Vino ahumado, una oportunidad que nació de un incendio patagónico

El empresario Bernardo Weinert creó Patagonian Wines, donde produce vinos a pequeña escala; el fuego en la zona saborizó las uvas para crear una variedad novedosa
Soledad Maradona
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29 de junio de 2014  

EL HOYO, Chubut.- Bernardo Weinert tiene un pedazo de paraíso. Desde el enorme ventanal de su casa contempla la montaña, los viñedos, el bosque, la nieve que ya asomó y los tonos amarillos que estallan de los álamos a lo lejos, en el pueblo. En este rincón de la Patagonia, a 130 kilómetros de Bariloche, el empresario brasileño argentino lleva adelante dos de sus pasiones: pesca con mosca y hace vino de calidad.

El hombre de hablar pausado, con un dejo de portugués en el acento, anteojos de marco grueso y sombrero, está por cumplir 82 años y no lo aparenta. Dice que su filosofía es tomar buen vino cuando tiene ganas, y que saber cocinar "da sensación de libertad". Habla de su gusto por manejar, que lo lleva a viajar 1700 kilómetros en camioneta; de su admiración por Zuccardi y de los vinos franceses.

Su visita a la zona es habitual. Cada dos o tres meses se instala unos días para comandar la bodega Patagonian Wines, la hija menor de Weinert, la empresa mendocina que carga con distinciones, trayectoria y reconocimiento mundial. "Acá no soy un engranaje más, soy el eje", asegura en una entrevista con LA NACION el empresario de Ijui, un pequeño pueblo del Estado de Río Grande do Sul formado íntegramente por alemanes.

Allí comenzó la historia de Bernardo, que pasó por el negocio del transporte y desarrolló una exitosa bodega en Mendoza hasta llegar a la Patagonia, con una idea que en un principio parecía descabellada. Pero que resultó.

Patagonian Wines va por otro sendero, a pequeña escala, más artesanal y pasional. Un desafío personal de Weinert que se inició en 1991 con la idea de desarrollar un vino de calidad en una zona donde se reproducen las frutas finas y la artesanía en madera, y en la que jamás se habían visto viñedos. "Pescaba en Cholila y vi que las frutas autóctonas eran iguales a las de Oregon (Estados Unidos), donde hacen muy buenos vinos merlot y pinot noir. Asimilé una cosa con otra, miré un mapa y descubrí que la Borgoña (Francia) también estaba en el Paralelo 42, un paralelo mágico en el mundo para los vinos", contó entusiasmado con el recuerdo.

Weinert viajó un año más tarde con 800 plantines de uvas en una camioneta, las entregó a pobladores de distintos puntos de la zona y durante cuatro años volvió cada año para ver la evolución. El resultado fue excelente sólo en una parcela, hasta que en 1997 decidió comprar tierras. Adquirió 25 hectáreas de monte y rosa mosqueta, en un terreno montañoso con pendiente y una laguna pequeña. En el año 2000 plantó merlot, pinot noir, chardonnay, riesling y otras cepas de ciclo corto. La primera cosecha fue en 2006.

-¿Cómo es la producción de la bodega?

-No ha sido pareja todos los años. La primera cosecha, en 2006, la llevamos a Mendoza y allá envasamos con la etiqueta "Primera cosecha", pero era poco, porque habíamos sufrido un ataque de zorzales que comieron casi toda la uva. En 2009 tuvimos la mejor cosecha, con 40.000 kilos de uva y ya envasamos en origen con una máquina semiautomática con dos etiquetas: "Piedra parada" y "Faldeo del Epuyén", y estamos preparando el lanzamiento del primer champagne de la zona, al que llamamos "Más allá?" Tiene una imagen de un pescador con mosca, porque en la pesca siempre uno quiere llegar más lejos, más allá del fin del mundo [lo dice con picardía, en alusión a su competidor de Neuquén].

-¿Lograron producir vinos de alta calidad como querían?

-En Mendoza hay un grupo de expertos que dieron la más alta calificación a un merlot, con la etiqueta "Piedra Parada". Quedaron desconcertados, no sabían qué vino podría ser y por eso todavía tenemos que hacer la historia del vino aquí para acreditarlo. Tenemos la pauta de que es viable, demoramos 20 años para llegar a esto.

-Ahora trabajan en el proyecto "Cordillera". ¿De qué se trata?

-Estoy muy entusiasmado con eso, ya lo registré porque es algo único. En enero de 2012 hubo un incendio feroz en la región que afectó un tercio de la plantación. En abril cosechamos y la uva tenía sabor a humo por lo que logramos un vino pinot noir y merlot que es ahumado, de color cereza, con más cuerpo. Es mi vino predilecto [dice mientras se sirve una copa de la barrica donde lo almacena]. Lo definiría como un vino típico de zona fría, con una gran expresión aromática y tiene ese sabor ahumado que es un regalo de la naturaleza. Será una edición limitada de 15.000 botellas que lanzaremos este año.

-Usted dijo en una entrevista antes de comenzar este proyecto, que quería hacer de esta zona la California del vino?

-Puede ser que haya hablado de California porque no tenía suficiente conocimiento, pero esto no es California, está más para Oregon, donde hay un merlot estupendo. Estoy confiado con este proyecto.

-¿Cuál es el desafío planteado después de ocho años?

-Pensamos vender este año 50.000 botella, champagne incluido. Es una bodega chica y mi objetivo es que siga siendo chica. Acá es donde yo puedo hacer fluir más mi placer por la producción de vinos; acá no soy un engranaje más como en Mendoza, acá soy el eje.

-¿Está conforme con lo logrado hasta ahora con la bodega?

-Estoy conforme. Por un lado, porque en 20 años tuve mucho placer en trabajar en lo que hoy hago acá y esa es la parte más importante. Estoy seguro de que vamos a tener mucho éxito con estos vinos. Tenemos que divulgarlos, acreditarlos, pero tienen un potencial muy grande. Económicamente no presenta ningún resultado que justifique la inversión, pero no hice este proyecto para ganar plata rápidamente, es un proyecto para tener el gusto disfrutar.

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