigencia del déficit cero.

Privilegios

Es impresionante ver qué cantidad de costos es capaz de asumir algún sector de la clase política con tal de no renunciar a sus privilegios.

Sería gravísimo que los niveles en los que hay responsabilidad de administración y decisión creyeran que los anuncios de ayer marcan el final de la tarea, cuando en realidad son ni más ni menos que la última oportunidad para llevarla a cabo.

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