Uruguay prepara otro ajuste del gasto

El gobierno también analiza subir las tarifas de los servicios públicos para mejorar la recaudación Como parte de los nuevos recortes, estudia vender los edificios de las embajadas uruguayas en Buenos Aires, México DF y París Baja la inversión en infraestructura
El gobierno también analiza subir las tarifas de los servicios públicos para mejorar la recaudación Como parte de los nuevos recortes, estudia vender los edificios de las embajadas uruguayas en Buenos Aires, México DF y París Baja la inversión en infraestructura
Alejandro Rebossio
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24 de junio de 2002  

MONTEVIDEO.- Los ciudadanos de Uruguay, el país más contagiado por la crisis argentina, recibirán esta semana nuevas malas noticias para su bolsillo. El ministro de Economía, Alberto Bensión, anunciará medidas adicionales de baja del gasto y el nuevo programa de emisión monetaria para controlar la devaluación y la inflación, según fuentes cercanas al funcionario. También se analiza una suba de las tarifas de servicios públicos, lo que mejoraría la recaudación tributaria. El Estado uruguayo posee las empresas Ancap, de combustibles; UTE, de electricidad; Antel, de teléfonos, y OSE, de aguas.

El gobierno de Jorge Batlle ya dispuso dos aumentos impositivos este año y anunció la semana pasada un paquete de recortes del gasto público. El jueves pasado, Bensión dispuso la libre flotación del peso uruguayo, que generó una depreciación del 11% y está comenzando a recalentar los precios. Además, como parte de un ajuste en el servicio exterior, el canciller Didier Opertti declaró a LA NACION que ordenó analizar la venta del edificio de 14 pisos de la embajada de su país en Buenos Aires, en Las Heras y Ayacucho, Barrio Norte, pero no en lo inmediato. Primero se recortarán gastos administrativos y, en el momento adecuado, venderán la sede de Las Heras y comprarán otra más pequeña. También planean desprenderse de los edificios de las embajadas en México y París. De todos modos, las sedes de Buenos Aires y Brasilia seguirán siendo las de mayores dimensiones.

Menos empleados

El gobierno descarta nuevas subas impositivas y optará esta vez por reducir erogaciones en el funcionamiento de la administración pública y disminuir aún más la inversión en obras. También planea reducir la cantidad de empleados públicos: no mediante despidos, sino con retiros voluntarios.

El próximo ajuste busca reducir el déficit público en US$ 250 millones, de modo de recortarlo del 4,5% del producto bruto interno, al 2,5%, tal como Uruguay acordó con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La situación fiscal se agravó por el mayor contagio de las crisis de sus vecinos, la Argentina y Brasil, y la devaluación del peso uruguayo, que ahondará la recesión de cuatro años y disminuirá la recaudación en un principio, según los analistas. A medida que avanza la crisis argentina, Uruguay sufre, aunque en menor escala, y debe reacomodar sus números. En marzo, el gobierno de coalición de colorados y blancos aumentó los tributos a los sueldos más elevados y a las llamadas telefónicas internacionales, entre otras medidas. En mayo, subió los gravámenes a todos los salarios y jubilaciones y encareció los servicios públicos.

Bensión sorprendió el jueves a los uruguayos, incluidos los socios blancos del gobierno, cuando anunció la liberación del peso, que antes estaba limitado por una banda de flotación. La medida venía siendo reclamada por distintos sectores para mejorar la competitividad de los productos uruguayos, frente a la devaluación de Brasil (1999) y la Argentina (2002), en un país de 3,4 millones de habitantes que precisa del turismo y de la exportación. Pero fue tan inesperada que algunos políticos blancos pidieron la renuncia del desgastado ministro. El izquierdista Frente Amplio (en la oposición) discute un pedido de interpelación a Bensión, mientras la central obrera PIT-CNT prepara un mes de protestas.

El dólar interbancario trepó la semana pasada de 17 a 19 pesos uruguayos. Los analistas calculan que puede terminar el año a 25, pero todo depende de la evolución de la crisis en la Argentina y Brasil y del programa monetario. Uruguay devaluó, pero no congeló depósitos ni suspendió los pagos de su deuda, como la Argentina, y sus autoridades procuran evitar estas dos alternativas.

El riesgo país, que mide la confiabilidad de los acreedores en la capacidad de pago, subió este año de 250 puntos básicos -lo que le confería el llamado grado de inversión, que le aseguraba crédito barato en todos los mercados- a 1200 puntos, lo que le cierra el acceso al financiamiento externo. Se fugaron de los bancos US$ 2872 millones, el 19% del total de los depósitos. El acuerdo del FMI con Uruguay, a fines del mes pasado, frenó la salida de ahorros locales y aminoró la de fondos argentinos.

El Fondo, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) planean desembolsar US$ 2700 millones para fortalecer las reservas de Uruguay y crear un fondo de asistencia al sistema financiero.

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