Uruguay confía en un acuerdo por el canje

Dificultades para pagar los bonos viejos
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14 de mayo de 2003  

MONTEVIDEO.- El gobierno uruguayo confía en que la próxima semana recibirá el consentimiento para el canje de deuda de los tenedores de bonos y que eso contribuirá a generar confianza en su sistema financiero. Pero advierte que aquellos que no adhieran a la operación corren el riesgo de no cobrar, según dijo a LA NACION el presidente del Banco Central, Julio De Brun.

El canje se presenta como voluntario y Uruguay sigue cumpliendo con los vencimientos de deuda, pero no tiene reservas para pagar los bonos viejos y no puede usar el dinero que le da el Fondo Monetario Internacional (FMI) para ese fin.

Según De Brun, hay dos escenarios para la economía a partir del canje. Un fracaso significaría la prolongación de la recesión, con la amenaza "de una reverberación de la crisis bancaria de 2002". Pero si sale bien, a su juicio se podrá "consolidar la recuperación económica que se está insinuando, con reactivación del crédito".

-¿Qué respuesta tiene para el canje entre argentinos tenedores de bonos uruguayos?

-Positiva, según los contactos que bancos de plaza y corredores de Bolsa han tenido con sus clientes aquí.

-Los inversores temen que si se suman al canje, haya quienes no lo hagan para beneficiarse de cobrar antes sus bonos viejos...

-En estos esquemas de canje voluntario existe ese temor de cada inversor respecto de los demás. El inversor que participa no quiere "subsidiar" al que no lo hace. Nuestra respuesta es que las metas de reservas acordadas en el programa con el FMI asumen el 100% de participación. Esto implica que los recursos de los organismos internacionales, la disponibilidad por postergación de vencimientos y las fuentes adicionales de financiamiento previstas en el programa para cumplir con esa meta, no pueden utilizarse para pagar la deuda que no participa del canje. Sólo se podrá pagar en fecha la deuda residual si Uruguay obtiene recursos extraordinarios, no previstos ni previsibles, en el contexto restrictivo de ingresos de capital.

-¿Y eso no afectará a los bonos nuevos también?

-La estructura jurídica de la operación le da a Uruguay capacidad de decidir sobre el pago en fecha o no de la deuda residual, sin provocar consecuencias sobre la arquitectura financiera de los nuevos bonos. Estos últimos no tienen default cruzado con los viejos. Las modificaciones en las cláusulas de los títulos viejos que se votan en la salida de éstos ( exit amendments ) hacia los nuevos, ayudan a proteger los pagos de estos últimos de cualquier acción judicial que los tenedores de bonos viejos puedan ejercer sobre esos fondos. Además, la alternativa de no participar en el canje tiene cada vez menos atractivo económico dada la evolución de los precios de los bonos, y entraña enormes riesgos para el inversor.

-Algunos bancos de inversión dicen que el canje no soluciona el problema por sí mismo, ¿qué medidas tomará Uruguay?

-La solvencia de la deuda depende de dos factores. Uno es el aumento del resultado primario del sector público necesario para estabilizar y reducir gradualmente el peso de la deuda. El segundo es la mejora en el ambiente macroeconómico del país, que se traducirá en una cierta reversión de la devaluación en términos reales que sufrió Uruguay en 2002. Esta, al igual que en el caso argentino, elevó sustancialmente el peso de la deuda sobre el producto, al estar en su casi totalidad denominada en dólares. Nuestra estimación es que, dado su nivel de infraestructura, recursos humanos y organización social, Uruguay no es un país de US$ 3000 de ingreso per cápita anual, sino más próximo al entorno de los US$ 5000, sin pretender llegar a los US$ 7000 de antes. Sólo este segundo efecto, que también puede ser aplicable a la Argentina, debería llevar el ratio de deuda/producto del 100 al 75% en los próximos años; el esfuerzo fiscal previsto hará el resto del trabajo para llegar al 50% a fines de esta década. Y el apoyo de los organismos multilaterales permitirá fluidez financiera para pagar la deuda nueva, sin acudir a otras reestructuraciones.

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